27/04/2017

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KRISNHNAMURTI

AFORTUNADO EL HOMBRE QUE NADA ES

Cartas de J. Krishnamurti a una amiga.

Krishnamurti en su ultimo paseo, su pelo como un cometa al viento. India. 1986.

Entre el a? de 1948 y principios de los a?s 60, Krishnamurti era f?ilmente accesible y mucha gente ven? a verle. Las relaciones florec?n en los paseos, en las entrevistas personales, a trav? de cartas. Las cartas que siguen las escribi? a una joven amiga que lleg?herida en cuerpo y mente. Escritas entre Junio de 1948 y Marzo de 1960, revelan una rara compasi? y claridad; se despliegan en ella la ense?nza y el poder curativo; desaparecen la separaci? y la distancia; las palabras fluyen; ni una sola palabra es superflua; la curaci? y la ense?nza son simult?eas.

Sea d?til mentalmente. El poder no radica en la firmeza y en la fuerza, sino en la flexibilidad. El ?bol flexible aguanta el ventarr?. Adquiera el poder de una mente r?ida.

La vida es extra?, tantas cosas ocurren inesperadamente; la mera resistencia no resolver?ning? problema. Uno necesita tener infinita flexibilidad y un coraz? sencillo.

La vida es el filo de una navaja y uno ha de recorrer ese sendero con cuidado exquisito y d?til sabidur?.

La vida es muy rica, tiene tantos tesoros, y nosotros la afrontamos con los corazones vac?s; no sabemos c?o llenar nuestros corazones con la plenitud de la vida. Somos pobres internamente, y cuando se nos ofrecen riquezas, las rechazamos. El amor es algo peligroso, trae consigo la ?ica revoluci? que da completa felicidad. Y as?muy pocos de nosotros somos capaces de amar, pocos queremos amar. Amamos en nuestros propios t?minos, haciendo del amor una cosa comerciable. Tenemos la mentalidad mercantil y el amor no es comerciable, no es un asunto de toma y daca. Es un estado del ser en que se resuelven todos los problemas humanos. Vamos al pozo con un dedal, y as?la vida se vuelve una cosa vulgar, peque? y mezquina.

?Que exquisito lugar podr? ser la tierra, con tanta belleza como hay, tanta gloria, tanta imperecedera hermosura! Estamos atrapados en el dolor, y no nos importa poder salirnos de ?, aun cuando alguien nos est?se?lando una salida.

No s? pero uno est?ardiendo de amor. Hay una llama inextinguible. Uno tiene tanto de ese amor que desea darlo a todos, y lo hace. Es como un r? poderoso que fluye, nutriendo y regando cada ciudad y aldea por las que pasa; se contamina, la suciedad del hombre entra en ?, pero las aguas se purifican pronto y r?idamente prosigue su curso. Nada puede estropear el amor, porque todas las cosas se disuelven en ? -las buenas y las malas, las feas y las bellas. Es la ?ica cosa que tiene su propia eternidad.

?Los ?boles se ve?n tan majestuosos, tan extra?mente impenetrables a las calles asfaltadas y al tr?ico! Sus ra?es se hund?n muy abajo, en lo profundo de la tierra, y sus copas se alargaban a los cielos. Nosotros tenemos nuestras ra?es en la tierra, y tiene que ser as? pero nos adherimos a la tierra; s?o unos pocos se elevan a los cielos. Son las ?icas personas creativas y felices. Las dem? se destruyen y se da?n unas a otras sobre esta tierra tan hermosa -con injurias y tambi? con habladur?s-.

Sea abierta. Viva en el pasado si tiene que hacerlo, pero no luche contra el pasado; cuando el pasado llega, m?elo; no lo aparte de s?ni se aferre a ? demasiado. La experiencia de todos estos a?s, el dolor y la felicidad, los desastres lamentables y los destellos que en usted suscit? la separaci?, la sensaci? de lejan?, todo esto habr? de enriquecerla y agregar?belleza a su vida. Lo que importa es lo que tiene usted en su coraz?; y puesto que eso desborda, lo tiene todo, usted es todo.

