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DIOS NO JUEGA A LOS DADOS

POR: JBN » GALERIA

DIOS NO JUEGA A LOS DADOS

CATEGORIA: ESPIRITUALIDAD

4/29/2016

La Ciencia de los hombres inspirados y los designios del ser supremo que los filósofos admitieron, más las teorías de los que como Martin Buber pensaron a Dios (panteísmo), refuerzan lo expresado por Albert Einstein en su opinión de que “Dios no juega a los dados” y creyendo que “a todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él, el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una Inteligencia superior infinita.

En Desde cuando Schopenhauer vivía en la Grosse Meissensche Gasse, conoció al filósofo y masón Karl Christian Friedrich Krause (1781-1832), cuyo punto de vista “Panenteísmo” parece que influenció mucho a Schopenhauer.

  • El Panenteísmo o sea : todo-dentro- de -Dios como lo opuesto al panteísmo todo es Dios, de Martin Buber.

  • Agnosticismo no es lo mismo que ateísmo (negación de la existencia de Dios). Su posición es que no se puede saber si existe o no. Por eso rechaza cualquier pronunciamiento a favor o en contra de la existencia de Dios.

  • Si Dios no existe, uno no perderá nada creyendo en el, mientras que si el existe, uno perderá todo no creyendo. Blaise Pascal.

FILOSOFÍA

Dios, un gran problema para los filósofos.
La idea de un Ser que crea y manda sobre lo creado,
forma parte de un mundo espiritual.

  • O se cree, o no se cree o se cree que es imposible creer. Este trabalenguas resume las posturas que los filósofos han adoptado a lo largo de los siglos ante uno de los grandes problemas metafísicos: Dios. Entre los que creen, unos invocan a la fe, otros a la razón y algunos se sirven de razón y fe para demostrar que Dios existe. En el siglo XIX nació el ateísmo como doctrina, a la par que el agnosticismo

  • Sabéis cuáles son los conceptos que más han traído de cabeza a los filósofos de todos los tiempos, que más les han hecho pensar? Son tres: el yo, el mundo y Dios, una tríada muy compleja. Vamos a ver cómo han afrontado estos pensadores el problema de Dios.

  • A grandes rasgos, cualquier persona se enfrenta a la existencia de Dios desde una de estas tres posturas: piensa que existe (teísmo), opina que no existe (ateísmo) o ha llegado a la conclusión de que no se puede conocer (agnosticismo).

  • La idea de un Ser que crea y manda sobre todo lo creado forma parte de un mundo espiritual, situado un peldaño por encima del material.

  • Los teístas, es decir, los que afirman que Dios existe y que puede ser conocido, así lo ven. ¿Y cómo puede conocerse a Dios? Pues de varias maneras: bien a través de la fe (fideísmo), de la razón (teología natural) o de las dos a la vez (teología revelada). El ateísmo, es decir, la negación de la existencia de Dios, sólo está vigente, como doctrina, desde hace dos siglos. Pensad que, durante la Edad Media, el pensamiento ateo no tuvo ninguna posibilidad de triunfar porque la cultura cristiana lo dominaba todo. Nadie, en su sano juicio, podía negar la existencia de Dios.

  • Fue en el siglo XVIII, el de la Ilustración, cuando personajes como Locke y Voltaire comenzaron a defender que Dios había creado el mundo, pero que éste funcionaba según unas leyes físicas, en las que Dios ya no contaba. Esta postura, llamada deísmo, se puso de moda. Por otro lado, el origen del ateísmo está en las ideas que pedían la autonomía de la razón: sólo una razón libre podía permitir el progreso. Filósofos como Comte, Marx y Nietzsche defendieron a ultranza esta posición.

  • En cuanto al término agnosticismo, que significa literalmente “la imposibilidad de llevar a cabo el conocimiento”, fue utilizado por primera vez por T. H. Huxley en 1869. Quería decir que más allá de los conocimientos científicos, no es posible ningún otro. Por tanto, los contenidos de la fe o de Dios, como no pueden demostrarse, no pueden admitirse.

  • El matemático inglés Bertrand Russell es el máximo exponente del agnosticismo. Criticó el cristianismo y su moral porque pensaba que no había contribuido al avance científico ni a una auténtica educación moral.

