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COMO EDUCAR A LOS HIJOS

JBN

2/17/2016

CATEGORIA: Sociedad

Hijos, rico darles gusto, pero no en todo.

Los padres deben aprender a decir no, y a evitar que por la culpa, atiendan todos sus deseos y caprichos. Cuando un niño recibe todo lo que quiere, es muy difícil deslumbrarlo y mide el cariño a través de lo material; se vuelve exigente y no valora los detalles que le dan. Desde juguetes último modelo que terminan apilados en medio de los miles que ya tiene el niño en su cuarto, hasta premios o recompensas, inclusive por levantarse de la cama, son los requisitos de los hijos con aquellos padres que no les niegan nada.

Y es que algunos progenitores encuentran cualquier justificación para dar al niño lo que se le antoja: “no le dedico el tiempo que merece”, “quiero demostrarle cuánto lo quiero” o, “si no le doy lo que me pide, puedo generarle traumas o resentimiento hacia mí”.

Sin embargo, ninguna de las anteriores es una razón válida. “El amor no se compra y si el pequeño tiene acceso fácil y desde temprana edad a los juguetes y caprichos que quiere, difícilmente aceptará con gusto los regalos que le dan otros”, explica la sicóloga Nohelia Hewitt.

El niño, en la medida que tiene todo lo que anhela con solo pedirlo, se vuelve más exigente cada vez y no se conforma con detalles simples. Incluso, puede llegar al punto de saturarse y no saber qué es lo que realmente quiere o le gusta. Y eso mismo le puede pasar con la vida.

Además, Miguel de Zubiría Samper, sicólogo y director de la Fundación Alberto Merani de Colombia, asegura que al darle gusto al niño en todo y al sobreprotegerlo, se crea un carácter frágil que lo hace más propenso a un futuro suicidio.

Durante su niñez, al complacer sus caprichos, lo que hicieron los padres fue “dibujarles a sus niños un mundo totalmente irreal, una película de Disney, de príncipes azules y princesas rosaditas, mágico, fantasioso y repleto de amor; por eso, cuando esas personas salen al mundo real, se encuentran a sí mismas sin ninguna protección. Lo cual se puede resumir en una sola palabra, fragilidad. Para mí, esta es la primera causa del suicidio, porque son como botellas de cristal que se rompen con cualquier pequeño viento”, asegura en su libro Cómo prevenir la soledad, la depresión y el suicidio en niños y jóvenes.

Premio por todo

Por la falta de tiempo, muchos padres intentan llenar el vacío de la figura paterna o materna (incluso, las dos, en algunas ocasiones) con toda clase de juguetes, ignorando que el amor de un hijo se adquiere acompañándolo y forjando su personalidad a través de la exigencia de sus deberes como hijos, y no premiando cualquier actitud o comportamiento.

“Si basamos nuestro cariño en premios materiales, no generamos en los niños creatividad, tampoco les enseñamos a hacer las cosas por convicción, sino en espera de recibir algo a cambio. Y el día que no llevemos un estímulo material, no seremos buenos padres”, explica el pediatra Germán Soto.

Lo ideal, de acuerdo con la sicóloga Hewitt, no es negarle todo, sino encontrar el equilibrio perfecto y demostrarle la importancia de los detalles simples, pero sinceros. “Enseñarle el encanto de un beso, un abrazo, una caricia o una frase estimulante o alentadora que le ayude a la construcción de su autoestima y de un carácter seguro”, agrega Soto.

¿Y si no reciben lo que quieren?

Cuando no hay posibilidad de tener algo, los niños adoptan conductas rudas. “Las conductas agresivas verbales (groserías, gritos), no verbales (gestos, manotazos) o físicas (golpes, mordiscos, pellizcos) aparecen en el niño o la niña como respuestas a frustraciones o a cosas que no obtienen. Para alcanzarlas, acuden a pataletas, que, si son exitosas, se vuelven su mejor manera de llegar a sus metas”, comenta Germán Soto.

También es usual que, como los niños son tan críticos y no miden sus palabras, ofendan y lesionen a la persona que le da el regalo ‘equivocado’. “Por ejemplo, al no recibir lo que quiere, porque los padres o amigos no cuentan con el presupuesto, dice: ¿Y por qué a mi amigo del salón sí le regalan eso y a mí me dan esto tan feo?', explica Nohelia Hewitt.

