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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
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LA ILUMINACION ESPIRITUAL
ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES

EL BAUTISMO DE JESÚS, EL CRISTO

BAUTISMO

23/02/2017

Grafica 'El bautismo de Jesús, el Cristo' Categoria 'Biografias' Palabra 'Personajes'

CATEGORIA N° 31 BIOGRAFIAS y PERSONAJES

El bautismo de Jesús, el Cristo

Dios y Cristo manifiestan actualmente toda
la verdad a través del serafín de la Sabiduría divina.
La tribu de David prepara con Cristo el Reino de Paz (3)

1. Y era pleno verano, el décimo mes. Vino entonces Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él, pero Juan se oponía, diciendo: "soy yo quien necesita ser bautizado por Ti, y ¿vienes Tú a mí?” Jesús respondió diciéndole: "acéptalo ahora así, pues nos corresponde cumplir toda justicia”. Entonces Juan accedió.

2. Bautizado Jesús, salió en seguida del agua. Y he aquí que los cielos se abrieron sobre El, y sobre El había una nube luminosa, y tras la nube doce rayos de luz, y de ahí descendió sobre El el Espíritu de Dios como una paloma y Le envolvió en luz. Y he aquí que una voz del Cielo dijo: "Este es Mi Hijo amado, en quien Me complazco; y en este día Lo he engendrado”. (Cap. 8, 1-2)

Yo, Cristo, explico, rectifico y profundizo la palabra:

El agua simboliza la purificación del alma y del cuerpo. El agua fluye -el espíritu fluye.

Lo que aconteció tras el bautismo de Jesús, lo aquí narrado, se efectuó en el espíritu. Juan lo vio en su interior en estos símbolos. La palabra "engendrado”, quiere decir "llamado a”. Por haber sido llamado por el Eterno, Yo, el Cristo, llevé a cabo lo que en Jesús se hacía cada vez más manifiesto.

3. Y Juan dio testimonio de El diciendo: "Este es de quien os he dicho que ha de venir después de mí y que está delante de mí, porque era primero que yo. Y de Su plenitud hemos recibido todos, gracia sobre gracia. Porque sólo una parte de la ley fue dada por Moisés, mientras que la gracia y la verdad vino por Jesucristo, en plenitud”. (Cap. 8, 3)

Yo, Cristo, explico, rectifico y profundizo la palabra:

La verdad eterna irradia ahora en innumerables facetas a este mundo. Durante muchas generaciones el Eterno siempre dio, de la verdad eterna que El es, aquellas facetas de la verdad que los hombres que aspiraban a Dios podían entender y practicar en sus vidas. Así, El dio a través de Moisés las facetas de la verdad correspondientes a aquellas generaciones. Yo, Cristo en Jesús, di de la verdad la plenitud, pero pocos pudieron entenderme.

Actualmente [1989] ha comenzado el tiempo en el que manifiesto todas las facetas de la verdad. ¡Quien pueda captarlo, que lo capte!

Comprended: la verdad eterna se extenderá ahora por todo el mundo y todo lo falso será pasto de las llamas, para que se haga manifiesta la plenitud, toda la verdad. Yo he elegido a la Sabiduría divina para que sea la madre fundadora, en el espíritu, del Reino de Paz de Jesucristo. El rayo de luz femenino, el serafín que proviene de la Sabiduría de Dios, está actualmente en la carne y actúa para el Eterno y para Mí como profetisa y mensajera de Dios. Por medio de ella el Eterno y Yo, Cristo, hemos llamado y llamamos al mundo y traemos toda la verdad -en la medida en que las palabras lo permiten- a todos los hombres de buena voluntad.

Conforme a la voluntad de Dios, David, de quien surgió la estirpe de David, es el padre fundador del Reino de Paz de JesuCristo en la carne; pues él trajo a este mundo la semilla, y de ahí los genes que forman la estirpe de David.

Los seres que vienen de Dios encarnan en aquellos hombres en que los genes de David son activos. Ellos, junto con otros hijos e hijas de otras estirpes, forman parte de la misión de la Redención en Mi Obra, la Vida en el Universo.

Por esto David es el padre fundador del Reino de Paz de Jesucristo, en la carne, y, el rayo de luz de la Sabiduría divina, la madre fundadora, en el espíritu.

David trajo por tanto la semilla y los genes para el pueblo de Dios, en la carne; la Sabiduría divina trae toda la verdad en palabras terrenales, a través de su rayo de luz parcial encarnado, el serafín de la Sabiduría divina.

Las almas que están en la carne son llamadas.

Almas y hombres reciben de Mí, el Cristo, a través de la profetisa y mensajera de Dios, toda la verdad, en la palabra manifestada. El rayo de luz parcial de la Sabiduría divina encarnado enseña -también en los detalles- las leyes eternas, y muestra a todos los hombres de buena voluntad cómo pueden ser cumplidas en el mundo.

El tiempo ha llegado. El mundo camina hacia el año dos mil. Yo preparo Mi venida como Cristo a través del pueblo elegido de Dios, con el que el Eterno y Yo, Cristo, en la fuerza universal, en Dios, hemos hecho la última Alianza. Sólo estarán a Mi derecha aquellas almas y aquellos hombres que conozcan toda la verdad y también la cumplan.

4. "A Dios nadie Lo ha visto nunca; sólo en el Unigénito, que viene del seno del Eterno, está Dios manifestado”. Y este es el testimonio de Juan cuando los judíos, desde Jerusalén, le enviaron sacerdotes y levitas para preguntarle: "¿quién eres tú”? Y él no negó, sino reconoció: "no soy Cristo”.

5. Y le preguntaron: "entonces, ¿quién? ¿Eres Elías?” El dijo: "no lo soy”. "¿Eres el profeta del que habló Moisés?” Y contestó: "no”. Entonces le dijeron: "¿quién eres, pues, para que podamos dar respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?” Y él dijo: "soy la voz de uno que clama en el desierto; preparad el camino del Santo, según dijo el profeta Isaías”.

6. Y, los que habían sido enviados, eran de los fariseos y le preguntaron: "entonces, ¿por qué bautizas, si no eres Cristo, ni Elías, ni el profeta del que habló Moisés?”

7. Juan les contestó diciendo: "yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros se halla Uno a quien vosotros no conocéis. El bautizará con agua y con fuego. El es quien vendrá después de mí y, sin embargo, caminará delante de mí. Y no soy digno de desatar la correa de Sus sandalias”.

