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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
| ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES | DIOS TODO Y ETERNO | AMOR - VERDAD - LIBERTAD - VIDA | 1997 - 2017 |
LA ILUMINACION ESPIRITUAL
ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

COMPILACIÓN GIBRAN JALIL GIBRAN

KAHLIL GIBRAN

30/06/2017

Grafica 'Compilación Gibran Jalil Gibran' Categoria 'Biografias' Palabra 'Personajes'

CATEGORIA N° 31 BIOGRAFIAS y PERSONAJES

Jalil Gibrán, o Kahlil Gibrán, nació el 6 de enero de 1883 en la localidad de Besharre (Líbano), era hijo de un humilde dependiente de una botica (propiedad de su tío) llamado Khalil y de Kamila Rahme, la hija de un sacerdote maronita que estaba predicando en Brasil. Kamila se casó en el país sudamericano y tuvo a un hijo al que llamó Butros. Lamentablemente, su esposo murió a los pocos años de la boda y Kamila regresó al Líbano, en donde conoció y contrajo matrimonio con el padre de Gibrán, quien se convertiría en su tercer marido.

Como estudiante, Khalil se interesó desde niño por el mundo de las artes, las lenguas y la religión. De naturaleza solitaria, no era raro que se quedase maravillado contemplando las bellezas naturales que le rodeaban. En 1894 la familia Gibrán, menos su padre que había sido detenido por evasión de impuestos, se traslada a Boston (Estados Unidos), en donde comienza a leer ávidamente, siendo influenciado por gente como Friedrich Nietzsche o Walt Whitman.

Conoce también al fotógrafo Fred Holland Day, quien será su mentor en sus actividades artísticas en la ciudad americana. En 1898 retorna a su país natal y se instruye en lengua árabe en la Escuela de la Sabiduría, en donde destaca asimismo por su habilidad en el dibujo. Sus primeros textos los publica en la revista libanesa "Al-Manarah", una publicación fundada por el propio Gibrán, junto a Joseph Hawaiik. Inicia también por esa época una serie de viajes por Europa que enriquecerán su bagaje cultural.

En su regreso a Boston comienza una relación con la poetisa Josephine Peabody, pero finalmente, cuando Khalil le pide en matrimonio, Josephine rechaza la oferta y se casa con otro en 1902. Lamentablemente, la tuberculosis hace mella en su familia y a causa de esta terrible enfermedad fallecen su madre, su hermana Sultana y su hermanastro Butros, quedándose sola en Boston su otra hermana, Mariana.

Khalil marcha hacia los Estados Unidos para hacerle compañía y en 1908 comienza a ser protegido por Mary Haskell, con la que también mantiene encuentros amorosos. Más tarde conocerá a la escritora libaneso May Ziadhe, que se convertirá en su amor platónico, ya que su relación sólo se mantuvo a través de cartas. En 1917 fija su residencia en Nueva York, ciudad en la que fallecerá a la edad de 48 años el 10 de abril de 1931. La literatura de Khalil Gibran se define por su búsqueda mística de las materias más clásicas del comportamiento y sentir existencial, desde un sentimiento pleno de bonhomía y conexión natural.

Su obra maestra es "El profeta" (1923), aunque también destacan "Espíritus rebeldes" (1903), una obra censurada en su país por revolucionaria y perniciosa, "Alas rotas" (1912), un libro de tintes autobiográficos, "El loco" (1918), obra altamente influenciada por Nietzsche o "Jesús el hijo del hombre" (1928), título en el cual setenta y siete personajes dan su opinión sobre Jesucristo, incluido el propio Gibran.

Transliteración del nombre

La ortografía de su nombre más conocida procede de la transcripción inglesa del original árabe. La transliteración correcta en español más utilizada en publicaciones especializadas, es Yibrán Jalil Yibrán o Yubrán Jalil Yubrán.

Biografía

El segundo de cuatro hermanos, vivió con ellos hasta los 11 años, cuando gran parte de su familia emigra a Estados Unidos en busca de nuevas oportunidades para trabajar y vivir. Antes de ese viaje, aprende de otras personas, entre ellas su abuelo materno, del conocimiento del arte y del saber universal, que fueron base para la literatura y la pintura. Ya con el tiempo aprendió y cultivó con devoción el inglés, lengua que haría famosas sus novelas, aunque no olvidó el árabe, que perfeccionó tras su regreso a Líbano en 1898. Durante esa estancia en su país natal, destaca por su habilidad en el dibujo y nace en él la idea de escribir un libro, El Profeta, que con el tiempo sería su obra cumbre.