Est?alerta a todos sus pensamientos y sentimientos, no deje que ninguno de ellos se escabulla sin que usted lo advierta y absorba su contenido. Absorber no es la palabra, sino ver, ver todo el contenido del pensamiento-sentimiento. Es como entrar en una habitaci? y ver todo el contenido de la misma de una sola vez, su atm?fera y sus espacios. Ver los propios pensamientos y estar atento a ellos, lo vuelve a uno intensamente sensible, flexible y alerta. No juzgue ni condene, s?o est?muy alerta. De la separaci? de las impurezas, surge oro puro.

Ver ?lo que es? resulta muy arduo. ?C?o observa uno claramente? Un r?, cuando se encuentra con una obstrucci?, nunca est?quieto; el r? demuele la obstrucci? por su propio peso, o pasa por encima de ella o encuentra su camino por debajo o alrededor del obst?ulo; el r? nunca est?quieto; no puede sino actuar. Se rebela, si podemos expresarlo as? inteligentemente. Uno debe rebelarse inteligentemente y aceptar inteligentemente ?lo que es?. Para percibir ?lo que es?, tiene que existir el esp?itu de la rebeli? inteligente. A fin de no confundirse, se necesita cierta inteligencia; pero uno est?generalmente tan ansioso por conseguir lo que desea, que se arroja contra el obst?ulo; o se destroza contra ? o queda exhausto en su lucha contra ?. Ver la cuerda como cuerda no requiere valor, pero confundir la cuerda con una serpiente y luego observar, eso s? que requiere valor. Uno tiene que dudar, investigar siempre, ver lo falso como falso. Uno obtiene el poder de ver claramente, mediante la intensidad de la atenci?; ver? usted que ese poder llega. Hay que actuar; el r? jam? deja de actuar, est? siempre activo. Para actuar, uno tiene que hallarse en estado de negaci?; esta negaci? misma trae su propia acci? positiva. Pienso que el problema es ver claramente; entonces esa percepci? misma es la que genera su propia acci?. Cuando hay flexibilidad, no existe el problema de acertar o equivocarse.

Uno tiene que estar muy claro internamente. Le aseguro que entonces todo saldr?bien; sea clara y ver? que las cosas se ordenan correctamente por s?mismas sin que usted haga nada al respecto. Lo correcto no es lo que responde a nuestros deseos. Tiene que haber una completa revoluci?, no s?o en las grandes cosas, sino en las peque?s cosas de todos los d?s. Usted ha tenido esa revoluci?, no vuelva a lo de antes, mant?gase ah? Mantenga la caldera hirviendo-internamente.

Espero que haya pasado una buena noche, que la salida del sol a trav? de su ventana haya sido agradable, y que pueda ver apaciblemente las estrellas nocturnas antes de ir a dormir. Qu?poco conocemos del amor, de su extraordinaria ternura y de su ?poder?, con qu?facilidad usamos la palabra amor; la usa el general, la usa el carnicero; el hombre rico la usa y la usan el muchacho y la muchacha. Pero ?qu?poco saben de ?, de su inmensidad, de su condici? inmortal e insondable! Amar es percibir la eternidad.

Qu?cosa extraordinaria es la relaci?, y con qu?facilidad caemos en el h?ito de una relaci? particular, donde las cosas se dan por sentadas, donde se acepta la situaci? y no se tolera variaci? alguna; no se da cabida a ning? movimiento hacia la incertidumbre, ni siquiera por un segundo. Todo est?tan bien regulado, asegurado, sujeto, que no hay oportunidad ninguna para la frescura, para un claro soplo revivificante de primavera. Esto y m? es lo que llamamos relaci?. Si observamos atentamente, vemos que la relaci? es algo mucho m? sutil, m? r?ido que el rel?pago, m? inmenso que la tierra, porque la relaci? es vida. Nuestra vida es conflicto. Nosotros queremos hacer de la relaci? algo tosco, r?ido y maniobrable. Y as? pierde su fragancia, su belleza. Todo esto surge porque no amamos, y el amor, es, desde luego, lo m? grande de todo, porque en ? tiene que existir la completa entrega de uno mismo.