8. Esto sucedió en Betabara, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba. Y Jesús tenía en esta época treinta años, siendo según la carne realmente el hijo de José y María, pero, según el espíritu, Cristo, el Hijo de Dios, del Padre eterno, tal como con poder estaba anunciado por el Espíritu de santidad.

9. Y José era el hijo de Jacob y de Eliseba, y María era la hija de Elí (llamado Joaquín) y de Ana, que eran los hijos de David y Batseba, de Judá y Shela, de Jacob y Lea, de Isaac y Rebeca, de Abraham y Sara, de Set y Mat, de Adán y Eva, que eran los hijos de Dios. (Cap. 8, 4-9)

El pan de la vida

La confesión de Pedro

El camellero

Espiritualmente muerto. En el reino de las almas no hay máscaras. Las palabras sólo son símbolos e indicadores de camino. La mortificación es represión. Cada hombre posee el libre albedrío: una buena siembra trae buena cosecha. Dios advierte, El no castiga (1-3). El éxodo de Moisés, con el pueblo de Israel, a través del desierto: una parábola del peregrinaje de la humanidad. Los hombres de hoy día no se diferencian del pueblo de Israel. El camino al Reino de Paz (4). Quien ama más a Dios que a este mundo, vive en Dios. Quien procede de la verdad, recibe de la verdad (5-6). A los hombres en el Reino de Paz. La evolución de los hombres y de la Tierra hacia la materia sutil. Variación de la medida del tiempo. Manchas terráqueas, reservas de los demonios. La conducción de regreso de los reinos de la Caída. El libro "Esta es Mi Palabra” será elevado una y otra vez hasta convertirse en sustancia material luminosa.

El pro y el contra de muchos hombres sirve a las tinieblas (7-9)
¡Ama también a los animales! (12-16)

  1. Y dijo Jesús de nuevo: "Yo Soy el verdadero pan y la vid viva. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el alimento de Dios, que baja del Cielo, para que quien lo coma no muera. Yo Soy el alimento vivo bajado del Cielo. Quien coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que daré, es Mi verdad; y el vino que daré, es Mi vida”.
  2. Disputaban entre sí los judíos, diciendo: "¿cómo puede éste darse como alimento a nosotros?” Jesús les dijo: "¿pensáis que estoy hablando de comer carne, como vosotros hacéis en ignorancia en el templo de Dios?
  3. "En verdad, Mi cuerpo es sustancia divina, y éste es el verdadero alimento; y Mi sangre es la vida de Dios, y ésta es la verdadera bebida. No como vuestros antepasados, que exigían carne, y Dios en Su ira les dio carne, y ellos la comieron en su depravación, hasta que apestó en sus narices. Cayeron a miles, a causa de la plaga, y sus cadáveres yacieron en el desierto. (Cap. 31, 1-3)

Yo, Cristo, explico, rectifico y profundizo la palabra:

El alimento del Cielo es la ley de Dios -la verdad-. La bebida es la vida eternamente fluente -Dios-. Quien acepte y realice la ley de Dios, no tendrá hambre ni sufrirá necesidades, ni sentirá ni degustará la muerte.

Quien cree en la muerte, está espiritualmente muerto, porque su alma está cegada por el pecado. Pero quien haya desarrollado la vida en sí mismo, no degustará ni sentirá la muerte, porque la vida inmediata en Dios para él no tiene fin.

Sin embargo, quien sea incorregible y desperdicie sus días terrenales y sólo vea su vida terrenal como la medida de todas las cosas, como alma también será lo que como hombre fue: un espiritualmente muerto, cegado por el propio pecado e incorregible -hasta que sienta sus propias obras en el propio cuerpo de alma y tenga que reconocer la gracia que le había sido dada al alma en vestido terrenal.

Comprended: en el reino de las almas no hay máscaras. Todo aquello con lo que se camufla el hombre, para que sus pensamientos y sus obras no sean reconocidos, se desprende de él en el momento de la muerte física. El alma no se lleva las máscaras del yo humano al reino de las almas. Ahí todo es manifiesto. Ella misma es un libro abierto para todas las demás almas -y cada alma es para ella también manifiesta, en el vestido de sus obras.

Quien coma del alimento espiritual, de la verdad eterna, realizando la voluntad de Dios, llegará a ser manantial vivo de la verdadera vida y -tanto a hombres como a almas- tenderá el pan de la verdad y la bebida de la vida eternamente fluente: Cristo. La vida que, siendo Jesús, traje a los hombres, es sustancia divina, el verdadero alimento; y, la corriente divina, la bebida, la vida en y proveniente de Dios.

Sin embargo, quien tome al pie de la letra las palabras que pronuncié siendo Jesús de Nazaret, aún hoy errará el camino; pues las palabras eran y son sólo símbolos e indicadores de camino para la verdad interna.

Quien tome la palabra al pie de la letra, interpretará mal a sus semejantes y los menospreciará -tal como interpretaron mal los fariseos y escribas Mis palabras, siendo Jesús, y Me menospreciaron-. El sentido de las palabras de la vida sólo puede ser captado e interpretado correctamente por hombres que anhelan la verdad y se esfuerzan por alcanzarla. Sin embargo, quien esté contra su prójimo, menospreciándolo y siendo incomprensivo con él, errará una y otra vez el camino. Quien rechaza a su prójimo, sea por el motivo que fuere, no conoce ni a su prójimo ni a sí mismo.

En esta conciencia vivían también algunos de los judíos, pues hablaron conforme al sentido de lo siguiente: "¿cómo puede éste darse como alimento a nosotros?” Pero Yo no hablé de la carne como sustancia material, sino de la sustancia divina, el verdadero alimento, y de la bebida, la vida eternamente fluente, el Espíritu, Dios.

Quien toma carne y pescado como comida principal, está insensibilizando paulatinamente su alma para las finas vibraciones cósmicas; la estructura de su cuerpo físico se vuelve más tosca, y el hombre se vuelve más egocéntrico y brutal para con su medio ambiente.

Comprended: si el cuerpo del hombre está acostumbrado a comer carne, no debe dejar esto de un día a otro. Esto sería mortificación, que conduciría a otros abusos. Por esto Moisés hizo concesiones a los hombres, y también Yo, siendo Jesús de Nazaret -como, por ejemplo, en la multiplicación de los peces.

