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ECONOMÍA MATERIALISTA Y ECONOMÍA ESPIRITUAL

Patrocinio Navarro

9/18/2016

CATEGORIA: Espiritualidad

Por la historia sabemos que los primeros cristianos practicaban la comunidad de bienes, no existían jerarquías, eran pacifistas, no comían carne, rechazaban la esclavitud y la mujer era tan respetada como el hombre. Pero esa sociedad comunista, regida por la economía basada en el espíritu, esa sociedad ideal que hubiera debido ser el modelo a seguir para alcanzar una verdadera civilización, duró poco. Enseguida fueron surgiendo y tomando el poder los que acabarían por imponer a lo largo de siglos la desigualdad, la intolerancia, el desamor, la violencia, la explotación, la superstición, la idolatría y la injusticia que personifican el capitalismo y la Iglesia, dos rostros de la misma moneda satánica.

La economía capitalista, es una economía de callejón sin salida debido a la desmesura de su voracidad y a que la Tierra tiene recursos limitados. Esta economía vampírica y destructiva ha sido denunciada infinitas veces y desde ángulos muy diversos por unos y otros defensores de diversas corrientes ideológicas. Las principales desde el punto de vista político son anarquismo y marxismo, cuya meta ideal es la sociedad comunista en ambos casos, una sociedad de iguales en derechos que recibe de sus miembros según sus posibilidades. Si definimos la palabra utopía como el ideal más alto a conseguir en este mundo, esta es sin duda la más hermosa concebida, porque supone haber alcanzado progresos esenciales en la conciencia colectiva, como la interiorización de la igualdad, la unidad, la libertad, la fraternidad o la justicia, y con ello la paz, en una sociedad avanzada en tan alto grado que hoy no existe en parte alguna. ¿Por qué? Por falta del “material humano” necesario. Sin duda el sistema capitalista y los valores que pone en movimiento, como el individualismo egocéntrico, la competitividad, la ambición, el desear tener y el querer ser reconocidos y admirados, son unos gravísimos obstáculos que no cesan de aumentar toda clase de desgracias y sirven de barreras para detener el progreso de la conciencia que pudiera conducir a la aproximación a la utopía, pero -a la que vez degenera la conciencia social y espiritual- el capitalismo conduce a los pueblos bajo su yugo a la progresiva pobreza y esclavitud y a la falta de libertades y cultura crítica liberadora más elementales a medida que el poder del dinero usurpa el poder de las conciencias.

Es precisamente el atraso secular del amor entre los seres humanos el causante de la debilidad de la conciencia global que ha impedido caminar hacia la utopía de una sociedad de iguales y pacífica. Por eso, al igual que sucede con el capitalismo, las ideologías alternativas parten de algunos errores graves filosóficos y psicológicos que conviene analizar y de los que se suele hablar al criticar al sistema capitalista. El primero de todos los errores con el que la humanidad transige consiste en considerar a este Planeta como una especie de coto en el que ciertos individuos y grupos económicos de élite se imaginan con derecho a poseer el mayor número posible de territorios, recursos, cuotas de poder y todo tipo de placeres y privilegios personales al que aquellos que no están dispuestos a hacer lo que ellos ( la gente normal, la mayoría), tienen poco derecho o no tienen derecho alguno. Como mucho, y siempre en la medida de las egocéntricas necesidades de aquellos, las mayorías tienen derecho a ser sus criados, sus obreros, sus súbditos, sus feligreses, sus soldados, sus payasos, sus voceros, sus imitadores, sus servidores en diversos grados y por diversos medios y (hablando claro): sus proveedores de energía. Proveer de energía a élites intocables a cambio de migajas para subsistir ( y no siempre es posible ni eso) es hoy un fenómeno universal. En esta trampa de ser usados como proveedores de energía – no solo material, sino espiritual en forma de admiración, servilismo o imitación en lo posible- han caído los pueblos, tanto los dominados por el capitalismo como en su momento los sometidos al llamado “socialismo real”.