Lo esencial es la cualidad de lo fresco, de lo nuevo, o de lo contrario la vida se convierte en una rutina, en un h?ito; y el amor no es un h?ito, una cosa aburrida. La mayor? de la gente ha perdido la capacidad de maravillarse. Lo da todo por hecho, y este sentido de seguridad destruye la libertad y la sorpresa de la incertidumbre.

Proyectamos un futuro muy distante, lejos del presente. La atenci? necesaria para comprender, est?siempre en el presente. En la atenci? siempre existe un sentido de inminencia. Tener claridad con respecto a las propias intenciones implica una tarea muy ardua; la intenci? es como una llama, inst?dolo a uno incesantemente a comprender. Sea clara en sus intenciones y ver?que las cosas salen bien. Tener claridad en el presente es todo lo que se necesita, pero no es tan f?il como suena. Uno tiene que desbrozar el campo para la nueva semilla, y una vez que ?ta se planta, su propia fuerza y vitalidad crean el fruto y la semilla siguiente. La belleza externa jam? puede ser permanente, se estropea siempre si no existe el deleite y la dicha internos. Nosotros cultivamos lo externo, y prestamos muy poca atenci? a lo que ocurre bajo la piel; pero lo interno se impone siempre a lo externo. Es el gusano dentro de la manzana el que destruye la frescura de la manzana.

Se requiere gran inteligencia para que un hombre y una mujer que viven juntos se olviden de s?mismos, no se sometan el uno al otro ni se dominen mutuamente. La relaci? es la cosa m? dif?il que hay en la vida.

Qu?extra?mente susceptible es uno a una atm?fera; necesita un ambiente amigable, un sentimiento de atenci? c?ida en el cual pueda florecer libre y naturalmente. Muy pocos tienen esta atm?fera, por eso casi todos est? empeque?cidos, tanto en lo f?ico como en lo psicol?ico. Estoy muy sorprendido de que usted haya sobrevivido sin corromperse en esa atm?fera peculiar. Uno puede ver por qu?no fue usted totalmente destruida, por qu?no se manch? ni se dobleg? en lo externo se adapt? lo m? r?idamente que pudo, y en lo interno se adormeci? Es esta insensibilidad interna la que la salv? Si se hubiera permitido ser sensible, internamente abierta, no hubiera podido soportarlo y entonces habr? existido un conflicto que la habr? quebrantado con las huellas consiguientes. Ahora que est?internamente despierta y clara, no tiene conflicto alguno con la atm?fera que la rodea. Es este conflicto el que corrompe. Usted permanecer?siempre libre de cicatrices si internamente est?muy alerta y despierta y se adapta con afecto a las cosas exteriores.

Los sustitutos pronto se marchitan. Uno puede ser mundano a? cuando posea pocas cosas. El deseo de poder en cualquiera de sus formas -el poder del asceta, el poder de un gran financista, o el del pol?ico, o el del papa- es mundano. El anhelo de poder engendra crueldad y pone ?fasis en la importancia del s?mismo; la agresividad del yo en expansi? es, en esencia, mundanalidad. La humildad es sencillez, pero la humildad cultivada es otra forma del esp?itu mundano.

Muy pocos se dan cuenta de sus cambios internos, de sus retrocesos, conflictos y distorsiones. Incluso si se dan cuenta, tratan de hacerlos a un lado o escapan de ellos. No haga eso. No creo que lo haga, pero hay un peligro en vivir demasiado estrechamente en contacto con los propios pensamientos y sentimientos. Uno tiene que percatarse de ellos sin ansiedad, sin presi? ninguna. En su vida ha tenido lugar la verdadera revoluci?, usted debe estar muy atenta a sus pensamientos y sentimientos ? d?elos salir, no los controle, no los detenga-. D?elos que se viertan hacia afuera, tanto los apacibles como los violentos, pero est?alerta a ellos.