Es mejor que el hombre reconozca sus faltas y debilidades y las pierda paulatinamente mediante la realización de las leyes eternas, que que se mortifique y con ello siga acaso edificando otras cosas contrarias a la ley divina y también inmoralidades.

De quien realice las leyes de Dios se desprenderá paulatinamente, como por sí solo, lo que es humano, es decir no divino. Es una legitimidad: si realizas las leyes de Dios, tu alma se hará más luminosa; tus sentidos se refinarán, y tu ser se volverá desinteresado. Mediante la mortificación, lo humano sólo es reprimido, pero no transformado.

"En verdad, Mi cuerpo es sustancia divina, y éste es el verdadero alimento”, significa: el cuerpo espiritual es energía primaria divina hecha forma. A través de él fluye la vida, la Fuerza primaria -él es alimento y bebida a la vez.

Las palabras, "Dios en Su ira les dio...”, hay que entenderlas como sigue: Dios ha dado a todos los seres espirituales, igual que a todos los hombres y almas, el libre albedrío. Por eso, también cada hombre posee el libre albedrío: cada uno puede aceptar las leyes de la libertad y de la vida y realizarlas -o desestimarlas y también cometer actos contrarios a la ley divina-. Y por ello tendrá que cargar con lo que él haya sembrado.

La buena siembra trae una buena cosecha; la mala siembra, una mala cosecha. Cada hombre puede elegir libremente qué tipo de siembra hace: una buena, una menos buena o una mala. Los frutos que de ella surjan, los cosechará uno mismo, cada cual -y no su prójimo-; cada cual cosechará sólo los frutos de su propia siembra. Muchos hombres, que tienen que cargar con los efectos de sus causas, no saben que éstos son los frutos de su propia siembra y, por consiguiente, opinan que les alcanzó la ira de Dios.

Dios es amor y no se encoleriza.

Dios quita al hombre sus vicios, pero sólo si éste se arrepiente y se los entrega, si los repara y no vuelve a incurrir en ellos. Dios no castiga a Sus hijos. Dios exhorta a Sus hijos de múltiples maneras a que den la vuelta, a que se refinen y ennoblezcan -tanto en las sensaciones, pensamientos, palabras y obras, como también en el tipo de alimentación-. Dios tampoco castiga a Sus hijos, aunque no hagan caso de las múltiples advertencias e indicaciones. Pero quien no quiera escucharlas tendrá que cargar, según la ley de siembra y cosecha, con lo que él mismo haya causado. Dios no ha introducido en la ley de siembra y cosecha la mortificación, sino la transformación de lo inferior en superior.

De manera que las enfermedades y epidemias se basan en el sentir, pensar, hablar y actuar erróneos -y también en una alimentación equivocada y una nutrición animal-. Si un hombre sólo se alimenta de los dones que la Tierra regala a los hombres, pero infringe la ley divina con su sentir, pensar, hablar y actuar, también este hombre está eliminando las fuerzas positivas del alimento -es decir, degradándolas las transforma en fuerzas negativas.

4. "Pues sobre esto está escrito: andarán durante cuarenta y nueve años por el desierto hasta que queden purificados de sus avideces, antes de entrar en la tierra del reposo; sí, siete veces siete años andarán, porque no han conocido Mis caminos, ni cumplido Mis mandamientos. (Cap. 31, 4)

Yo, Cristo, explico, rectifico y profundizo la palabra:

Moisés recibió de Dios la misión de conducir a los israelitas esclavizados, desde Egipto a la tierra prometida, al país de sus padres.

Una gran parte del pueblo que Dios confió a Moisés era obstinada. Por eso Moisés hizo algunas concesiones al pueblo, para conducir a más de uno a través de su obstinación al reconocimiento y a la madurez interna. Les instruyó haciendo énfasis en que estas concesiones no eran leyes de Dios, sino sólo ayudas para que, a través del autorreconocimiento, encontraran el camino de los mandamientos.

Algunos encontraron los mandamientos y los cumplieron; otros fueron fieles a los mandamientos, y así también Moisés y Aarón; pero muchos del pueblo de Israel continuaron pecando a pesar de lo que sabían. Continuaron comiendo carne, bebiendo bebidas fuertes y siguieron sus apetitos y pasiones. Muchos permanecieron fieles a sus ídolos y perseveraron en las costumbres de los egipcios. Durante mucho tiempo el pueblo nómada siguió siendo una muchedumbre sin unidad interna.

Lo que el hombre siembre, es lo que cosechará. Esto fue así también en el caso de los israelitas: murieron a miles en el desierto, de camino hacia la llamada tierra prometida. Sus almas abandonaron la Tierra. Muchos de ellos reconocieron en el ámbito de las almas su conducta errónea, hicieron penitencia y volvieron más libres y luminosos a un nuevo vestido terrenal; pues los israelitas engendraron y dieron a luz yendo de camino a la tierra prometida. De esta forma, el pueblo se multiplicó y regeneró. En el alternar de nacimiento y muerte, cada vez más israelitas aceptaron al Dios único y refinaron sus costumbres. Después de siete veces siete años, sólo pocos de la primera generación quedaron en vestido terrenal, y llegaron a la tierra que les estaba destinada.

Durante estos cuarenta y nueve años, Moisés, el profeta, tuvo que padecer inconcebiblemente. Sufrió por amor al pueblo; oró por el pueblo; luchó con Dios pidiendo clemencia para el pueblo, y pidió a Dios una y otra vez que le dejara hacer concesiones. El pueblo veía a Moisés pero, en último término, no reconoció ni captó quién estaba con ellos en realidad en Moisés. Moisés trajo los Diez Mandamientos e instruyó al pueblo acerca de cómo debían guardarlos, pero muchos no le comprendieron. Muchos oraban y al mismo tiempo pecaban. Muchos hablaban de los Mandamientos de Dios y no los guardaban. Muchos acusaron a Moisés por su conducción, lo llamaron falso profeta o sabio obstinado, porque no les concedía todo lo que esperaban de él. Por el mismo motivo, muchos acusaron también a Dios, permaneciendo no obstante en el rebaño y envenenando una y otra vez el corazón de otros israelitas. Muchos israelitas conservaron su becerro de oro. A más tardar como almas, tuvieron que reconocer que se habían opuesto a Dios y a Moisés, arrepintiéndose de ello -y volvieron a la carne entre los hijos de Israel, estando de nuevo en el éxodo, como lactantes, y luego como jóvenes y adultos-. Cuando tras muchos años los israelitas entraron en la tierra aparentemente prometida, muchos ya no podían acordarse de la salida de Egipto.

