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LA ILUMINACION ESPIRITUAL - ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES - DIOS TODO Y ETERNO - AMOR - VERDAD - LIBERTAD - VIDA

CÓMO MEDIRSE CON EL DRAGÓN

Omraam Mikhael Aivanhov

5/29/2017

CATEGORIA: Espiritualidad

Quizá os extrañe lo que os digo sobre la vanidad, pero es la verdad. Si tomáis la decisión de movilizar la vanidad para servir a una idea, se convertirá en una fuerza formidable que os estimulará, que os proyectará hacia el Cielo y, un día, ya no será vanidad, sino gloria divina. El orgullo, la ira, la fuerza sexual, son también fuerzas que podemos utilizar para el bien o para el mal, es decir, para una idea divina o para nuestro placer y nuestro propio interés. Ya, en el pasado, cuando os decía que podemos utilizar los defectos y los vicios, muchos se extrañaban porque creían que, al contrario, había que desembarazarse de ellos. Pero, en el futuro, los humanos serán tan inteligentes que, en vez de luchar contra estas fuerzas (sin que, por otra parte, lleguen a aniquilarlas) se servirán de ellas para llegar a ser más poderosos y más ricos en todos los dominios.

Hasta ahora la religión ha hablado siempre de arrancar el mal, de desenraizarlo, de extirparlo, sin saber que contiene unos poderes formidables. Tomad el ejemplo de algunos místicos, de algunos religiosos que habían decidido no volver a mirar un rostro de mujer, porque las mujeres eran una tentación, ¿comprendéis?; el Infierno, el Diablo, las había creado, y había que huir de ellas para evitar caer en sus trampas… Así que no salían, o se refugiaban en las grutas y los conventos. ¿Y qué lograban? Ya no había vida en ellos, las fuentes se secaban, su cara se arrugaba y eran desgraciados. Ya no sentían ningún impulso, ningún gozo, y pensaban que de esta manera se habían convertido en santos. ¡Pero la santidad no es eso! En el pasado generaciones enteras siguieron este camino, pero ¿cuál fue el resultado?… Evidentemente, algunos de estos miles de místicos tenían verdaderamente dones, una inteligencia y una voluntad extraordinarias que les permitió superar esta falta de vida, pero, de todas formas, ellos tampoco se desarrollaban. ¿Por qué? Porque no sabían que la fuerza sexual es una fuerza primordial que Dios ha dado para el bien de la humanidad.

En el futuro habrá una nueva filosofía que enseñará a los hombres y a las mujeres cómo utilizar todos estos impulsos que se dan mutuamente, la maravilla y felicidad de contemplarse para estar siempre inspirados, para llegar a convertirse en genios, en divinidades. Gracias al amor, que vendrá a sostenerles y a ayudarles, a propulsarles, en vez de secarse estarán vivos, serán bellos y expresivos. Mientras que, en el pasado, los que no conocían esta filosofía se volvían apagados, amargados, eran desgraciados, porque, aún tratándose de la misma fuerza, en vez de ayudarles les destruía completamente. Sí, la misma fuerza. No os aconsejo, pues, que adoptéis las concepciones erróneas del pasado, porque dan muy malos resultados. Ni siquiera los psicoanalistas consiguen salvar a esta gente; nadie puede ayudarles, salvo una enseñanza iniciática que enseña al hombre cómo servirse de sus fuerzas instintivas para evolucionar.

Y para la vanidad la solución es exactamente la misma que para la fuerza sexual. Mientras la vanidad no ha sido puesta a trabajar, no ha sido movilizada, orientada, debilita el hombre: éste quiere mostrar ante los demás lo rico, lo suntuoso, lo glorioso que es, y todo su dinero se va, su vanidad le arruina. Y hasta todas sus otras energías, las energías intelectuales y morales, son desviadas, absorbidas y utilizadas por la vanidad. La vanidad, pues, puede empobreceros completamente, material y psíquicamente. Pero si la utilizáis para recibir un impulso, para propulsaros, como se utilizan los carburantes, la gasolina o el carbón, por ejemplo, podéis hacer muchas cosas. Siempre se quiere suprimir lo negativo, arrancarlo, matarlo, exterminarlo, desenraizarlo, y quedarse sólo con lo positivo. Pero, si trabajáis solamente con lo positivo, os faltará siempre un elemento, porque, si existe lo negativo, es porque ha sido puesto ahí por la Inteligencia cósmica para servir para algo.

