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ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

CARNÍVOROS ACABAN CON LOS PULMONES

JBN

10/01/2017

Imagen N° 134 del articulo Carnívoros acaban con los pulmones

CATEGORÍA N° 134
VEGANOS Y ANIMALES

VEGANISMO Y MEDIO AMBIENTE

“ESTAMOS DESTRUYENDO LA AMAZONAS PARA ALIMENTAR VACAS”

El veganismo no es un movimiento ecologista. Pero sí lo es.

El cambio climático ha sido denominado el “mayor desafío” de la humanidad y la “amenaza ambiental” más grave del mundo. Pero, la principal causa de este fenómeno podría no ser lo que piensas. ¿Es acaso conducir un todoterreno? No. ¿Fábricas? No. ¿Aviones? No. Esto es lo primero que se te puede venir a la mente, pero la principal causa del cambio climático podría en realidad encontrarse en tu plato. Un reciente informe de las Naciones Unidas concluye que la transición hacia una alimentación vegana es necesaria para reprimir los peores efectos del cambio climático.

Mucha gente está concientizada sobre el medio ambiente pero no piensan en el daño que ocasiona la dieta basada en animales. Para consumir carne, huevos y productos lácteos, el ganado debe ser alimentado y alojado, y los productos conservados, lo cual requiere una cantidad de recursos tremenda.

Ahora vamos a ver la diferencia fundamental que hay entre el uso de animales y vegetales para alimentación, y es que mientras que los segundos pueden ser autónomos en su producción, los primeros requieren de los segundos. Es decir, para producir comida vegetal solo necesitamos vegetales, pero para producir comida animal necesitamos animales y vegetales.

La explotación animal repercute de varios modos en el medio ambiente:

  • Se da un despilfarro de recursos al usar a los animales como comida, dado que tienen que emplearse multitud de alimentos vegetales, agua, terreno, etc para alimentarlos, además de un mayor uso de energías.
  • El uso de algunos de estos recursos (como, por ejemplo, el terreno) repercute gravemente en los espacios naturales, los cuales son suprimidos o devastados.
  • Se produce contaminación generada por los propios animales (deposiciones, emisión de gases, restos, etc) además de la que resulta de un mayor uso de energía.

Contaminación

Las granjas industriales generan una enorme cantidad de residuos provenientes de los orines (purines ) y defecaciones (estiércol ) de los animales. Estos contaminan suelos y aguas (amoniaco, nitritos), además de crear un ambiente muy desagradable para cualquier animal (humano o no) que viva cerca de una de estas granjas.

En Centroamérica, el 40 por ciento de las selvas tropicales han sido taladas o quemadas en los pasados 40 años, principalmente para pastos de ganado vacuno para el mercado de exportación, a menudo para carne de las hamburguesas de EE UU. La carne es demasiado cara para los pobres en los países exportadores de carne, pero sin embargo en muchos casos los pastos del ganado vacuno han sustituido a formas de agricultura tradicional muy productiva.

Destrucción de hábitats

“Estamos destruyendo la Amazonia para alimentar vacas.” – Jeremy Rifkin

Los bosques están siendo arrasados para instalar granjas industriales o para sembrar alimentos para animales de granja. Toda esta destrucción provoca la erosión del suelo e influye en la extinción de especies silvestres y pérdida del hábitat. Criar animales para alimentación también requiere enormes cantidades de materia prima pues los animales de granja consumen 70% del maíz, trigo y otros granos que cultivamos. Una tercera parte de toda la materia prima y combustibles fósiles utilizados en los Estados Unidos son destinados a los animales criados para consumo humano.

Que se necesiten más vegetales para alimentar animales hace que se use más terreno para cultivar vegetales del que sería necesario si se usaran para alimentar a la población humana directamente. Es especialmente alarmante el caso de la selva amazónica, donde cada año se deforestan 2,5 millones de hectáreas para cultivar soja que alimente al ganado de los países del primer mundo. La vida de todos los animales del planeta depende de la existencia de grandes pulmones verdes como la selva del Amazonas.