Yo, Cristo, el Soberano del Reino de Paz, hablo ahora a los hombres del Nuevo Tiempo que leerán Mi palabra y reflexionarán sobre el pueblo de Dios, que actualmente [1989] vuelve a ser conducido desde su esclavitud al Nuevo Tiempo, el tiempo del Cristo.

En tiempos de Moisés, los israelitas no sólo eran los esclavos de los egipcios, sino que también estaban esclavizados en su forma de pensar. Los otros pueblos estaban igualmente esclavizados, como los israelitas, en su forma de pensar. Los hombres sólo pensaban en sí mismos, acaparaban para sí y vivían en desavenencia con su prójimo.

Luchaban con armas, hombres contra hombres; eran enemigos entre sí, y no hermanos. Luchaban pueblo contra pueblo. Muchos hombres también combatían entre sí con pensamientos contrarios a la ley divina. Se aislaron los unos de los otros mediante odio, enemistad y desavenencias, y se crearon un orden legal, convirtiéndolo en sus leyes. También se limitaron con el "mío y tuyo”, pretendiendo con ello bienes de propiedad para las personas y para su pueblo. Por eso, trazaron fronteras nacionales y controlaron a todos los que querían atravesarlas. Así pues, estaban el uno contra el otro. Quien no respetaba el derecho, la ley del país, quien pensaba o quería vivir de otra forma, era castigado según su infracción -ya fuera con sus bienes, su libertad, o incluso con la muerte.

Los excesos de los hombres eran de muchas clases. Los pueblos del viejo mundo pecaminoso embrutecieron cada vez más. Como en tiempos de Noé, inducían y se dejaban inducir a relaciones amorosas. Eran intemperantes y bebían bebidas fuertes. Mataban a animales y los comían. Ultrajaban a los reinos vegetal y animal. Esto se expandió por todo el mundo -también después de Mi paso por la Tierra.

Durante el cambio del tiempo pecaminoso al Nuevo Tiempo [1989], manipularon a plantas, animales y hombres e hicieron experimentos genéticos con ellos. Engendraron a hijos en las llamadas probetas. Destrozaron a la naturaleza con experimentos atómicos y construyeron reactores atómicos, para producir energía. Contaminaron a los ríos, lagos y mares con sustancias químicas y ocasionaron el que la vida terrestre muriera en gran parte de las aguas.

En todos los pueblos, muchos hombres se olvidaron de la existencia de Dios. Su dios era el provecho propio. Calculaban en años de vida, pues consideraban la existencia terrenal como la única posibilidad de vida. Por eso sólo trabajaban para su provecho, e iban en busca de botín para tomar posesión de lo máximo posible en el tiempo más breve posible, a fin de poder vivir de la manera que les parecía agradable; pues creían que esto era la felicidad. Tenían sus ídolos, aunque rezaban a un Dios. Sus ídolos eran el dinero y los bienes, el prestigio, el poder y los hombres de más alta posición. Lo que luego se produjo en el desarrollo de la humanidad, durante largos espacios de tiempo, mostró formas de aparición similares a las de la vida del pueblo de Israel en los tiempos de Moisés.

Bajo la conducción de Moisés, los israelitas alcanzaron la primera etapa de la tierra prometida. Desde los tiempos de Moisés, la peregrinación de los hombres a la tierra prometida continuó. Generaciones tras generaciones caminaron a través del "desierto mundo”, es decir, de su propio pantano humano. A pesar de todo, cada vez más hombres despertaron a la espiritualidad y salieron así del pantano de su yo humano.

Después de Moisés, y también después de Mi existencia terrenal, Dios, el Todopoderoso, envió una y otra vez a profetas, profetisas y hombres y mujeres includes. Todos ellos fueron para la humanidad anunciadores y amonestadores para el Reino de Dios. Enseñaron el camino al interior y explicaron los mandamientos del Señor, en el lenguaje de las respectivas épocas.

Muchos de estos amonestadores y anunciadores prepararon también el camino a la Tierra al rayo de luz parcial de la Sabiduría divina -la mensajera de Dios que obró en el poderoso cambio de era [1989] y que tenía una misión parecida a las que tuvimos, antaño Moisés y Yo en Jesús de Nazaret.

Yo, Cristo, y el querubín de la sabiduría divina, manifestamos entonces las leyes eternas a través del principio femenino encarnado de la Sabiduría divina y reunimos así al pueblo de Dios, para conducirlo al interior, al Reino de Dios, que está en el interior de cada hombre.

Lo que ocurrió fue nuevamente similar a lo sucedido en los tiempos de Moisés. Aquellos que se dejaron tocar por Dios y -de acuerdo con su consciencia- pudieron entender la palabra de Dios y la conducción a través de Mí, Cristo, se esforzaron -con sólo escuchar la palabra- por recorrer los caminos de Dios. Sin embargo, en el momento en el que tendrían que haber trabajado en sí mismos para cumplir también lo que les había mandado -arrepentirse, perdonar y pedir perdón y no volver a hacer las mismas faltas y los mismos pecados-, muchos se volvieron obstinados; pues no querían ver sus faltas y debilidades y así tampoco purificarlas. Sólo querían escuchar la palabra de Dios y discutir sobre lo que escuchaban, pero siguiendo en sus viejos moldes. Estaban apegados a sus pertenencias y a lo propio y antepusieron el dinero y los bienes a la plenitud de Dios. De manera que dudaron -de modo similar a los hijos de Israel- de la palabra de Dios, y expusieron a la profetisa de Dios a la vergüenza.

Otro grupo de hombres quería retener lo inferior, lo humano, viviéndolo, y al mismo tiempo aspirar también a lo más elevado. Sin embargo, el hombre no puede servir a dos señores, a Mammon [la riqueza] y a Dios. De esto resultaron grandes dificultades y discrepancias.