Cuando hablamos de energía es importante resaltar que no nos referimos exclusivamente al aspecto material evidente de la energía física necesaria de quienes trabajan para satisfacer sus limitadas necesidades y las infinitas necesidades del refinado nivel de vida de los explotadores civiles o religiosos, sino que también- y esto es verdaderamente esencial- a la energía sutil, íntima, psicológica, conseguida por los dominadores por otros medios además de los ya mencionados, como la persuasión, la manipulación o el engaño, entre otros de esa especie.

Dado que el poder de estos verdaderos virus sociales en el Planeta es cada vez más refinado y sofisticado, no sólo ha convencido de ser siervos a los menos inteligentes, que suelen ser sus lacayos más entusiastas, sino a otros más inteligentes que aspiran a sacar provecho de su servilismo y tener más parte del pastel, por lo que se convierten en siervos de mayor rango. Así en todo el mundo, la mayoría llega a ser poco a poco, pero cada vez más deprisa, en imitadora de los usos, costumbres y aspecto de aquellos a los que ha llegado a admirar, cegados por su falso brillo, y a pesar de las calamidades que generan en sus vidas: expolio de sus tierras, inmigración forzosa, guerras preventivas o como se las quiera llamar, etc. Como ellos, la mayoría adora al becerro y quiere sentarse al lado de los triunfadores de este mundo.A cambio obtiene-con suerte- un trabajo con algunas( o todas )de estas características: ruidos, contaminación ambiental, estrés, bajos salarios, inseguridad física laboral, agobiante competencia, poca valoración social, menosprecio de los empresarios, abusos de todo tipo, despido libre, discriminación salarial según el sexo, explotación infantil, desahucios, falta de asistencia social y sanitaria en caso de dependencias graves, etc. Aún así, aún en estas condiciones, muchos desean ser como sus propios patronos y gobernantes. Sin embargo una cosa tienen clara aquellos: nunca les dejarán ser sus herederos ni llegar a ser como ellos. Serán sus criados, sus subordinados, sus consumidores, sus ciudadanos..

A medida que han ido afirmándose en el mundo esas castas de dinero y poder, unidas a los poderes de las castas sacerdotales en todas las épocas para garantizarse súbditos proveedores de energía mientras luchan entre sí por controlar las reglas del juego, se han hecho mayores las riquezas de muchos, pero ahora cada vez se van concentrando en menos manos. A la vez, el desarrollo de las nuevas tecnologías ha permitido a los más privilegiados y faltos de escrúpulos de conciencia de entre ellos, dominar cada vez a más personas y recursos en menos tiempo, con menores inversiones en mano de obra humana, y amparados por un poder militar tan agresivo y sofisticado como nunca hubo en la historia conocida. Para ellos el gran coto llamado Planeta Tierra nunca tiene dueños definitivos. Cada poderoso aspira a tener lo de otro, mientras se erige como defensor de la propiedad privada, y por eso nunca es posible la paz mundial. Así piensan los prohombres de industrias, los políticos y sus hombres de negocios, mientras una enorme caterva de gentes les glorifica, les imita, o simplemente calla contemplando sus desmanes ( que siempre acaban por afectar al menos pensado, viva donde viva). Sin embargo Dios nunca dijo nada parecido a esto: “Domina a tus semejantes”, sino que “Ama a tu prójimo”.

Esto de dominar, atar, separar, ¿no nos suena una vez más a principios satánicos? Tampoco el Señor dijo:”Intenta hacer tus posesiones tan grandes como puedas, y utiliza los medios que desees”, sino “No codicies los bienes ajenos”...”No mientas”, o “”No atesores en la Tierra lo que la polilla y el orín destruyen”. Pero los ricos y poderosos se aplican contra estos principios y a la vez se hacen pasar como piadosos defensores de la religión, la decencia y las buenas costumbres sociales. Así actúa lo demoníaco que dirige el mundo. Pero eso tiene un límite en el tiempo: tanto como el Planeta – que se regenera a mayor velocidad que la conciencia global - lo permita.

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