De acuerdo a la FAO, un 33% por ciento de la superficie mundial dedicada a cultivar vegetales se hace exclusivamente para producción de alimentos para animales.

Si preferimos la bucólica visión de vacas y ovejas pastando en verdes prados, tenemos que tener en cuenta que el pastoreo igualmente destruye los hábitats naturales, dado que no son propicios para las necesidades del ganado. Múltiples bosques han sido destruidos a lo largo de la historia de la ganadería con este fin. Los pocos animales autóctonos que consiguen sobrevivir se convierten en enemigos de ganaderos, bien por ser carnívoros y amenazar al ganado (lobos, etc) o por ser herbívoros y consumir los pocos pastos que queden (topos, conejos, etc).

El sobrepastoreo es la principal causa de degradación de la tierra. Nuevamente según datos de la FAO, un 26% de la superficie terrestre se dedica a él, estando degradado entre el 20 y el 70%.

Sobreconsumo de agua

Producir un kilo de carne gasta más agua que 365 duchas.

Los animales de granja consumen mucha agua, y también es muy grande el uso de agua que hay que hacer para producir los alimentos vegetales que comerán aquellos.

Sucede que se nos suele decir que tenemos que ser responsables con el consumo de agua; se realizan grandes campañas para concienciar, para que nos duchemos en vez de bañemos, por ejemplo. Pero lo cierto es que el consumo directo de agua solo representa en torno a un 15% del agua que empleamos, llevándose la producción de alimentos la mayor parte (en torno al 70%). Se puede ahorrar mucha más agua, por tanto, en la alimentación que en el uso directo.

Según el estudio Agriculture, Food and Water, se necesitan 15.000 litro de agua para producir 1 kg de carne de vacuno o 6.000 para uno aviar, pero solo 1.500 para uno de cereales o 1.000 para uno de fruta. Es decir, los productos de origen animal necesitan hasta 10 veces más agua. Ducharnos en vez de bañarnos puede hacernos ahorrar 200 litros, pero no comer un filete puede suponer 5.000 litros de diferencia.

En el mar

“Aquellos que matan animales para comer su carne tienden a masacrarse a sí mismos”. – Pitágoras

Por otro lado, métodos de pesca como las redes de arrastre destruyen el fondo marino. Tampoco hay que olvidar que los propios barcos pesqueros contaminan las aguas que navegan con vertidos no controlados de combustible, lubricantes, etc.

Más de la tercera parte de los peces capturados no se dedican directamente al consumo humano, sino que se transforman en harina de pescado o piensos para otros animales, con una bajísima eficiencia: la producción, por ejemplo, de 1 kilo de pollo alimentado con harina de pescado requiere la captura de 90 kilos de peces. La acuicultura tampoco es una forma sostenible de producir alimentos. Se necesitan más de 3 toneladas de peces para producir 1 tonelada de salmón de piscifactoría.

El mar no da más de sí porque no hay peces suficientes para satisfacer el creciente consumo. En todo el mundo se gastan anualmente 124.000 millones de dólares para capturar peces valorados en 70.000 millones de dólares, un déficit que se mantiene gracias a unas generosas subvenciones que fomentan el despilfarro y la destrucción de la vida marina. El enorme desarrollo del sector pesquero industrial provoca conflictos diplomáticos e incluso armados.

La totalidad de los 17 caladeros más importantes del mundo han alcanzado o sobrepasan ya sus límites de explotación, y 13 de ellas se encuentran agotadas o seriamente deterioradas, como sucede con las poblaciones de bacalao y arenque. Desde los años setenta las capturas de bacalao han descendido de 380.000 toneladas a menos de 60.000, y en los últimos cuarenta años la población de arenque se ha reducido a un tercio.