Otros hombres, a su vez, tapaban sus pensamientos contrarios a la ley divina con palabras hipócritas, fingiendo espiritualidad. Otros hombres, a su vez, hablaban del seguimiento de Cristo y hacían lo opuesto, persiguiendo a los verdaderos seguidores.

Sin embargo, de toda esta mezcolanza multicolor del yo humano, de hipócritas, tergiversadores, calumniadores, escépticos y santurrones, cristalizó paulatinamente el pueblo de Dios:

Hijos e hijas de Dios asumieron conscientemente el seguimiento del Cristo. Eran principalmente de la estirpe de David, que se convirtió en la tribu de David para el Reino de Paz. Su misión de obrar conmigo, Cristo, en la Obra de la Redención, se concretó cada vez más en ellos y les activó.

Junto con su hermana, la profetisa y mensajera de Dios, reunieron a otros hijos e hijas de Dios de la estirpe de David y de las demás estirpes.

De acuerdo con Mis instrucciones, fundaron -como ya ha sido manifestado- los Núcleos Crísticos: receptáculos para todos los hombres que buscan. Enseñaron el camino al corazón de Dios, que fue manifestado por encargo Mío por el querubín de la Sabiduría divina -llamado hermano Emanuel por los hombres-. Para poder cumplir las leyes de Dios en todos los ámbitos de la vida, crearon empresas artesanales y adquirieron granjas. Fundaron jardines de infancia, casas padre-madre, escuelas, clínicas y hogares para personas ancianas. Comenzaron, pues, con la construcción de todo aquello que los hombres necesitaban para el Nuevo Tiempo, y necesitarían en el Nuevo Tiempo. Todas las actividades fundadas y construidas para el Reino de Dios, las hicieron conforme a la ley de Dios, que dice así: ora y trabaja y mantén la paz con tu prójimo.

A través de ellos, fundé la Comunidad Originaria Nueva Jerusalén, que se convirtió en la Comunidad de la Alianza y en la luz central para todas las demás Comunidades Originarias en el Reino de Paz de Jesucristo en formación.

En medio de este tiempo de partida y transición se encontraba la profetisa y mensajera de Dios. Por parte de algunos hombres fue amada y respetada; por otros, despreciada, puesta en duda, calumniada y ridiculizada. Igual que en Mi tiempo de Jesús de Nazaret, los fariseos y escribas volvieron a incitar al pueblo contra Mí, el Espíritu universal, para hacerme callar. ¡En vano! Ellos perecieron -y el Nuevo Tiempo surgió, el Reino de Paz de Jesucristo.

Es muy importante que conste lo siguiente: Mi instrumento, el rayo de luz parcial encarnado de la Sabiduría divina, y muchos hijos e hijas de Dios procedentes de la estirpe de David y de otras estirpes, que se habían reunido alrededor de la luz central, de Mí, Cristo en Dios -Mi Padre-, en la Comunidad de la Alianza, Nueva Jerusalén, resistieron a las tentaciones y ataques de lo satánico. Junto con muchos hombres y mujeres justos, en medio del desmoronamiento paulatino del mundo pecaminoso, comenzaron a fundar el pueblo de Dios, que, a través de generaciones, llegó a ser un poderoso pueblo purificado, en Cristo.

Aconteció como en tiempos de Moisés: las almas se desprendieron de su cuerpo terrenal y volvieron a entrar en cuerpos recién nacidos. Generaciones se fueron, y generaciones nuevas, más luminosas, vinieron a la Tierra. De ellas surgieron paulatinamente el pueblo de Dios purificado y el Reino de Paz de Jesucristo. El pueblo de Dios en formación engendró y dio a luz a hijos, en los que volvieron las almas que ya en la primera y en las posteriores generaciones habían dado algunos pasos en el camino al interior.

Así se formó, en el cambio de las generaciones, el Reino de Paz de Jesucristo, el Reino de Dios en la Tierra purificada y luminosa sobre la que vivís. Lo demoníaco está atado. En y desde los corazones de los bienaventurados irradia el amor desinteresado. Paz y alegría están entre ellos.

5. "Sin embargo, quien come esta carne y bebe esta sangre, está en Mí y Yo en él. Así como Me envió el Padre viviente, del que vivo, igualmente vivirán de Mí los que Me coman a Mí, que Soy la Verdad y la Vida.

6. "Este es el pan vivo bajado del Cielo, que da vida al mundo. No como vuestros antepasados, que comieron maná y murieron. Quien coma este pan y este fruto, vivirá eternamente”. Esto lo dijo enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm. Luego de haberlo oído, muchos de Sus discípulos dijeron: "este es un lenguaje duro, ¿quién puede aceptarlo?” (Cap. 31, 5-6)

Yo, Cristo, explico, rectifico y profundizo la palabra:

"Sin embargo, quien come esta carne y bebe esta sangre, está en Mí y Yo en él”, significa, según su sentido:

Quien vive en el espíritu de Dios, es decir, quien hace la voluntad de Dios, recibe los dones espirituales. Y quien ama más a Dios que a este mundo, vive en Dios y en Mí, el Cristo de Dios; pues el Padre Me envió a Mí, Su Hijo, a los hombres, para que Yo viviera dándoles ejemplo de lo que les hace ricos en el corazón, y les trajera lo que vuelve a elevarles a hijos de Dios: la Redención y la conducción al corazón de Dios.

"...igualmente vivirán de Mí los que Me coman a Mí, que Soy la Verdad y la Vida”, significa:

Cristo vive a través de quien vive en Cristo, y quien vive en Mí da testimonio de la verdad; pues quien procede de la verdad recibe de la verdad, y no tendrá ni hambre ni sed, dado que está en Mí, la Verdad y la Vida. La verdad eterna es el eterno amor de Dios, la ley primaria.

Quien es prisionero del amor egoísta, no puede comprender la absoluta y consecuente ley eterna. Su yo engañoso, el amor egoísta, habla entonces de la dureza de la ley eterna, dado que su yo humano no admite esta ley.

Quien vive en la ley de Dios, dice la verdad, pues ha llegado a ser la verdad. La verdad sólo puede entenderla y aceptarla con alegría el que es justo y serio consigo mismo y con su prójimo. Sin embargo, quien está condicionado por sus conceptos, ideas y opiniones, habla de la dureza de la ley, y del castigo, porque para su propia persona desea ver las cosas -y que sean- de otro modo.