Ahí tenéis unas nociones completamente nuevas que se alejan de lo que se enseña en la moral y en la religión. Es un poco pronto para haceros estas revelaciones, pero os digo que, en el futuro, estudiarán esta cuestión y se darán cuenta de que podemos servirnos de las potencias del Infierno; sólo que debemos aprender a hacerlo.

Lo primero que debemos saber es que el mal sólo puede ser benéfico en dosis homeopáticas. Todos aquéllos que no lo saben son víctimas de él, porque, en dosis alopáticas, el mal es un poder terrible que lo destruye y saquea todo. Por eso la religión siempre ha prescrito huir de él, o combatirlo, y trabajar solamente con el bien. Quizá ella tampoco sabía que el mal puede ser utilizado. Pero, si Dios le ha dado al mal, como al bien, la posibilidad de manifestarse, es porque hay una razón para ello. Evidentemente, mientras los humanos sean débiles, es muy arriesgado revelarles la utilidad del mal; se necesitan hombres muy fuertes, muy inteligentes, para soportar estas revelaciones. Pero, más tarde, cuando la Ciencia iniciática esté propagada, poco a poco iluminará estas profundidades desconocidas que se llaman mal, Infierno, tinieblas, abismos.

Hasta ahora sólo os he revelado un aspecto de las cosas, el aspecto positivo, espiritual, celeste. Pero, para ser perfectos, para llegar al último grado de la Iniciación, el discípulo no debe descuidar nada y ocuparse también del otro lado. Hermes Trismegisto decía: «Abajo es como arriba, y arriba es como abajo.» Sólo que, como no explicó en la Tabla de Esmeralda lo que entendía con estas palabras, «abajo» y «arriba», los ocultistas han creído que quería decir que los hombres, los animales, los árboles, todo lo que hay abajo, en la Tierra, es como lo que hay arriba, en el Cielo. Esto es lo que han comprendido, porque, en realidad, no han penetrado en el pensamiento íntimo de Hermes Trismegisto. Sin embargo, si fue llamado Trismegisto, es, justamente, porque poseía la ciencia de los tres mundos: el mundo de arriba, el mundo intermedio y el mundo de abajo.

Pero para explorar el mundo de abajo hay que ser luminoso, fuerte, y estar bien protegido, mientras que, actualmente, se lanzan a descubrir el subconsciente sin gran luz y sin gran sabiduría. Sin embargo, incluso torpemente practicado, el psicoanálisis es un signo de que ha llegado el tiempo para el hombre de explorar las regiones oscuras y desconocidas de su ser. De momento no hace sino empezar, se aventura, tanteando, sin saber bien cuál es la organización y la estructura de estas regiones, ni cómo se agrupan los materiales y los elementos de las que están formadas, ni cuáles son los poderes y las entidades que trabajan en ellas. Los humanos se han lanzado al dominio del subconsciente sin estos conocimientos previos, porque son audaces, pero también porque son impulsados en esta dirección por unas fuerzas determinadas: las fuerzas de Acuario. Los que han empezado son médicos o universitarios que no están suficientemente preparados, porque solamente los Iniciados poseen estos conocimientos. Pero, aún con los medios limitados de los que disponen, encuentran fragmentos de verdades, y ello es una prueba de que llega el momento de descender para penetrar y explorar este otro lado de la creación.

Hasta ahora sólo os he hablado de la supraconsciencia, de la conciencia de sí y de la consciencia, es decir, de todo aquello que es llamado «arriba» según la Tabla de Esmeralda, porque todavía no estabais preparados para afrontar los poderes del subconsciente. El subconsciente está formado por numerosas capas, y lo que los psicoanalistas estudian no es, a menudo, más que la superficie. En las capas más profundas se encuentra el Infierno, porque el Infierno es eso, el otro polo, y aquéllos que se aventuran en él sin estar preparados, son comidos, exactamente como si descendiesen a una región en donde se hubiesen dejado a las fieras en libertad. Sí, es muy peligroso, es muy arriesgado descender a las profundidades de la naturaleza humana sin estar bien instruidos y bien protegidos con armas de todas clases, porque, cuando despertamos las fuerzas hostiles y nauseabundas, somos atacados.