El privilegio de comer carne y el hambre en el mundo:

“El cielo se ennegrece ante el dolor y la muerte de tantísimos animales inocentes que sólo nuestra gula y perversidad hacen sacrificar tan estúpida e innecesariamente.” – Jean Roberts

Con cientos de millones de personas que no obtienen el alimento necesario para satisfacer sus necesidades básicas, y miles de millones que no tienen acceso a agua limpia y segura, hay que encontrar métodos sostenibles para producir alimentos sin degradar la salud del planeta. A medida que avanzan las ciencias ambientales, es cada vez más evidente que el hábito de comer carne agrava problemas como la deforestación, la erosión, la escasez de agua potable, la contaminación atmosférica y del agua, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la injusticia social, la desestabilización de las comunidades y la extensión de las enfermedades.

Mientras el hambre mata a millones de personas por carecer de los cereales que se dedican para alimentar al ganado, otros tantos mueren a causa de las enfermedades que se generan con el consumo de carne de animales alimentados a base de cereales. La práctica del veganismo es la forma más directa de colaborar a proteger el medio ambiente; siguiendo una dieta vegana, por ejemplo, gastamos menos del 10% del agua necesaria para alimentar a alguien que se alimente de carne.

Con una dieta vegetariana, se puede alimentar a 15 personas con la misma cantidad de tierra necesaria para producir una dieta cárnica para una sola persona. La comida que se ahorraría si todos los humanos llevaran una dieta vegana/vegetariana, bastaría para acabar varias veces con el hambre actual en el mundo.

Muchos países en desarrollo han expandido su producción animal para la exportación mientras su pueblo padece hambre. Por ejemplo, en Guatemala, cerca de la mitad de los niños menores de 5 años pasan hambre, mientras su país exporta millones de toneladas de carne a los Estados Unidos cada año.

El sufrimiento de los animales

“El animal tiene, como tú, un corazón que siente. El animal conoce, como tú, la alegría y el dolor. El animal tiene, como tú, sus aspiraciones. El animal tiene, como tú, un derecho a la vida”. – Peter Rosegger

Si desde siempre una de las principales motivaciones de las personas para hacerse vegetarianas ha sido evitar la muerte y el sufrimiento innecesario de los animales, las técnicas de cría intensiva de animales que se han impuesto en la ganadería proporcionan argumentos adicionales a esta línea de pensamiento. En diversas ocasiones los activistas por los derechos de los animales se han infiltrado en explotaciones y mataderos para fotografiar y describir lo que allí sucede y que se procura que el consumidor no sepa.

Los animales han de convivir con sus propios excrementos, cuyas emanaciones les provocan enfermedades respiratorias. Para mantenerlos vivos bajo estas condiciones, se les administra junto con la comida grandes cantidades de antibióticos. A pesar de todo, una gran parte de estos animales mueren antes de ser llevados al matadero. También se les administran hormonas, y se manipula la iluminación y alimentación para hacerles crecer más y más rápido. Algunos alcanzan más peso del que pueden soportar sus esqueletos, lo que les provoca dolores articulares, acentuados por pasar toda su vida confinados en espacios sumamente reducidos, sobre suelos de cemento y rejas metálicas. Las condiciones de vida de las vacas lecheras, gallinas ponedoras y cerdas reproductoras son a menudo espeluznantes.

“Qué mentalidad pobre hay que tener para decir que los animales son máquinas carentes de sentimientos y de entendimiento” – Voltaire

Así que si estás preocupado por el ambiente, una de las acciones más efectivas para salvarlo es que te conviertas en vegano.

“El veganismo es una filosofía de vida que excluye todas las formas de explotación y crueldad hacia el reino animal e incluye una reverencia a la vida. En la práctica se aplica siguiendo una dieta vegetariana pura y anima el uso de alternativas para todas las materias derivadas parcial o totalmente de animales”. – Donald Watson

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