7. Conociendo Jesús que Sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: "¿esto os irrita? Pues, ¿qué sería si vierais al Hijo del hombre subir allí donde estaba antes? El Espíritu es el que da vida, la carne y la sangre no logran nada. Las palabras que os digo son espíritu y son vida.

8. "Pero hay algunos entre vosotros que no creen”. Pues Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién Le traicionaría. Y por eso les dijo: "nadie puede venir a Mí si no le es dado por Mi Padre”.

9. Desde entonces muchos de Sus discípulos se marcharon y ya no Le acompañaban. Entonces dijo Jesús a los Doce: "¿queréis dejarme también vosotros?” (Cap. 31, 7-9)

Yo, Cristo, explico, rectifico y profundizo la palabra:

Comprended, Mis amados hermanos y hermanas que vivís en el Reino de Paz de vuestro hermano Cristo:

Lo que viví y sufrí siendo Jesús de Nazaret, siguió sucediendo en todas las generaciones -hasta que los hombres y la Tierra se volvieron de sustancia material más luminosa.

En el presente libro, "Esta es Mi Palabra”, leéis lo que sucedió repetidas veces en el viejo tiempo satánico.

Comprended: el Reino de Paz de Jesucristo fue fundado y edificado a través de muchas generaciones. Los hombres experimentaron una y otra vez tanto el declive de lo que había sido creado según el espíritu de Dios, como también el nuevo ascenso. Sin embargo, después de cada declive, el Reino de Paz de Jesucristo se levantó más irradiante y perfecto, abarcando, en su luminosidad, más y más al mundo. Pues así como todo es evolución hacia el Eterno, también el Reino de Paz de Jesucristo tuvo su evolución -desde sus comienzos hasta que grandes zonas de la Tierra llegaron a ser de sustancia material luminosa-. Sustancia material luminosa es materia más sutil. En las primeras generaciones de la edificación, después de la fundación, existiendo aún la densidad máxima de la materia, el Satanás de los sentidos sedujo una y otra vez a hombres, para poner su mano en partes de los cimientos del Reino de Paz de Jesucristo.

Lo que está escrito, se ha cumplido: en el transcurso de incontables generaciones, en la Tierra se produjeron dislocaciones de los polos y expansiones. Con ello se refinaron muchas sustancias de la Tierra; alcanzaron grados vibratorios cada vez más altos. De manera que fue quitada, muy paulatinamente, una gran parte de las formas de sustancia gruesa -ocupando su lugar formas más finas y sutiles. De este modo también se transformaron, muy poco a poco, los reinos de la naturaleza y los hombres.

Así todo se sutilizó en la Tierra en el transcurso de innumerables generaciones -hasta que paulatinamente se formó la sustancia material luminosa, una materia más sutil-. Todo lo que en un principio había sido creado, en la materia de sustancia gruesa, para el Reino de Paz de Jesucristo, y la manera en que los hombres y la Tierra se habían refinado, entraron en la capa atmosférica universal y en el nuevo cielo que surgió por el cambio de los planetas y de sus órbitas, y también en el alma de la Tierra, que hizo surgir una nueva Tierra -una Tierra de sustancia material luminosa, una materia más sutil-. Es esta Tierra en vestido de sustancia luminosa, en la que ahora vivís.

En este cambio de los tiempos también se refinaron muchos astros materiales. A consecuencia de esta transformación intensiva global -desde la materia gruesa hasta la sustancia material luminosa de esa materia más sutil- irradian a la Tierra de sustancia material luminosa otro sol y otros astros.

Vosotros, en el Reino de Paz de sustancia material luminosa, ya apenas podéis sentir cómo eran las condiciones y estado de cosas de entonces, pues vuestro vestido terrenal, es decir vuestro cuerpo terrenal, ya no es de materia de sustancia gruesa fuertemente condensada, como lo llevaron los hombres al comienzo del Reino de Paz de Jesucristo, sino de sustancia material luminosa.

Repito: la sustancia material luminosa es una sustancia material más sutil e irradiante. Más de uno de los que leen Mis palabras actualmente [1989] -hallándose en la materia gruesa, al comienzo del Reino de Paz de Jesucristo-, cree ahora que se necesitarán tiempos interminables hasta que el Reino de Paz de Jesucristo esté en pleno florecimiento:

Habéis oído que los astros están transformándose y también la materia gruesa, la Tierra, pues está escrito: "surgirá un nuevo cielo y una nueva Tierra”. Así, también dejará de ser válida la medición del tiempo, tal como la tienen los hombres en la materia gruesa. Habrá otro sol, y astros transformados rodearán a la nueva Tierra. Esto significa que también la llamada cronología será otra. Será calculada por lunas, de manera que el lapso de tiempo de luz de los llamados años terrenales será completamente distinto. El año ya no tendrá los doce meses que tenía para los hombres en el tiempo de la sustancia gruesa, sino tiempos de luz considerablemente más cortos; pues hacia el final del Reino de Paz, los días serán más largos, y las noches de la Tierra de sustancia material luminosa y transparente, mucho más cortas.

Yo os digo: también en la Tierra de sustancia material luminosa habrá todavía regiones de materia más gruesa, denominadas manchas terráqueas. En algunas vivirán aún durante largo tiempo hombres más condensados, que no tendrán el mismo grado de pureza que los hombres bajo el sol directo del Reino de Paz de Jesucristo; pues, como ya se ha manifestado, Mi Padre, que también es vuestro Padre, es gracia, amor y misericordia y permitirá una vez más la presión de lo satánico para conquistar la Tierra. Hacia el final del Reino de Paz, estas manchas terráqueas se extenderán por la Tierra; pero ya no abarcarán toda la Tierra. En ellas el mundo demoníaco podrá medirse una vez más con el mundo divino.

Después vendrá el fin de la Tierra. Se quebrará como una cáscara de nuez -y la Luz Interna, la sustancia sutil, el planeta parcial espiritual surgido de la Jerusalén eterna, se dirigirá hacia el Cielo, y con él todos aquellos que estén traspasados por la luz de la verdad.

Comprended: Mi palabra, que fluyó a través de muchos profetas, no sólo orientó a muchos hombres y almas hacia la Luz Interna, sino también a partes de la sustancia material -a consecuencia de la realización de la ley eterna por parte de muchos hombres.