Y ahora vamos a ver que «abajo» no es exactamente este lugar asqueroso y vergonzoso que los religiosos han presentado. Porque abajo, justamente ahí, es donde se realiza la creación de donde los niños nacen; es de ahí de donde proviene la vida. Abajo es también el centro del ser humano, mientras que arriba no es más que la periferia. Los libros de alquimia y los Evangelios mencionan este centro, y Basilio Valentín, en su libro «Las doce Llaves», lo llama el centro de la Tierra, allí donde arde el fuego; es a esta región, dice, a la que hay que descender para encontrar la piedra filosofal. Pero esta Tierra al centro de la cual hay que descender es nuestra Tierra, el interior de nuestro ser. Ahí es donde debemos buscar los tesoros enterrados. Este centro es la fuente de la vida, desde allí la vida mana, circula y sube; y hasta el cerebro es alimentado y funciona gracias a este centro. En cuanto el ser humano se aleja de él, pierde su equilibrio, ya no domina sus pasiones y está a la merced de todas las fuerzas negativas.

Existen métodos, dados por los Iniciados, para penetrar en este centro y encontrar en él el equilibrio y extraer de él energías, una abundancia, un plus de fuerzas vitales. Es posible que, pronto, os dé algunos de estos métodos para que aprendáis a juntar los dos extremos, arriba y abajo, abajo y arriba, porque así es cómo el ser humano realiza en él la plenitud. Evidentemente, hay peligros, porque, desde el pasado más lejano todo lo vicioso y tenebroso se ha acumulado en este centro. Pero, si sabemos cómo proceder, tomando solamente partículas pequeñas, descubriremos que el mal aporta, justamente, el elemento que faltaba para tener la plenitud.

Se dice en el Talmud que al final de los tiempos los Justos, es decir, los Iniciados, harán un banquete con la carne del Leviatán, el monstruo que vive en el fondo de los océanos. Sí, será descuartizado, salado y conservado en frigoríficos y, cuando llegue el momento, todos los Justos se deleitarán con algunos pedazos de la carne del Leviatán. ¡Qué perspectiva más divertida! Si hubiese que comprenderlo literalmente, creo que muchos, cristianos, estetas, estarían verdaderamente asqueados. Hay que interpretarlo, pues, y ahí tenéis la interpretación. Puesto que el Leviatán, que es un monstruo, debe deleitar a los Justos, eso significa que, si sabemos servirnos del mal, éste se convierte en una fuente de riquezas y de bendiciones.

Mirad las fuerzas de la naturaleza, como el rayo, la electricidad, el fuego, los torrentes... Ahora que el hombre sabe cómo dominarlas y utilizarlas, se enriquece. Y, sin embargo, al principio eran fuerzas hostiles, eran el mal. Y el odio, la ira, los celos, etc., son venenos; pero en las nuevas farmacias de la Fraternidad Blanca Universal aprenderéis a utilizarlos, incluso se os darán métodos para serviros de todas estas fuerzas negativas que poseéis en abundancia. ¡Alegraos! Hasta ahora los hombres se tiraban de los pelos diciendo: «Seré condenado… Seré condenado… arderé durante toda la eternidad en un lago de fuego y de azufre…» Mientras que, ahora, ¡qué buenas perspectivas se presentan ante vosotros! Pero no hay que lanzarse a tumba abierta sobre el mal para comerlo a grandes pedazos. Hay que comer solamente un electrón, un átomo, y digerirlo bien

En el futuro, aquéllos que sean audaces estudiarán estos problemas de los celos, del odio, del miedo, de la fuerza sexual, y aprenderán a utilizarlos; incluso llenarán frascos con ellos para ponerlos en su farmacia y que no les falte de nada el día que lo necesiten. Ahora todo debe cambiar en vuestra cabeza. Ya no debéis tener miedo del mal, y, de esta manera, la guerra se detendrá. Siempre hay una guerra interior en los religiosos, en los místicos, en los espiritualistas, porque no han comprendido nada de la creación, de la vida; continuamente se están peleando consigo mismos, porque piensan que el bien debe aniquilar al mal… Pero el mal es tenaz y no logran aniquilarlo. Ahora, pues, en vez de pelearos con él, tenéis que utilizarlo, para que ya no haya más lucha y división, sino un trabajo. Por eso los Iniciados ya no luchan; han comprendido que nunca se llega a matar el mal y viven en la paz.

