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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
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ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

FOTOGRAFÍAS DE OVNIS

SALVADOR FREIXEDO

26/01/2017

Imagen N° 339 del articulo Fotografías de ovnis

CATEGORÍA N° 339
CONOCIMIENTOS Y MISTERIOS

EL FENÓMENO OVNI

¿Qué piensan estos seres de Jesucristo? ¿Tiene algún valor la redención para ellos? ¿Lo reconocerán como Hijo de Dios? ¿Irán estos seres al Cielo o al Infierno? ¿Por qué nuestro dogma no nos habla de la creación de estos seres?

EL fenómeno ovni es como el ave fénix: siempre se está muriendo, pero constantemente está resucitando. Las autoridades y los científicos lo matan con sus declaraciones oficiales de que lo que vieron los testigos era el planeta Venus o simplemente un avión y lo mata la gran prensa con su silencio cómplice. Pero lo hacen resucitar los miles y miles de testigos que constantemente están surgiendo en todos los países y en todas las clases sociales para afirmar que lo que vieron no era de este mundo, porque la tecnología terrestre no da para tanto.

En realidad, hoy día ya las autoridades, si bien no de una manera pública y oficial, admiten, aunque sea a regañadientes, que el fenómeno es real y lo admiten en documentos oficiales de los que tenemos copia. El problema en el fenómeno ovni radica en que son tales su hondura y sus implicaciones que, si se admitiese abiertamente, muchas de las bases ideológicas y hasta científicas de nuestra civilización se tambalearían. Le pasaría a nuestra sociedad lo que me pasó a mí, religioso jesuita en aquella época, cuando caí en la cuenta de que efectivamente estábamos siendo visitados por seres de otros mundos, aunque no supiese exactamente de qué mundos se trataba. Me basta con saber que los tripulantes de los ovnis no habían nacido en este planeta tal como nacemos los demás mortales que componemos la raza humana.

Inmediatamente vinieron a mi mente un sinnúmero de preguntas, que sacudían en sus cimientos mis más profundas creencias de entonces. Creencias que son todavía hoy las de alrededor de mil millones de personas que se declaran cristianas.

He aquí las preguntas que entonces me estremecieron

¿Qué piensan estos seres de Jesucristo? ¿Tiene algún valor la redención para ellos? ¿Lo reconocerán como Hijo de Dios? ¿Irán estos seres al Cielo o al Infierno? ¿Por qué nuestro dogma no nos habla de la creación de estos seres? ¿Por qué la Biblia nos presenta al hombre como la máxima creación de Dios y nos dice que todo el Universo está, en cierta manera, a nuestro servicio?

Estas y muchas otras preguntas me asaltaron en seguida y confieso que sentí como todas mis creencias se tambaleaban bajo mis pies. Si nuestra sociedad admitiese de repente y en bloque la tremenda verdad de la existencia de otros seres no humanos, que con una tecnología mucho más avanzada que la nuestra nos vienen a visitar desde los confines del Universo, es indudable que los cimientos de nuestra civilización se hundirían. Y ésta es una de las razones por las que las grandes autoridades del planeta han hecho todo lo que está en su mano para que semejante verdad no llegase al conocimiento de las masas.

Estas dejarían de creer en sus gobernantes y volcarían inmediatamente su atención —y probablemente su obediencia— hacia los nuevos señores venidos del Cosmos, con una capacidad para arreglar los muchos problemas terráqueos muy superior a la que las autoridades terrestres han mostrado hasta ahora. Aparte de esto, los científicos caerían en la cuenta de que sus técnicas y todos sus inventos son primitivos, si se comparan con lo que demuestran nuestros visitantes espaciales con sus enormes aparatos silenciosos, sin tubos de escape y velocísimos.

Indudablemente la revolución sería enorme, y, de hecho, eso es lo que ha pasado en las mentes de todos aquellos que se han acercado al fenómeno sin prejuicios. La mente se expande; los viejos principios, anteriormente considerados como intocables y sagrados, se derrumban; las autoridades adquieren su verdadero tamaño y uno ve las mentiras y los equilibrios que tienen que hacer para mantenerse en el poder y seguir mal gobernando a sus pueblos; las llamadas “verdades de fe” y las creencias religiosas en general se desmoronan estrepitosamente al confrontarlas con la tremenda realidad que, indudablemente, se presenta ante nuestros ojos y de la que ni los sumos jerarcas ni el fundador de la religión conocían nada.

Como dije, ésta es una de las razones de más peso que los supremos gobernantes del planeta han tenido para acallar por todos los medios esta realidad. Es una de la principales, pero no es la única, como más adelante veremos.

Si en el año 1947 los gobernantes del mundo no sabían nada de la existencia de estos seres extraterrestres o no humanos, en estos 60 años los dirigentes de las grandes naciones han aprendido muchísimo acerca de ellos y, en realidad, saben todo lo que se puede saber, pues no en vano han gastado en ello miles de millones. Aunque, si bien es cierto que saben mucho acerca de todo el fenómeno, todavía es mucho lo que les queda por saber y son muchos los errores que han cometido en el trato con ellos. Y algunos de estos errores son los que también les impiden comunicar al mundo la realidad de la existencia de seres de otros mundos y su presencia entre nosotros.

Pero este encubrimiento empieza a resquebrajarse. Hace unos pocos años la Cámara de Representantes de los Estados Unidos obligó al Gobierno de aquel país, en virtud del “Acta de Libertad de Información” (Freedom of Information Act), a dar a la luz pública todos los documentos secretos que hacían referencia al fenómeno ovni. Pues bien, gracias a esta ley nos hemos enterado de mil cosas que ya sospechábamos, pero de las que ahora tenemos seguridad total, al haberlas leído en los documentos oficiales, a pesar de que éstos llegaron a conocimiento del público vilmente censurados. Y, sobre todo, nos hemos enterado de que las grandes potencias, al igual que los gobiernos de las naciones pequeñas, mienten a sus súbditos de una manera descarada y hacen uso de los fondos públicos “secretos” como les da la gana. Se escudan en la “seguridad nacional” para usar el dinero como les parece aunque luego lo nieguen bajo juramento.

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