Y no hay que olvidar al que termina por acostumbrarse a medir el cariño de sus padres a través de la calidad y cantidad de regalos que reciba de ellos. Dice “mi papá no me quiere porque no me dio lo que le pedí”.

En estos casos, los expertos recomiendan enseñarles a los niños a que encuentren valor en lo que le dan, por más pequeño que sea. Y así el niño sea grosero, no golpearlo, ya que al hacerlo, en lugar de remordimiento de conciencia, lo que genera es resentimiento y miedo.

“Entonces, el menor no admira, sino teme a sus padres y obedece mecánicamente lo que ellos dicen, por temor y no porque crea en ellos ni por convicción de que sea lo mejor para él”, explica el pediatra Soto.

Recomendaciones

La sobreprotección, la permisividad excesiva o la premiación permanente, no son señales de cariño hacia su hijo. Siempre es posible reservar tiempo para ellos, esto vale más que todos los juguetes que le compre. El niño sigue el ejemplo de sus modelos inmediatos: padres y maestros. De ahí la importancia de ser los mejores modelos, valorando los pequeños detalles que reciben.

Si su hijo es rudo y no valora los detalles que le dan, no lo reprenda con agresividad. Prefiera hablar sereno y seguro, evitando los adjetivos como ¡Grosero! ¡Cochino! ¡Vulgar!

Mejor, dígale que no utilizó las palabras adecuadas, ni tomó la mejor actitud, pero que seguramente la próxima vez sí lo va a hacer de la manera correcta. No le hable de ser, sino de estar. Por ejemplo, dígale ¡Estás necio!, en vez de ¡Eres necio! De esta manera no se afirma o programa neurolinguísticamente dicha conducta en su subconsciente.

No olvide articular el buen ejemplo en casa, dado por la instauración adecuada de la autoridad “entendida como una relación de capacidad y no de poder, y la coherencia entre lo que decimos y hacemos (base de la credibilidad)”, agrega Soto.

Emilio Calatayud es el juez de Menores más famoso de España. Es franco, afable, sencillo, no muestra interés alguno por las ceremonias y formulismos. Se comporta con llaneza y cordialidad, sin imponer distancia en el trato. Hace un poco más de 19 años dirige un juzgado en Granada, en el que su fórmula es la menos habitual, pero ha resultado ser la más efectiva: los delitos se pagan sirviendo a la sociedad. Y desde los centros de internamiento, muchos jóvenes le piden por carta su intercesión. Algunas de sus curiosas, efectivas y educativas sentencias, han sido:

  • A un joven que había crackeado varias empresas granadinas por Internet, provocando daños por 2000 Euros, lo condenó a dar 100 horas de clases de informática a otros jóvenes.

  • 100 horas de servicio a la comunidad patrullando junto a un policía local por haber conducido temerariamente y sin permiso.

  • 50 horas dibujando un cómic de 15 páginas, en el que cuenta la causa por la que le condenaban.

  • Visitas a la planta de traumatología de Granada por conducir un ciclomotor sin seguro.

Emilio Calatayud es padre de dos hijos y nos da una estupenda lección sobre lo que implica tener hijos. Educar no es jugar, ni entretener (para eso basta un payaso). Educar es adquirir destrezas, acumular conocimientos, despertar inquietudes activas y aprender formas de convivencia que eviten el capricho del malcriado.

Cuando un niño comete un acto de indisciplina en el colegio, donde no conoce a fondo al profesor, es que en su casa está harto de hacer lo mismo, pero allí le sonríen.

La realidad es que la cultura de los alumnos ha bajado hasta niveles alarmantes. Son poco trabajadores, tienen más información, pero menos formación; son más incultos, lo que inevitablemente los hace más inmaduros. Si los alumnos son más apáticos que nunca es debido a una educación equivocada. Muchos padres argumentan que los hijos lo tienen todo y por eso no valoran el esfuerzo que cuestan todas las cosas que valen la pena. Aunque la palabra NO todavía no ha desaparecido del vocabulario.

En educación lo que más cuesta no es poner límites sino mantenerlos con convencimiento. No debemos tener miedo a educar.

Consejos del juez Emilio Calatayud para formar hijos delincuentes

  1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

  2. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.

  3. Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.

  4. No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.

  5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.

  6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.

  7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.

  8. Déle todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.

  9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.

  10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

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