  • ETIMOLOGÍA. La palabra God (Dios en inglés) puede derivarse de hu, que quiere decir llamar, y remite a ese rasgo de toda experiencia de fe que consiste en buscar el fundamento del Todo, del Misterio.

  • METAFÍSICA. El filósofo Kant, en su libro Crítica de la razón pura, habla de los tres grandes objetos de la Metafísica, que son: el yo, el mundo y Dios, a los que llama ideas de la razón.

  • CIENCIA CONTEMPLATIVA. Para Aristóteles, la Teología es una de las ciencias contemplativas, junto a la Física y las Matemáticas. Lo que estudia es lo que él llama ser inmóvil, que no es otro que Dios.

  • SAN AGUSTÍN. Agustín de Hipona, más conocido como San Agustín, no trató de demostrar la existencia de Dios mediante argumentos racionales. Estaba convencido de que la razón ayuda al hombre a alcanzar la fe, pero es la fe la que ilumina la razón y esclarece los misterios. Decía: “Entiende para creer. Cree para entender. La fe busca, el entendimiento encuentra”.

  • PRECEDENTES. En el siglo XVIII, la ciencia desarrollada por, entre otros, Galileo y Newton, explicaba perfectamente el funcionamiento del universo sin necesidad de acudir a Dios. Se estaba preparando el terreno para el ateísmo del siglo XIX.

  • ANTITEÍSTA. El ateísmo de Nietzsche es más bien un anti teísmo, pues creía que el cristianismo es la negación de los valores vitales. Y él valoraba mucho la vida.

  • Fe y razón para explicar la existencia de un Ser Supremo

  • En la cultura occidental, no abundan los autores que hayan defendido la existencia de Dios sólo con la fe, es decir, no hay muchos fideístas. El más célebre, Tertuliano, vivió en el siglo III y pensaba que la fe era suficiente para el cristiano. Lutero, en el siglo XVI, afirmaba que la única fuente para conocer a Dios es Su Palabra, revelada en las Sagradas Escrituras, a las que había que ser absolutamente fiel.

  • En el lado opuesto están los que piensan que sólo la razón es válida para defender la existencia de Dios, como Aristóteles, quien trató el tema de Dios desde un punto de vista racional. Los creyentes no podían quedarse con explicaciones que se olvidaran de la fe, por eso muchos de ellos, como San Agustín y Santo Tomás, utilizaron tanto la fe como la razón para explicar la existencia de Dios.

  • Santo Tomás de Aquino es célebre porque intentó demostrar que Dios existe mediante cinco argumentos, las cinco vías. Parte de hechos conocidos para concluir que es necesario que haya un primer ser, que se explique desde sí mismo y que pueda demuestre la existencia del hecho en cuestión. ¿Quién es este primer y necesario Ser? Obviamente, Dios.

  • Los ateos, en cambio, se esfuerzan en pensar por qué Dios no existe. Por ejemplo, Augusto Comte, en el siglo XIX, decía que Dios no era sino una invención de la que se servían los hombres para explicar todo lo que no entendían. Las religiones, pensaba, son una etapa superada en la evolución de los hombres. El progreso se había impuesto.

  • El último agnóstico

Uno de los alcaldes más queridos de Madrid, Enrique Tierno Galván, fue un reconocido agnóstico. De hecho, publicó un ensayo titulado ‘¿Qué es ser agnóstico?’, en el que explicaba lo que era: “Vivir perfectamente en la finitud y no echar de menos a Dios”. Tierno creía que en el mundo actual cada día hay más agnósticos, aunque lo que verdaderamente piensa que crece es la indiferencia, el no preguntarse por Dios.

Fr. Nietzsche

Nuestra creencia en la ciencia es religiosa.

En cuanto también nosotros somos aún piadosos. --Dícese con fundada razón que las convicciones no rezan en la ciencia; sólo si se avienen a condescender a la modestia de una hipótesis, de una fórmula heurística (que sirve para descubrir), de una ficción regulativa, cabe darle acceso al reino del conocimiento y hasta reconocerles cierto valor dentro del mismo; claro que colocándolas siempre bajo vigilancia policial, bajo la vigilancia alerta del recelo. Pero ¿no significa esto, en definitiva, que sólo si la convicción deja de ser convicción cabe darle acceso a la ciencia? ¿No comienza la disciplina del espíritu científico por repudiar las convicciones?