En 1902, Gibrán regresó a Boston y sin dejar de escribir, inicia su vocación por la pintura, que le llevaría a ser famoso por doquier; y es en París donde hace exponer sus obras y gana el elogio de la crítica. Luego, en la capital francesa, saca su mejor provecho cultural. En 1912 es publicado el libro Las Alas Rotas que había comenzado en 1906. Sus primeros textos los publica en la revista libanesa "Al-Manarah", una publicación fundada por el propio Gibrán, junto a Youssef Howayek. Inicia también en esa época una serie de viajes por Europa que enriquecerán su bagaje cultural.

Gibrán trabaja en la confección de El Profeta, que finalmente logra publicarse en 1923, con éxito total e imágenes de su propia autoría. Antes había publicado El Loco y posteriormente El Precursor. En esa época, malos presentimientos le invaden el alma y desea retornar a su patria, pero su salud decae constantemente hasta el final de su vida.

En 1917 fija su residencia en Nueva York
(ciudad en la que falleció en 1931, a los 48 años)

FRASES

  • Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.

  • En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente.

  • Los hombres que no perdonan a las mujeres sus pequeños defectos jamás disfrutarán de sus grandes virtudes.

  • No busques al amigo para matar las horas, sino búscale con horas para vivir.

  • Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ha hecho no te fijes en lo que ha logrado sino en lo que aspira a hacer.

  • Del hablador he aprendido a callar; del intolerante, a ser indulgente, y del malévolo a tratar a los demás con amabilidad. Y por curioso que parezca, no siento ninguna gratitud hacia esos maestros.

  • La más bella palabra en labios de un hombre es la palabra madre, y la llamada más dulce: madre mía.

  • El silencio del envidioso está lleno de ruidos.

  • Si no puedes trabajar con amor sino sólo con desgana, mejor será que abandones el trabajo y te sientes a la puerta del templo a recibir limosna de los que trabajan con alegría.

  • Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio.

  • Amar a la vida desde el trabajo es intimar con el más recóndito secreto de la vida.

  • Si revelas tus secretos al viento no le eches la culpa al viento por revelárselo a los árboles.

  • La tristeza es un muro entre dos jardines.

  • La luz de las estrellas que se han extinguido hace años todavía nos alcanza. Igual que los hombres ilustres que han muerto hace siglos, que nos alcanzan con las radiaciones de su personalidad.

  • Para entender el corazón y la mente de una persona, no te fijes en lo que ha hecho, no te fijes en que ha logrado, sino en lo que aspira a hacer.

  • ¿Dónde puedo encontrar un hombre gobernado por la razón y no por los hábitos y los deseos?.

  • Vuestra alegría es vuestra tristeza sin máscara.

  • Aléjame de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños.

  • El ojo del ser humano es como un microscopio que le hace ver el mundo más grande de lo que realmente es.

  • La fe es un oasis en el corazón, que nunca será alcanzado por la caravana del pensamiento.

  • Si tu corazón es un volcán, ¿cómo pretendes que broten las flores?.

  • Nuestras palabras no son más que migas que caen del banquete de la mente.

CUENTOS

Amor y odio

  • Una mujer dijo a un hombre:

  • Te amo.

  • Y el hombre respondió:

  • Mi corazón se cree merecedor de tu amor.

  • Y la mujer habló:

  • ¿No me amas?

  • Y el hombre sólo elevó sus ojos hacia ella y calló.

  • Entonces la mujer gritó:

  • Te odio.

  • Y el hombre dijo:

  • Pues, entonces, mi corazón también es merecedor de tu odio.

Las leyes

  • Años atrás existía un poderoso rey muy sabio que deseaba redactar un conjunto de leyes para sus súbditos. Convocó a mil sabios pertenecientes a mil tribus diferentes y los hizo venir a su castillo para redactar las leyes. Y ellos cumplieron con su trabajo.

  • Pero cuando las mil leyes escritas sobre pergamino fueron entregadas al rey, y luego de éste haberlas leído, su alma lloró amargamente, pues ignoraba que hubiera mil formas de crimen en su reino.

  • Entonces llamó al escriba, y con una sonrisa en los labios, él mismo dictó sus leyes. Y éstas no fueron más que siete.

