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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES | DIOS TODO Y ETERNO | AMOR - VERDAD - LIBERTAD - VIDA | 1997 - 2017
LA ILUMINACION ESPIRITUAL
ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

DECRÉPITOS Y DISIDENTES

PATROCINIO NAVARRO

20/06/2017

Grafica 'Decrépitos y disidentes' Categoria 'Conocimientos' Palabra 'Temas'

CATEGORIA N° 2457: CONOCIMIENTOS

Conocimientos y Temas

Si algo es inevitable en nuestras vidas es la etapa de la decrepitud, pienso mientras recuerdo que al fin y al cabo formamos parte del proceso general de la Naturaleza. Pienso en la decrepitud como un color dorado que se consume hasta arrugarse en gris, pero puedo pensarla como una fruta madura que un día termina por caer del árbol al menor empuje. La decrepitud es el paso inevitable desde la madurez hasta el aniquilamiento. En los humanos, puede ser del alma y del cuerpo físico. La del alma se manifiesta cuando uno deja de respetar lo tenido como más sagrado y pretende sustituirlo por lo profano para satisfacer su egocentrismo, deja de pensar con claridad y su mapa mental tiene más lagunas que mares; más desiertos que tierra fértil; más olvidos que recuerdos; más confusión que precisión.

¿Sucederá lo mismo en otros ámbitos del mundo? Si miramos la Historia, vemos cuántos imperios o países antaño prósperos, fecundos, poderosos, se veían hogaño empobrecidos, estancados, débiles o esclavizados por otros que inevitablemente volvieron a repetir el mismo ciclo. Las causas más frecuentes son bien conocidas: profundas desigualdades sociales, corrupción moral de amplias capas de la población, corrupción de los gobernantes y de las instituciones públicas, aventuras militares y crisis económicas resultantes de todo eso y de sistemas de producción basados en la ambición, la amoralidad, la inmoralidad y la esclavitud o semi esclavitud laboral.

Por poco que nos detengamos a pensar en el mundo actual, ahora que tenemos una información más amplia acerca de su estado general, vemos que la historia se repite. Tenemos un poderoso imperio, y girando en torno a él, poderosas naciones en pugna entre sí por poseer más poder en una carrera diabólica por poseer el arma más mortífera, los ciudadanos más sumisos y productivos, y el mayor número de inversores y de ricos. Con ello, crece sin cesar el número de pobres, desahuciados, desempleados, excluidos sociales, enfermos, hambrientos, y muchas otras calamidades. Y esto sucede en medio de una profunda corrupción de las costumbres, de la moral y la ética que alcanza a las más altas esferas de las naciones.

Gobernantes, Iglesias, representantes de grandes corporaciones, instituciones oficiales de alto nivel, jueces y otras instancias oficiales se ven a menudo denunciados por ciudadanos que han sido víctimas de sus engaños, abusos de poder, corruptelas y mala gestión. Y no resulta extraño ver cómo algunos famosos personajes de alto nivel social, económico, religioso o político son encausados por delitos que nunca tienen castigo, y si finalmente lo tienen resulta una burla para quienes han sufrido sus malas artes, tan grande es la desproporción entre el daño causado y la pena judicial. Así que la justicia ha sido suplantada por el derecho, y este actúa sin vacilar desde arriba contra los de abajo, pero no al revés.

Bien sé que estas cosas ni siquiera son nuevas en la organización de la Historia del mundo, pero nos sirven para constatar su decrepitud y su ausencia de porvenir de no dar un vuelco como quien vuelve un guante. Pero no se trata de un vuelco protagonizado por gentes armadas de cañones, sino por gentes armadas de una doble conciencia: social y espiritual. Estas gentes son los disidentes, los que no se conforman con lo que ocurre, los que desean un mundo justo, pacífico y ordenado donde prevalezca la justicia y el respeto a los derechos de todos que hoy se les niega a miles de millones de nuestros semejantes por los ricos y poderosos. Para estos, los disidentes son una pesadilla, mientras se obstinan en conducir al mundo hacia el abismo social, económico y climático.

Todavía no existe entre los disidentes esa doble conciencia capaz de hacer girar el mundo en el sentido de las agujas del reloj, y por tanto no hemos sido capaces aún de eliminar el egocentrismo. Este es el mal de fondo que actúa como un virus mortal entre nosotros desde hace milenios, y provoca tantas calamidades. Por su causa, la Historia se repite una y otra vez. Por ello, superarlo es la gran tarea personal y colectiva pendiente si de verdad queremos el mundo que creemos merecer.



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* MEDELLÍN - COLOMBIA *

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