Desde los acontecimientos de la Caída hubo innumerables períodos de luz, y tiempos interminables, hasta que se hubo cristalizado la materia gruesa; pues ésta fue surgiendo de modo acorde al endurecimiento del corazón de los seres espirituales y de modo acorde a las cargas de las almas y de los hombres.

Comprended: la disolución de la materia y el conducir a los reinos de la Caída de regreso al Reino eterno de Dios no durará, en cambio, tanto tiempo como en su día los acontecimientos de la Caída hasta la formación de la materia gruesa; pues desde los comienzos de la Caída empezó también la conducción de regreso de seres de la Caída y mundos de la Caída. Si pensáis entonces en la duración total de la conducción de regreso, en vuestros pensamientos debéis tener en cuenta todos los períodos de luz y de tiempo, puesto que desde los comienzos de la Caída comenzó ya la conducción de regreso; es decir, desde hace ya incontables espacios de tiempo se va hacia la luz y el Cielo. Esto quiere decir que hasta el Reino de Paz de Jesucristo de sustancia material luminosa y, luego, hasta la disolución de la materia, no habrá ya tantos períodos de luz y de tiempo.

Mis explicaciones y exposiciones en el libro "Esta es Mi Palabra”, fueron copiadas una y otra vez a través de generaciones y elevadas a la lengua de cada respectiva generación. Esto sucedió hasta llegar a la sustancia material luminosa. Mi palabra es verdad -y permanece, porque es eterna-. Sin embargo, la lengua de los hombres fue transformándose, y también el material de los libros.

En los tiempos materiales [1989] el material de los libros era de sustancia gruesa -los hombres lo llamaban papel-. Durante el tiempo de luz, hasta llegar a la sustancia material luminosa, el material del presente libro era acorde a la sustancia material luminosa de cada caso respectivo. En el Reino de Paz de Jesucristo, en la sustancia material luminosa, habrá otras fuentes de luz y materiales distintos de los de los tiempos de la materia gruesa y de los comienzos del refinamiento de la materia. Mi palabra, en cambio, es y ha seguido siendo por siempre la verdad.

Mis hermanos y hermanas en el Reino de Paz de Jesucristo, vosotros leéis acerca de Mi manera de pensar y de Mi vida, siendo Jesús de Nazaret. Comprobáis una y otra vez que cada hombre en cada generación posee el libre albedrío. Ningún hombre y ningún alma han sido o son obligados a la aceptación de la verdad eterna, del viviente SER. Quien ha querido encontrar la verdad interna, ha tenido que caminar hacia su interior y experimentarla en sí mismo y en su vida y vivirla él mismo. De modo que también Yo, en Jesús de Nazaret, de la verdad eterna di sólo testimonio.

Los hombres -de todas las generaciones- que se decidieron claramente a favor de Mí, la Verdad, también permanecieron conmigo, la Verdad y la Vida. Aquellos que no sentían ni frío ni calor, se alejaron de Mí, porque no podían entender Mis palabras. No querían realizar los mandamientos, pues eran de la opinión de que se les tenía que regalar lo que su prójimo llevaba cada día a la práctica: el amor desinteresado, la ley de Dios, la verdad eterna.

En todas las generaciones hubo una y otra vez hombres que no pudieron decidirse en favor de la verdad eterna, que abandonaron Mi rebaño. Formadores de opinión y sabihondos creyeron que la verdad puede comprarse, o ser adquirida con sólo escucharla.

Sin embargo, el pan de los Cielos tuvo que ser comido, y digerido de forma correcta; es decir, la ley de la vida tuvo que ser aceptada con humildad, y realizada. Sólo de esta forma encontraron alma y hombre la vida interna. La realización de las leyes eternas trajo por tanto beneficio espiritual tan sólo a los que se decidieron a favor de la vida en Mí, el Cristo de Dios, y no permanecieron en el pro y el contra, es decir, teniendo actitudes equivalentes una vez al "frío” y otra al "calor”.

A través de generaciones se enseñó la ley del libre albedrío: el hombre sólo encuentra a Dios cuando se decide también en favor de Dios, la Verdad, a base de esforzarse incesantemente en hacer la voluntad de Dios.

El estar a veces a favor y a veces en contra, por parte de muchos hombres que en cierto momento tenían actitudes equivalentes una vez al "calor” y luego al "frío”, facilitó una y otra vez a las tinieblas el penetrar en las filas de los justos. Una y otra vez lo satánico sedujo los sentidos de muchos hombres. Estos comenzaron entonces a dudar de la verdad, y abandonaron a los que eran fieles. Ese estar una vez a favor y luego en contra se prolongó a través de las generaciones, hasta que llegó el tiempo en que sólo pudieron encarnar almas luminosas en el Reino de Paz. Estas tomaron vestido terrenal con la meta de seguir edificando y poblando el nuevo mundo. El Reino de Paz de Jesucristo se formó por tanto en un proceso evolutivo. Como las almas venían al vestido terrenal cada vez más luminosas y pacíficas, cada generación era más luminosa y el Reino de Paz más grande y perfecto.

Comprended: las palabras cambian su significado -pero la verdad permanece-. La palabra que hablé en Jesús de Nazaret y que he manifestado como Cristo de Dios a través de Mi instrumento, es la verdad eterna. Sólo capta la verdad el que se ha encaminado hacia la verdad -adentrándose en el Reino de Dios, que está en lo más interno de cada hombre.

Unicamente es el espíritu de Dios el que llena de vida la palabra, y no el hombre -la carne y la sangre.

En todos los tiempos, en todas las generaciones, ocurrieron cosas iguales y cosas parecidas a las del tiempo en que caminé en vestido terrenal, siendo Jesús. Los unos creían en la palabra de la verdad, y otros a su vez se reían de ella y del que la transmitía. En todos los tiempos hubo hombres que encontraron la verdad y, en todos los tiempos, hombres le volvieron la espalda. Así Me pasó a Mí también, siendo Jesús de Nazaret. Muchos hombres venían a Mí, se hacían discípulos Míos -y a su vez muchos de los discípulos Me abandonaban.

Quien la verdad sólo la escuchó, y no la incorporó en su vida diaria, siguió caminando en las tinieblas, y las tinieblas lo volvieron a coger.

10. Le respondió Simón Pedro: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y tenemos la certeza de que Tú eres Cristo, el Hijo del Dios viviviente”.