  • Y los mil hombres sabios se retiraron enojados y regresaron a sus tribus con las leyes -que habían redactado. Y cada tribu obedeció las leyes de sus hombres sabios.

  • Por ello es que poseen mil leyes aún en nuestros días. Es un gran país, pero tiene mil cárceles y las prisiones están llenas de mujeres y hombres, infractores de mil leyes. Es realmente un gran país, pero ese pueblo desciende de mil legisladores y de un solo rey sabio.

El rey sabio

  • Había una vez, en la lejana ciudad de Wirani, un rey que gobernaba a sus súbditos con tanto poder como sabiduría. Y le temían por su poder, y lo amaban por su sabiduría.

  • Había también en el corazón de esa ciudad un pozo de agua fresca y cristalina, del que bebían todos los habitantes; incluso el rey y sus cortesanos, pues era el único pozo de la ciudad.

  • Una noche, cuando todo estaba en calma, una bruja entró en la ciudad y vertió siete gotas de un misterioso líquido en el pozo, al tiempo que decía:

  • Desde este momento, quien beba de esta agua se volverá loco.

  • A la mañana siguiente, todos los habitantes del reino, excepto el rey y su gran chambelán, bebieron del pozo y enloquecieron, tal como había predicho la bruja.

  • Y aquel día, en las callejuelas y en el mercado, la gente no hacía sino cuchichear:

  • El rey está loco. Nuestro rey y su gran chambelán perdieron la razón. No podemos permitir que nos gobierne un rey loco; debemos destronarlo.

  • Aquella noche, el rey ordenó que llenaran con agua del pozo una gran copa de oro. Y cuando se la llevaron, el soberano ávidamente bebió y pasó la copa a su gran chambelán, para que también bebiera.

  • Y hubo un gran regocijo en la lejana ciudad de Wirani, porque el rey y el gran chambelán habían recobrado la razón.

Con Dios

  • Dos hombres paseaban por el valle y uno, señalando hacia la montaña, dijo:

  • ¿Ves esa ermita? Allí vive un hombre que hace ya mucho tiempo se divorció del mundo. Busca a Dios y a nada más sobre la tierra.

  • No encontrará a Dios -dijo el otro hombre- hasta que no abandone su ermita y la soledad que lo envuelve, y regrese a nuestro mundo a compartir nuestra alegría y dolor, a bailar con nuestras bailarinas en las fiestas de esponsales, y a llorar junto a aquellos que lloran alrededor del ataúd de nuestros muertos.

  • Y el otro hombre se convenció en su corazón, mas, pese a ello, respondió:

  • Concuerdo con lo que dices, mas creo que el ermitaño es un buen hombre. Y ¿no podría ser que un solo buen hombre con su ausencia obrara mayores bienes que la aparente bondad de tantos hombres?

La que era sorda

  • Había una vez un hombre rico desposado con una joven sorda por completo.

  • Una mañana, mientras desayunaban, ella le dijo:

  • Ayer visité el mercado y exhibían vestidos de seda de Damasco, velos de la India, collares de Persia y brazaletes de Yemén. Parece que las caravanas acaban de traer todo eso a nuestra ciudad. Y ahora mírame, yo en harapos, siendo la esposa de un hombre rico. Debo comprar alguno de esos hermosos objetos.

  • Querida -contestó el esposo, aún ocupado con su café matinal- no existe razón alguna por la cual tú no vayas al mercado y compres todo lo que tu corazón desee.

  • ¡No! -protestó la esposa sorda-. Siempre dices no, no. ¿Es necesario que aparezca en harapos ante nuestros amigos, avergonzando así a tu fama y a mi gente?

  • No he dicho que no -dijo el esposo-; puedes ir libremente a la plaza del mercado y comprar la vestimenta más hermosa y las joyas que hayan llegado a nuestra ciudad.

  • Pero otra vez la esposa equivocó la lectura de sus palabras y replicó:

  • De todos los hombres ricos tú eres el más miserable. Me niegas toda belleza y hermosura mientras las otras mujeres de mi edad caminan por los jardines de la ciudad ataviadas con ricos vestidos. -Y comenzó a llorar. Y mientras sus lágrimas caían sobre su pecho gritó otra vez: -Tú siempre me dices no, no, cuando deseo un vestido o una joya.