Podemos domar al mal, cloroformarlo, utilizarlo, descuartizarlo para comerlo, pero no podemos matarlo. Y ¿veis?, en el Apocalipsis no se dice que se matará al Dragón, que representa el mal. Se dice solamente que se le atará se le echará al abismo durante mil años (pero hay que comprender lo que significan estos mil años); y, después, lo dejarán salir. ¿Acaso quiere decir esto que el mal reinará de nuevo? ¡No!, porque durante estos mil años se le habrá educado. Nadie ha pensado nunca lo que fabricarían abajo con el Dragón. Pues bien, para quitarle las uñas, las garras y los dientes tendrá educadores, pedicuros, manicuros, dentistas… y cuando salga se habrá vuelto inofensivo. ¿Veis?, nadie ha pensado sobre eso. Mientras que yo, por curiosidad, fui a preguntar y me dijeron: «Veamos, veamos, ¡no se puede dejar al Dragón durante mil años sin ocuparse de él!» Así que, le educarán, y saldrá habiendo sentado la cabeza, casi como un servidor de la humanidad. Porque hay educadores, ¿sabéis?, incluso bajo tierra. ¡Ahí tenéis una nueva filosofía, una nueva ciencia, una nueva religión!

Tampoco se ha explicado nunca por qué, antes de subir al Cielo, Jesús descendió a los Infiernos. ¡Se dice que fue allí abajo a liberar a algunos desgraciados!… Pero esto es una respuesta demasiado rápida. ¿Por qué Jesús debía descender a los Infiernos? ¿Qué son los Infiernos y qué representan en el hombre? Representan la fuente de la vida. Sí, ¿por qué ha inventado Dios hacernos venir al mundo a través de esta región, que se dice vergonzosa, asquerosa, diabólica? He ahí unos misterios que todavía no han sido aclarados, pero que lo serán un día, porque se dice que en los últimos días todo será desvelado.

Los últimos días, claro, no son los últimos días definitivos, sino los últimos días de una época. Siempre están los últimos días de una época que se acaba y los primeros días de una nueva época; hay que comprenderlo. Varias veces han predicho el fin del mundo para tal o cual año, y, entonces, muchos se preparaban a morir, los pobres, pero el mundo no se acababa. Era sólo una época la que había terminado. Había que comprender que «el mundo» significaba una época. Y los últimos días del mundo también los vivimos ahora, porque una nueva época viene. En un periódico que leí anteayer vi, incluso, que hablaban de un nuevo tipo de hombres, de una nueva humanidad que iba a aparecer en la Tierra. ¿Veis?, los hombres tienen antenas, a pesar de todo; sienten que algo nuevo va a producirse en el mundo. Evidentemente, no pueden decir exactamente lo que será la nueva raza, los hombres de Acuario, porque se basan solamente en datos científicos.

¡Ah!, claro que pueden elucubrar diciendo que estos hombres irán a la Luna y que allí construirán toda clase de instalaciones… que después irán a Marte, etc. Es posible, claro, pero cómo será el alma humana, cómo pensarán y sentirán los hombres, cuáles serán sus cualidades y su vida, todo eso no pueden predecirlo, porque no tienen los elementos para hacerlo, están demasiado influenciados por la ciencia oficial. Pero no saben las peripecias que esperan a la ciencia, y puede que su camino tome una dirección que la lleve hacia la Ciencia iniciática. Ponen esperanzas en tal o cual descubrimiento, en la evolución de tal o cual técnica, y lo que va a suceder es que la ciencia va a orientarse de forma diferente. Sí, porque la ciencia no avanza en línea recta, sino en espiral, y pronto se juntará con la Ciencia iniciática.

Es extremadamente importante para el hombre saber utilizar todas sus debilidades. En el futuro éste será el aprendizaje que deberéis hacer. Por otra parte, ya habéis empezado; muchos de vosotros han empezado y, en vez de tratar de desembarazarse definitivamente de las fuerzas negativas que les atormentan, procuran utilizarlas para llegar a ser más fuertes. ¿Cómo utilizar la duda, por ejemplo? Siempre se trata de una cuestión de orientación. En vez de dudar de la Inteligencia cósmica, de la existencia del Señor, de la bondad de los demás, ¿por qué no dudar de uno mismo, de la veracidad de su punto de vista y decirse: «¿Acaso tengo razón? ¿Acaso estoy en la verdad? ¿Acaso no existe una forma de razonar mejor que la mía?» Y ponerse a buscarla. Desgraciadamente, ahí creen absolutamente, no dudan. Dudan de todo lo demás, salvo de su razonamiento limitado ¡y se meten en un lío! Esto no es inteligente.