11. Jesús les respondió: "¿no os he elegido Yo, a los Doce, y uno es un traidor?” Hablaba de Judas Iscariote, el hijo de Simón el levita; pues ése fue el que más tarde Le traicionó.

12. Iba Jesús hacia Jerusalén y se encontró con un camello, pesadamente cargado con madera. El camello no la podía arrastar monte arriba, y el camellero le golpeaba y maltrataba cruelmente, pero no podía hacer avanzar al animal.

13. Y viéndolo Jesús, le dijo: "¿por qué pegas a tu hermano?” El hombre replicó: "no sabía que fuera mi hermano. ¿No es un animal de carga, hecho para servirme?”

14. Y Jesús dijo: "¿no ha creado el mismo Dios de igual sustancia a este animal y a tus hijos que te sirven?, y ¿no tenéis vosotros el mismo aliento de vida que todos habéis recibido de Dios?”

15. Y el hombre se maravilló mucho de estas palabras. Cesó de golpear al camello y lo liberó de una parte de su carga. Así el camello caminó monte arriba -precediéndole Jesús-, sin detenerse hasta el fin de ese día de viaje.

16. Reconoció el camello a Jesús, por sentir el amor de Dios en El. Y el hombre quiso saber más sobre las enseñanzas, y Jesús le enseñó con gusto, haciéndose él discípulo Suyo. (Cap. 31, 10-16)

Yo, Cristo, explico, rectifico y profundizo la palabra:

Todo es energía. En la irradiación de los hombres reconocí Yo, el Cristo de Dios en Jesús, quién se esforzaba como hombre en vivir haciendo justicia a Dios, y quién, pese a lo que sabía, infringía la ley de la vida.

En Jesús de Nazaret hablé a muchos hombres acerca de la ley de la vida; así también acerca de los animales, los cuales, parecidamente a los hombres, sienten dolor, sufrimiento y alegría. De la misma manera que el hombre no debe estar en contra, sino a favor de su prójimo, también debe estar a favor de los animales y asumir responsabilidad para con ellos, pues ellos sirven al hombre.

Una y otra vez enseñé a los hombres que también los animales son criaturas de Dios, que el hombre no debe menospreciar, sino amar. Quien les pegue y torture, experimentará algún día en su alma y en su cuerpo algo igual o parecido; pues lo que el hombre hace a sus semejantes y a las criaturas, los animales, se lo está haciendo a sí mismo.

Muchos hombres se dieron cuenta de sus brutalidades y comenzaron a realizar Mi enseñanza. Se arrepintieron y acogieron a los animales como amigos suyos. Y más de uno entendió Mis palabras y Me siguió.

Jesús se aparece en el templo y se acaban los sacrificios de sangre. Los acontecimientos espirituales en los días posteriores al fallecimiento físico de Jesús, en Jerusalén y alrededores (1-8)

  1. Sucedió el mismo día, a la hora del sacrificio en el templo. Se apareció entre los tratantes de animales y aves, Uno vestido de blanco, resplandeciente como la luz, llevando en su mano un látigo de siete cuerdas.

  2. Al verlo, los comerciantes y compradores huyeron aterrorizados, y algunos cayeron como muertos al suelo, pues se acordaron de que antes de Su muerte Jesús les había arrojado del recinto del templo de la misma manera.

  3. Y algunos contaron que habían visto a un fantasma, y otros que habían visto al crucificado, y que había resucitado de la muerte.

  4. Y cesaron los sacrificios en el templo aquel día, pues todos tenían miedo de vender o de comprar; y dejaron libres a sus presas.

  5. Y los sacerdotes y ancianos propagaron el rumor de que los que habían contado esto estaban borrachos y no habían visto nada. Pero muchos aseguraron que Le habían visto con sus propios ojos y que habían sentido en sus espaldas los azotes, pero que fueron incapaces de defenderse; pues al intentar algunos más valientes alargar sus brazos, no pudieron agarrar la figura que ellos veían, ni coger el látigo que les golpeaba.

  6. Y desde aquel día éstos creyeron en Jesús, en que había sido enviado por Dios para liberar a los oprimidos y rescatar a los cautivos. Y cambiaron y no pecaron más.

  7. Se apareció también a otros en amor y compasión, y les curaba tocándoles y les liberaba de las manos del perseguidor. Y muchas y parecidas cosas se contaron de El, y muchos decían : "en verdad el Reino de Dios ha venido”.

  8. Y algunos de los que estaban muertos y que se levantaron cuando Jesús resucitó de entre los muertos, se aparecieron y fueron vistos por muchos en la ciudad santa, y un gran temor se apoderó de los malos, mientras que la luz y la alegría llenó el corazón de los justos. (Cap. 86, 1-8)

Yo, Cristo, explico, rectifico y profundizo la palabra.

Mucho de lo que ocurrió durante los días anteriores a Mi regreso al Hogar, al Padre, y que ha sido transmitido, corresponde a la verdad. Algunos hombres Me vieron con los ojos de su alma; otros, a su vez, veían sólo el reflejo de la imagen que su aura pudo atraer de la crónica atmosférica.

Mi vida en Jesús de Nazaret no sólo había penetrado en los corazones de muchos hombres, sino también en la crónica atmosférica, en la que está almacenada una parte de los pensamientos y de la vida de los hombres, y que todavía ejerce su influencia sobre la Tierra. Mi fallecimiento físico puso en mayor movimiento las fuerzas terrenales y astrales. También la crónica atmosférica entró en acción, de manera que algunos hombres Me vieron a través de lo que se reflejaba de la crónica atmosférica; otros, en cambio, cuyo corazón estaba colmado por Mi vida, Me vieron con sus ojos espirituales. A su vez otros vieron, a través de la crónica atmosférica, almas que iban a aquellos niveles de purificación que correspondían a su estado de consciencia como almas.

Mediante Mi sufrimiento y muerte y Mi resurrección, fue incrementada la irradiación en Jerusalén y en las aldeas de los alrededores, en que obré siendo Jesús, de manera que muchos hombres vieron espiritualmente, y muchos pudieron percibir la crónica atmosférica.

Sea manifestado, de modo general: no debe aspirarse a recibir de la crónica atmosférica, sino únicamente a recibir del espíritu de Dios, lo que sólo puede llegar a ser posible mediante la realización y el cumplimiento de las leyes de Dios.



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