  • Entonces el esposo, conmovido, se levantó, y sacando de su bolsa un puñado de oro, se lo entregó y con dulzura le dijo:

  • Ve al mercado, querida mía, y compra todo lo que desees.

  • Desde ese día la joven y sorda esposa cada vez que deseaba algo aparecía ante su esposo con una perlada lágrima en los ojos, y él en silencio tomaba un puñado de oro y lo ponía sobre sus faldas.

  • Pero ocurrió que la joven se enamoró de un joven cuyo hábito era realizar largos viajes. Y cuando él partía ella se sentaba a llorar.

  • Cuando el esposo la hallaba llorando decía en su corazón: "Debe haber llegado una nueva caravana con prendas de seda y joyas raras".

  • Y sacaba otro puñado de oro y se lo entregaba.

LIBROS

EL LOCO (1918)

Me preguntáis como me volví loco. Así sucedió: Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -si; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando: ¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!

Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, varias personas, llenas de espanto, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó: Miren! ¡Es un loco! Alcé la cabeza para ver quién gritaba, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité:

¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras! Así fue que me convertí en un loco. Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser. Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón.

EL PROFETA (1923)

Ocho años antes de su muerte un profeta abandona el pueblo donde ha vivido y antes de irse la gente le pide que hable de ciertos temas, cada uno de los cuales forma un capítulo del libro. Estos temas son: el amor, el matrimonio, los hijos, el dar, el comer y el beber, el trabajo, la alegría y el dolor, las casas, el vestir, el comprar y el vender, el crimen y el castigo, las leyes, la libertad, la razón y la pasión, el dolor, el conocimiento, el enseñar, la amistad, el hablar, el tiempo, lo bueno y lo malo, la oración el placer, la belleza, la religión, y la muerte.

Por ejemplo, respecto a la alegría y el dolor dice: "Cuando estéis tristes, (...) veréis que estáis llorando, en verdad, por lo que fue vuestro deleite". A pesar de que la obra está escrita a modo de diálogo simple entre el profeta y la gente del pueblo, las directivas que Gibrán pone en su boca invitan a reconsiderar los valores, conceptos, hábitos y costumbres de la sociedad, llevando al lector hacia una idea menos individualista y con un gran sentido de empatía con los seres vivientes, así como la mayor relevancia de un estrato espiritual subyacente a todas las acciones humanas.

Su inspiración es, probablemente, la sabiduría de grandes maestros (como Jesús o Buda), las religiones orientales y corrientes de espiritualidad marcadas por un gran sentido de lo místico, como el sufismo, sin perder semejanza a su vez con las creencias animistas de muchas sociedades tribales cercanas a la naturaleza.

Espíritus rebeldes (1903)

Aquella noche, un joven intentaba caminar bajo los cielos enfurecidos del sinuoso sendero que se extendía entre las aldeas de Deir Kizhaya y Sheik Abbas. Sus miembros estaban entumecidos de frío, mientras el dolor y el hambre lo habían despojado de su fuerza. Su oscura vestimenta estaba blanqueada por la nieve que caía, y parecía amortajado aún antes de la hora de su muerte. Luchaba contra el viento. Le resultaba difícil avanzar, pues con cada esfuerzo sólo lograba adelantar unos pocos pasos. Gritó pidiendo socorro y luego permaneció en silencio, aterido por el frío de la noche. Casi sin esperanza, el joven consumía sus fuerzas bajo el peso del desaliento y la fatiga. Era como un pájaro de alas rotas, presa de los remolinos de una corriente de agua que lo arrastraba hacia lo profundo. El joven continuó, caminando y cayéndose hasta que su sangre dejó de circular, y finalmente desfalleció. Lanzó un grito de horror... la voz de un alma que enfrenta el rostro hueco de la Muerte... la voz de la juventud agonizante, debilitada por el hambre y atrapada por la naturaleza..: la voz del amor a la vida en el abismo de la nada.

ALAS ROTAS (1912)

En Alas rotas, Kahlil Gibran descubre la gloria y el dolor del amor joven. Esta historia levemente autobiográfica sigue la tradición de Romeo y Julieta, pero con los ajustes orientales y las imágenes exuberantes característicos de Gibran. Un joven Kahlil se presenta a Farris Efendi Karamy, comerciante rico y de buen corazón de Beirut, y su hija, Salma. Kahlil y Salma se atraen profundamente y continúan encontrándose regularmente, con las bendiciones de Farris Karamy.