Así es, probablemente; sólo que se plantea el interrogante de si para que esta disciplina pueda comenzar no debe existir con anterioridad una convicción, una tan imperiosa e incondicional que se sacrifica a sí misma todas las demás convicciones. Como se ve, también la ciencia descansa en fe; una ciencia "exenta de supuestos" no existe. La pregunta de si es menester la verdad no sólo debe estar contestada afirmativamente, sino contestada así en un grado que exprese el axioma, la creencia, la convicción de que "nada es tan necesario como la verdad y en comparación con ella todo lo demás tiene tan sólo un valor secundario".

Esta voluntad incondicional de verdad, ¿qué es? ¿Es la voluntad de no dejarse engañar? ¿Es la voluntad de no engañar? Pues cabe interpretarla también en este último sentido, siempre que en la generalización; "no quiero engañar" o, se incluya el caso particular "no quiero engañarme a mí mismo". Pero ¿por qué no engañar? ¿Por qué no dejarse engañar? Nótese bien que las razones para no dejarse engañar caen en un dominio muy otro que las razones para no dejarse engañar; no se quiere dejarse engañar suponiendo que esto es perjudicial, peligroso y fatal; en este sentido, la ciencia sería una sostenida cordura, una cautela, una utilidad, a la cual pudiera objetarse, empero; ¿cómo? ¿El no querer dejarse engañar realmente es menos perjudicial, peligroso y fatal que el ser engañado? ¿Qué sabéis a priori del carácter de la existencia como para poder decidir cuál es más ventajosa, si la desconfianza incondicional o la confianza incondicional? Y en el caso de que fueran menester tanto la una como la otra, mucha confianza y mucha desconfianza, ¿de dónde va a derivar la ciencia la creencia absoluta, la convicción, en que descansa, la convicción de que la verdad es más importante que cualquier otra cosa, cualquier otra convicción inclusive? Precisamente esta convicción no puede desarrollarse si la verdad y la no-verdad revelan en todo momento su utilidad, corno ocurre en efecto. De modo que la fe en la ciencia, que es un hecho incontrovertible, no puede reconocer como origen tal cálculo utilitario, sino que debe haberse originado a despecho de serle demostrada constantemente la inutilidad y peligrosidad de la "voluntad de verdad", de la "verdad a toda costa".

¡Oh, qué bien comprendemos esto una vez que hayamos sacrificado fe tras
fe sobre este altar! De modo que la "voluntad de verdad" no significa;
"no quiero ser engañado", sino queda otra alternativa; "no quiero engañar,
ni aun a mí mismo"; y henos aquí en el terreno de la moral.

Ahóndese en la pregunta; "¿por qué no quieres engañar?", sobre todo si parece -¡como parece en efecto!- que la vida tiende a la apariencia, es decir, al error, al engaño, la simulación, la ofuscación, la auto-ofuscación, y cuando la forma grande de la vida siempre se ha manifestado del lado de los más inescrupulosos. Tal propósito es acaso, para decir poco, un quijotismo, una especie de extraño sentimental; mas pudiera ser también algo más grave: un principio antivital, destructor... La "voluntad de verdad" pudiera ser una larvada voluntad de muerte.

De esta suerte, el interrogante: ¿por qué la ciencia?, se resuelve en el problema moral: ¿por qué la moral (principios éticos), ya que la vida, la Naturaleza y la historia son "inmorales"? No cabe duda que el veraz, en este sentido audaz y último, que presupone la fe en la ciencia, afirma un mundo que no es el de la vida, de la Naturaleza y la historia; y en tanto que afirma este "otro mundo", ¿cómo?, ¿no niega por fuerza su antítesis, este mundo, nuestro mundo?...

Nuestra fe en la ciencia descansa, en definitiva, en una fe metafísica; que también los cognoscentes de ahora, los impíos y anti metafísicos, tomamos nuestra llama del fuego que ha encendido una fe milenaria, ese credo cristiano, que fue también el credo de Platón, según el cual Dios es la verdad y la verdad es divina... Pero ¿y si precisamente este credo se desacredita cada vez más; si ya nada resulta divino como no sea el error, la ceguera y la mentira; si Dios mismo se revela nuestra más inveterada mentira?.


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