En vez de creer que todos nuestros deseos y nuestras codicias son válidos, legítimos, maravillosos, y de defenderlos, debemos empezar a preguntarnos respecto a ellos. En vez de dudar siempre de nuestra naturaleza superior, de nuestro espíritu sublime y de todos los tesoros que Dios ha depositado en nosotros, debemos dudar de nuestra personalidad. Pero dudamos de lo que Dios nos ha dado de mejor y seguimos ciegamente las fuerzas que se desencadenan en nosotros, creemos que hay que satisfacerlas. Pues bien, hay que cambiar, y, si a toda costa queremos dudar, debemos saber al menos de qué dudar. Como les dije a algunos que estaban en la cárcel. «¿Sabéis por qué estáis aquí? – Sí, claro, lo sabemos, respondieron, porque nos dejamos atrapar. – No, sino porque creísteis demasiado en vuestra inteligencia, en vuestros cálculos y maquinaciones. Confiasteis demasiado en el éxito, en que vuestro plan era impecable. Si hubieseis dudado, no estaríais aquí. Hubiera hecho falta dudar, justamente, y creísteis demasiado…»

¿Veis todo lo que podemos decir para utilizar el lado negativo y hacer de él un poder, y hasta una protección? Pero para saber ahora cómo trabajar, hay que entrar en una Escuela iniciática, porque sólo allí os explicarán lo que es tal virtud, tal fuerza, tal pensamiento y cómo trabajar con ellos. No creo que se pueda encontrar solución fuera de la luz que nos aporta la Ciencia iniciática, porque es la única que está basada en el conocimiento de la naturaleza humana. Pero ¿quién cree ahora en todo eso?

Actualmente se imaginan estar en la verdad no creyendo en nada. ¡Es catastrófico! ¿Cómo explicar a los humanos, y a la juventud sobre todo, que no se puede fundar la vida sobre la nada, que hay que tener una filosofía, un alto ideal? Los jóvenes quieren destrozar todas las creencias y se extrañan, después, de que estén desequilibrados. La inteligencia es una facultad que no depende de la cantidad de conocimientos. Es una mirada, una visión interior, una intuición inexplicable que os hace ver la realidad de las cosas; y gracias a esta intuición, a esta sensación, os sintonizáis, entráis en armonía con todas las fuerzas de la naturaleza y del cosmos. Pavonearse diciendo que tiene tal diploma, que ha escrito tal o cual libro, cuando se encuentra interiormente en el mayor desorden, pues bien, eso prueba que falta la inteligencia, porque la inteligencia, tal como se comprende en la Iniciación, no es la facultad que está localizada en el cerebro; la verdadera inteligencia os aporta la salud, el equilibrio, el gozo y todas las bendiciones.

Las palabras que acabo de deciros hoy son un ensayo, una tentativa. He querido abrir ante vosotros un nuevo camino, pero me pregunto si no es prematuro y si esta cuestión del lado negativo quedará clara para vosotros. El bien, lo que está arriba, sólo es la mitad, y no podemos descuidar la otra mitad.

Sólo que debemos empezar siempre por lo de arriba, por el bien, para poder protegernos.

Cuando en una casa tienen que destruir nidos de abejorros o de avispas, llaman a los bomberos que están vestidos con unos trajes muy espesos y equipados con máscaras y lanzallamas, porque, si no, es muy peligroso, porque se arriesgan a que puedan picarles y morir. Para descender a las profundidades del mar, o a los subterráneos, hace falta también todo un equipo para protegerse. Para cualquier empresa un poco peligrosa hay que prepararse, pues, y protegerse. Pero, para descender a las profundidades de su propia naturaleza, los hombres se imaginan que es fácil, que no hay peligro. Pues bien, ahí están, precisamente, los mayores peligros y hay que estar equipados. Vosotros, ahora, empezáis a equiparos, porque trabajar con las fuerzas de arriba, con la luz, con el amor, con la pureza, con la bondad, eso es el equipo, las armas y las máscaras; así que pronto podréis descender a las profundidades, a las grutas, donde todo está húmedo, oscuro, donde todo es viscoso, porque estáis conectados con las entidades celestiales. Y las entidades celestiales no os abandonarán; ellas saben que para alcanzar los últimos grados de la Iniciación debéis explorar los abismos en vosotros.