Pero un sacerdote de gran influencia, Bulos Galib, para acceder a la fortuna de Karamy, exige que se permita a su sobrino casarse con Salma. Kahlil y Salma encuentran la manera de continuar viéndose en secreto, pero su amor está condenado, y Gibran expone la hipocresía social que prohíbe que el amor verdadero pueda florecer.

Alas rotas es una historia profunda de los cambios del amor, que explora el tema espiritual del significado de la existencia humana en un mundo que contiene belleza y amor profundos, en medio de las manchas de la avaricia y los dolores del sufrimiento. Gibran elocuentemente habla de las formas en que el corazón puede ser negado, pero solamente con resultados trágicos. Alas rotas es de especial interés dentro del mercado de la ficción espiritual como historia que se ocupa maravillosamente de mezclar los ideales románticos y espirituales del amor.

JESÚS EL HIJO DEL HOMBRE (1928)

Alguna vez leí palabras de un objetivista argentino que me quedaron marcadas a fuego: "Dios y la libertad son la misma cosa". Para más de alguno puede parecer extraño que un defensor del liberalismo y capitalismo sin freno, e intérprete además de la filosofía de Ayn Rand, sea también creyente, más a mi no me parece extraño y lo relaciono con lo siguiente:

A la figura de Dios, todopoderoso y omnipotente durante la historia entera de la humanidad se le ha atribuido una imagen humana y sin ir más lejos, la peor imagen del ser humano: paternalista, impositivo, dictador, cruel, castigador, el verdugo del hombre. A Dios se lo ha hecho el fundador del Estado, la legitimidad del rey y hasta del tirano se basó en esa legitimidad. Mata el hombre en nombre de Dios y del Estado... pero ese Dios es sólo la imagen amplificada del hombre, del hombre masa, del patriota enfermo, del hambriento de poder, del emperador, etcétera.

Lamentablemente la mayor parte de los libros sagrados (Corán, Biblia, Torá, etcétera) son sólo una vaga interpretación de Dios, la interpretación del ser humano gobernado por la ley de los hombres más que por la de la leyes de la naturaleza y mucho menos la de Dios, ese ser místico, motor del universo y "espíritu del todo" según el anarquista Max Stirner. En este sentido el ser humano que siempre ha dado una apariencia humana a Dios, concibe también en el todos los vicios de su especie, más si Dios lo creó todo y gobierna sobre todo lo creado, sobre la luz y la oscuridad, no me cuadra la visión sesgada de Dios en muchas de las escrituras y más me cuadra en cambio la dualidad del todo mencionada por Herman Hesse en Demian, quien encarna al Dios único en Abraxas.

Hoy sin embargo creo que Dios, el todo, es la esencia misma de la libertad y probablemente esté volviendo a reencarnarme en mis cánones cristianos en la figura de Jesucristo, más no el Cristo del Estado, representado en cosas tan triviales y limitadas como el patriota que muere por su pueblo y mata en cambio a otros seres humanos en pos de los ideales de su nación o aquel Cristo que es corazón de una Iglesia que condena a diestra y siniestra la "inmoralidad", concepto que bajo su lupa del siglo XIV vaya que es amplia. Más bien hablo de ese Cristo cuyo mensaje es una invitación y comienza con algo tan simple como: "deja todo, ven y sígueme" y que buscó verdades espirituales en soledad, sin pretender imponer nada a nadie.

Ese mismo Jesús marcó un abismo de diferencia entre lo que era el antiguo testamento con la figura de Dios-Estado y lo que sería el nuevo testamento con una nueva concepción de Dios, la que hace Jesús, la de la libertad. No tardaría el hombre y la Iglesia (institución destinada a gobernar la conciencia de los hombres) en vestir a Jesús de esa misma imagen del Dios-Estado, que el mismo Cristo había roto, para convertir el cristianismo en una religión tan impositiva y al alero del Estado como todas las demás.

Khalil Gibrán recuperó la buena imagen, la del antiguo Cristo, el Cristo que describieron los apóstoles, un libre orador que pretendió mostrar a todos los seres humanos el camino de la libertad, pero sin que transgrediera o privar a nadie de la misma, como hicieron cientos y miles de seres humanos que pretendieron llevar a cabo dicha empresa. No en vano define Gibrán a Jesús como "Príncipe de los poetas", aquel del cual el mundo escuchó su voz en tranquilidad.

Y el trazo que hace Gibrán de Cristo es de lo más inteligente. Fiel al contexto histórico y quitándole la naturaleza divina, en Jesús, el hijo del hombre, Gibrán imagina personajes bíblicos e históricos que pudieron haber existido en el siglo I en la realidad de Medio Oriente y en particular de las tierras de Judea. Gibrán imagina y da testimonios de una visión de Cristo en los ojos de María Magdalena, un boticario griego, detractores y apóstoles, un filósofo persa, un pastor y un mercader del Líbano (patria de Gibran), Juan Bautista, José de Arimatea, Caifás, Poncio Pilatos, etcétera.

Es el Jesús de Gibrán, un canto a la libertad y Gibrán mismo uno de los escritores más liberales (no en sentido pragmático) de principios del siglo pasado. Imprescindible este libro para quien valore la figura de Cristo, no en términos estrictamente religiosos, sino como un mensaje de dignificación de lo humano, en especial ahora que se acerca la Navidad..

ESPIRITUALIDAD

Y dije: ¡Qué extraña mujer! Y él dijo: Cuando lo conocí era un joven perdido en los caminos de la vida, estimulado por un impulso salvaje y fiel a la muerte en la obtención de sus deseos. Cuando lo conocí era una delicada flor que los vientos de la imprudencia conducían al mar de la lujuria. Cuando lo encontré en esa aldea era un niño desnaturalizado que, con manos crueles, desgarraba los nidos de los pájaros y mataba los pichones mientras pisoteaba las hermosas coronas de dulces flores. Cuando lo encontré en la escuela era un adolescente alejado del estudio, arrogante y enemigo de la paz. Cuando lo encontré en la ciudad era un joven que traficaba con el honor paterno en mercados siniestros, gastaba el dinero del padre en casas de mala fama y rendía su mente al fruto del vino.

Sin embargo lo amaba. Y mi amor por él era una mezcla de pena y simpatía. Lo amaba porque sus pecados no nacían de un espíritu pequeño: eran más bien las acciones de un alma perdida y desesperada. El espíritu, queridos hermanos, se desvía del sendero de la sabiduría sin quererlo, pero vuelve a él voluntariamente. Cuando los torbellinos de la juventud soplan polvo y arena, los ojos quedan enceguecidos por un tiempo. Amé esa juventud porque vi la paloma de su conciencia luchando contra el halcón de sus maldades. Y vi que la paloma resultaba dominada no por cobardía sino por la fuerza de su enemigo.

La conciencia es un juez justo pero; débil.
La debilidad lo hace impotente para cumplir su juicio.

Dije que lo amaba. Y el amor adopta diversas figuras. A veces la de la sabiduría, otras la de la justicia, frecuentemente la de la esperanza. Mi amor por él mantenía mi esperanza de ver que la luz triunfara en él sobre la oscuridad. Pero no sabía dónde ni cuándo su vicio se transformaría en pureza, su brutalidad en mansedumbre, su imprudencia en sabiduría. El hombre no sabe cómo hace el alma para liberarse de la esclavitud de la materia hasta después de encontrarse libre. Tampoco sabe cómo sonríen las flores hasta que llega la mañana.

Pasaron los días, que seguían a las noches, y seguía acordándome dolorosamente del joven; repetía su nombre con tanto afecto que mi corazón sangraba. Entonces, ayer, llegó una carta de él que decía: "Ven a verme, amigo, pues quiero que conozcas a un joven. Tu corazón se sentirá contento de encontrarlo y tu alma renovada al verlo." Dije: "Pobre de mí. ¿Acaso trata de mezclar su triste amistad con otra similar? ¿El solo no es suficiente ejemplo de error y pecado para el mundo? ¿Ahora querrá reforzar sus errores con los de su compañero para que pueda verlos en una oscuridad doble?"

Pero luego reflexioné: "Debo ir; quizás el alma, que es sabia, coseche peras del olmo, y el alma amante haga luz de las tinieblas.".

Cuando llegó la noche lo encontré solo en su habitación, leyendo un libro de versos.

¿Dónde está el nuevo amigo? -le pregunté.