En cada ser están juntos los dos principios del bien y del mal. Puede ser que el mal esté cloroformado, encerrado en unas jaulas, como en los parques zoológicos; sí, los tigres, los osos, las cobras quizá estén encerradas, pero eso no impide que estén ahí, en cada criatura. La prueba está en que, si los ponéis en ciertas condiciones favorables, veréis cómo la muchacha más gentil y más casta y el chico más delicioso y más puro se convierten en demonios. Decís: «¿Cómo es posible? ¡Es increíble! No nos lo esperábamos…» Pues sí, justamente, había que esperárselo. Todas las fieras están dentro, pero todavía no han tenido la ocasión de manifestarse; y, el día en que esta ocasión se presenta… ¡estamos alucinados!

En cada criatura, incluso en la mejor, se esconden siempre tendencias infernales que vienen de un pasado muy lejano. La cuestión, ahora, es no hacerlas salir de golpe con el pretexto de utilizarlas. Hay que enviar una sonda para tomar solamente algunos elementos; no se trata de ir a pelearse imprudentemente con el Infierno, porque, si lo hacemos, nos comen. Hay que saber cómo proceder. Por eso debéis seguir trabajando con las fuerzas de arriba, con la oración, la armonía, el Sol, el amor, y, de vez en cuando, cuando algo sale de las profundidades de vosotros mismos, con garras, con dientes y con uñas, para hacer algunas tonterías, entonces, cogedlo, capturadlo, id a estudiarlo en vuestro laboratorio, ¡y hacedle incluso secretar sus venenos para poder utilizarlos! Pero, lo repito, mis queridos hermanos y hermanas, tened cuidado, no vayáis ahora, a causa de lo que os digo, a mediros imprudentemente con el mal. No digáis: «¡Ah! ¡Ah! Ahora he comprendido, ¡vais a ver!», porque quizá no volváis a subir. Esto es lo que les sucedió en el pasado a algunos que se creyeron muy fuertes cuando todavía no estaban suficientemente conectados con el bien con la luz, y ahora, los pobres, ¡en qué estado se encuentran! Todas las fuerzas negativas les saquean.

Actualmente hay miles de hombres sumergidos en las locuras y los desórdenes porque, con lo que aparece ahora en los libros, las películas, la música, el teatro, la pintura, la danza, el mundo entero está ocupado en desencadenar los poderes del Infierno, del plano astral. Casi todos los que trabajan en el dominio del arte van a buscar su inspiración en las regiones infernales. Quizá sea original, quizá sea interesante, pero es necesario que los humanos estén preparados para no sucumbir. Quieren novedades, bueno, vale, pero, en vez de ir a buscarlas arriba, van a buscarlas abajo; estas novedades son, justamente, las que desencadenan fuerzas astrales en toda la naturaleza y, como no saben protegerse, sucumben. Por eso la religión se debilita, la moral disminuye, y el sentido común ya no se encuentra en ninguna parte. Por todas partes hay desánimo, desesperación, locura.

El mundo astral invade a la humanidad.

Únicamente la enseñanza de la Fraternidad Blanca Universal puede remediar este estado de cosas. Por eso os digo: «preparaos y seréis modelos para todos aquéllos que vengan.» En el mundo cada vez hay más gente desequilibrada, y es algo fatal, porque el sistema nervioso no puede soportar unas sacudidas semejantes. Para poder mostrarles, al menos, el buen camino, debéis prepararos. Necesitamos aquí, pues, una cohesión, una armonía, una entente formidable. Entonces, los Ángeles, los Arcángeles, los Iniciados, los grandes Maestros, los Patriarcas, los Profetas nos ayudarán a expulsar estas fuerzas y a devolverlas bajo la Tierra. Esto es lo que está escrito en el Apocalipsis. Todos estos seres, reunidos bajo el símbolo del Arcángel Mikhaël, son una imagen de las fuerzas del bien que vendrán a atar al Dragón. Sólo que hacen falta obreros para llamar a estas fuerzas, y estos obreros son la Fraternidad Blanca Universal.

La tarea es tan grandiosa, tan gloriosa, que debéis, por fin, decidiros a hacer algo mejor que lo que habéis hecho hasta ahora. Debéis decir: «Yo también quiero participar, quiero conectarme con los obreros del Cielo que trabajan por todas partes en el mundo para iluminar a los humanos.» Entonces, las fuerzas luminosas del bien estarán siempre con la Fraternidad.

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