Soy yo, amigo -contestó-. Y mostró una calma que nunca antes había visto en él. En sus ojos ahora podía ver una extraña luz que penetraba el corazón. Esos ojos en los que antes había visto crueldad, estaban radiantes con la luz de la bondad. Entonces, con una voz que parecía provenir de otra persona, dijo-:El joven que conociste en la niñez y con el que fuiste a la escuela está muerto. Con su muerte nací yo. Soy tu nuevo amigo: toma mi mano.

Cuando estreché su mano percibí la existencia de un espíritu benigno que circulaba en su sangre. Su mano de hierro se había vuelto blanda y bondadosa. Sus dedos que ayer mismo eran como garras de tigre, hoy acariciaban el corazón. Entonces hablé otra vez:

¿Quién eres y qué ha sucedido? ¿Cómo has llegado a ser así? ¿Acaso el Espíritu Santo penetró en tu corazón y santificó tu alma? ¿O estás representando un papel, creación de un poeta?

Ay, amigo -respondió, el espíritu descendió sobre mí y me bendijo. Un gran amor transformó mi corazón en un altar sagrado. Es una mujer, amigo mío, una mujer que hasta ayer yo juzgaba un juguete en las manos del hombre, la que me sacó de la oscuridad del infierno y la que abrió para mí las puertas del Paraíso, al que entré. Una verdadera mujer que me condujo al río Jordán de su amor y me bautizó. La mujer a cuya hermana yo, en mi ignorancia, había tratado irreverentemente, me ha exaltado a Tu trono de gloria. La mujer a cuyo compañero yo había desafiado con mi maldad purificó mi corazón con su afecto. La mujer cuya suerte yo había esclavizado con el dinero de mi padre me ha liberado con su belleza. La mujer que alejó a Adán del Paraíso con la fuerza de su voluntad me reintegró a mí al Paraíso con su ternura y mi obediencia.

El Sermón de la Montaña
Gibran Khalil Gibran (1883-1931)

En un día de siega nos llamó Jesús, con otro núcleo más de amigos suyos, a subir a las colinas. La Tierra exhalaba sus aromas y estaba ataviada con su mejor manto, cual hija de un omnipotente rey en el día de su boda. El Cielo era el novio de la Tierra. Y cuando hubo llegado al lugar más elevado se detuvo en medio de un bosque de laureles. En su hermoso rostro había serenidad y paz. Y dijo:

Descansad aquí y abrid las ventanas de vuestra mente; templad las cuerdas de vuestros corazones, porque tengo mucho que deciros. Nos recostamos sobre la grama, rodeados por las rocas del estío. En medio de nosotros se sentó Jesús; abrió su boca y derramó su voz por aquellas sierras, y Habló así:

  • Bienaventurados los buenos de Espíritu.

  • Bienaventurados los que no encadenan sus tesoros, porque ellos serán los verdaderamente libres.

  • Bienaventurados los que no recuerdan sus dolores, porque en sus dolores guardan su felicidad.

  • Bienaventurados los que tienen hambre de Verdad y de Belleza, porque su hambre los llevará hacia el pan y su sed hacia el manantial.

  • Bienaventurados los clementes y los piadosos, porque encontrarán consuelo en su clemencia, en su dulzura y piedad.

  • Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos serán uno solo con Dios.

  • Bienaventurados los pacificadores, porque sus espíritus habitarán flotando sobre los campos de batalla, y transformarán el campo del alfarero en un jardín encantador.

  • Bienaventurados los perseguidos, porque sus pies serán alados y veloces.

"Alegraos y regocijaos, porque habéis encontrado el Reino de los Cielos en las profundidades de vuestros espíritus. Los antiguos cantores fueron perseguidos cuando modularon las canciones de aquel Reino; así seréis perseguidos vosotros, y en ello está vuestro honor y galardón".

"Vosotros sois la sal de la Tierra, mas si la sal se viciara ¿con qué será salado el alimento del corazón del hombre?

"Vosotros sois la luz del mundo, mas -no coloquéis esta luminosidad debajo de un celemín, sino que ella alumbre desde la altura delante de todos los que buscan la ciudad de Dios".

"No penséis que he venido a destruir la ley de los escribas y los fariseos, pues mis días entre vosotros están contados, y mis palabras serán breves, y no tengo más que algunas horas, en cuyo espacio terminaré de daros una segunda ley y un Nuevo Testamento".

"Habéis oído que os fue dicho: 'no matarás', pero yo os. digo: no os enfadéis sin razón. Los antiguos os han prescripto conducir al templo vuestros becerros, vuestros corderos y palomas, y que los sacrifiquéis en el altar, para que Jehová aspire el aroma de vuestros presentes, y así perdonaros vuestros pecados y faltas".

"Mas yo os digo: ¿podréis dar a Jehová lo que desde el principio era su patrimonio?; ¿podréis calmar su cólera si su trono se eleva por encima de las silenciosas y pacíficas profundidades, y cuyos brazos abarcan y envuelven el espacio? Buscad más bien a vuestro hermano y haced la paz con él antes de venir al Templo, y dad con amor a vuestro vecino de todo cuanto tengáis, porque en el corazón de éstos Dios ha construido un Templo que jamás se destruirá, y en cuya alma ha erigido un altar eterno".

"Oísteis que os fue dicho: 'ojo por ojo y diente por diente', empero yo os digo: no os resistáis al mal, porque la oposición lo alimenta y lo fortifica, y sólo el débil se venga".

Los fuertes en el Espíritu perdonan, y el damnificado se siente honrado y glorificado al perdonar las ofensas de los demás. Tan solo el árbol cargado de frutos es sacudido por la multitud y apedreado por los transeúntes.

"No os preocupéis por el mañana, más bien pensad y meditad sobre vuestro hoy, porque al día de hoy le basta su milagro".

"No os vanagloriéis cuando dais de lo que es vuestro, más bien mirad la necesidad de aquel a quien dais, pues todo aquel que diere a un necesitado, el Padre mismo le dará con mayor abundancia. Dad a cada uno según su necesidad, porque el Padre no da sal a los sedientos, ni vacas al hambriento, ni leche al niño destetado. No deis lo santo a los perros, ni echéis perlas a los cerdos, porque con tales presentes os burláis de ellos, tanto como los perros y los puercos se burlarán de vosotros, y tal vez su odio hacia vosotros los induzca a poner en peligro vuestra vida".

"No guardéis tesoros que se pudran o que los ladrones puedan apoderarse. Haceos tesoros que no se corrompan ni sean robados, sino más bien que aumenten en esplendor y hermosura a medida que los ojos los contemplen, porque allí donde estuviere tu tesoro allí estará tu corazón".

"Os dijeron que el homicida debe pasarse por el filo de la espada, y que al ladrón se le debe crucificar, y lapidar a la mujer adúltera; pero yo os digo que no sois inocentes del crimen del asesino, ni de la culpa del ladrón, ni del adulterio de la pecadora; y cuando sus cuerpos son castigados, vuestros espíritus se oscurecen en lo más profundo de vosotros. La verdad es que ningún hombre ni mujer alguna cometerían un crimen solos. Todos los delitos y los crímenes son cometidos por todos los hombres juntos; mas aquel que paga la pena sólo quiebra un eslabón de la cadena que sujeta vuestros pies; tal vez paga con su aflicción el precio de vuestra alegría pasajera y efímera".

De esa manera habló Jesús.

Dominado por el respeto y la veneración quise arrodillarme ante Él, pero mi vergüenza de ser pequeño y miserable me paralizaba, me impedía moverme de mi lugar y proferir una palabra; pero cobré ánimo y le dije: Señor, quiero rezar en este momento, pero mi lengua está pesada. Enséñame cómo debo orar.

Y me contestó: Cuando reces, que tus ansias sean las que canten las palabras de la oración. En lo más profundo de mí mismo hay un ansia escondida que, en este mismo instante, quiere orar así:

Padre nuestro que estás en la Tierra y en los Cielos:
santificado sea tu nombre;
acompáñanos con tu voluntad, tal como está en el Cosmos.
Danos de tu pan lo suficiente como para nuestros días.
Perdónanos con tu bondad y clemencia
aumenta nuestra comprensión para perdonarnos unos a otros.
Condúcenos hacia Ti y extiéndenos tu mano en nuestra oscuridad;
porque tuyo es el Reino y por Ti es nuestra fuerza y nuestra perfección.

Y era el atardecer. Jesús descendió de las colinas seguido de todos nosotros; en tanto yo repetía detrás de Él su oración, recordando todas sus palabras, porque comprendí que las palabras que surgieron aquel día de sus labios debieran subsistir y eternizarse; y las alas que se cernían sobre nuestras cabezas en ese momento, debieron golpear la tierra como cascos de acero.



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