?Est?ocupada con lo que son sus deseos, si es que tiene algunos? El mundo es un buen lugar; nosotros lo hacemos todo para escapar de ? por medio de la adoraci?, de la plegaria, de nuestros amores y temores. No sabemos si somos ricos o pobres, jam? hemos investigado a fondo dentro de nosotros mismos para descubrir ?lo que es?. Existimos en la superficie, satisfechos con tan poco y sinti?donos dichosos o desdichados por cosas tan peque?s. Nuestras mentes mezquinas, y as? consumimos nuestros d?s. No amamos, y cuando lo hacemos es siempre con miedo y frustraci?, con dolor y anhelos.

Estuve pensando en lo importante que es ser inocente, tener una mente inocente. Las experiencias son inevitables, tal vez necesarias; la vida es una serie de experiencias, pero la mente no necesita cargarse con sus propias exigencias acumulativas. Puede lavarse de cada experiencia y mantenerse inocente -sin carga alguna. Esto es importante, de lo contrario la mente nunca puede ser fresca, alerta y flexible. El problema no es ?como? mantener flexible la mente; el ?c?o? es la b?queda de un m?odo, y el m?odo jam? puede traer inocencia a la mente; puede volverla met?ica, pero nunca inocente, creativa.

Comenz?a llover ayer por la tarde, ?y c?o diluvi? durante la noche! Jam? he escuchado nada como esto. Fue como si se hubieran abierto los cielos. Con ello hab? un silencio extraordinario, el silencio de un peso inmenso derram?dose sobre la tierra.

Es siempre dif?il mantenerse sencillo y claro. El mundo adora el ?ito, cuanto m? grande, mejor; cuanto m? grande es el auditorio, m? grande se considera que es el orador; los colosales superedificios, los autom?iles, los aviones y la gente. Se ha perdido la sencillez. Las personas exitosas no son las que est? construyendo un mundo nuevo. Para ser un verdadero revolucionario se requiere un cambio completo de coraz? y mente, ?y que pocos son los que quieren liberarse! Cortamos las ra?es superficiales; pero cortar las ra?es profundas que alimentan la mediocridad, el ?ito, requiere algo m? que palabras, m?odos, compulsiones. Parece haber muy pocos, pero ellos son los verdaderos constructores ? el resto se esfuerza en vano.

Uno se est?comparando perpetuamente a s?mismo con otro, con lo que uno es, con lo que deber? ser, con alguien que es m? afortunado. Esta comparaci? mata realmente, es degradante, pervierte la propia perspectiva de la vida. Y a uno lo han educado en la comparaci?. Toda nuestra educaci? se basa en eso, y del mismo modo nuestra cultura. En consecuencia, hay una perpetua lucha por ser otra cosa que lo que uno es. La comprensi? de lo que uno es, descubre la creatividad, pero la comparaci? genera competencia, crueldad, ambici?, lo cual pensamos que produce progreso. El progreso s?o ha conducido hasta ahora a m? guerras despiadadas y desdichas de las que el mundo haya conocido jam?. La verdadera educaci? consiste en educar a los hijos sin comparaci? alguna.

Parece extra? estar escribiendo, parece tan innecesario. Lo que importa est? aqu?y usted est? all? Con las cosas reales es siempre as? es tan innecesario escribir sobre ellas o hablar de ellas; y en el mismo acto de escribir o hablar, sucede algo que las corrompe, que las estropea. ?Hay tantas cosas que se dicen aparte de la cosa real! Este impulso de realizarse que arde en tanta gente, en peque? medida y en gran medida? Este impulso puede satisfacerse de un modo u otro, y con la satisfacci?, las cosas m? profundas se desvanecen. Eso es lo que ocurre en la mayor? de los casos, ?no es as? La satisfacci? del deseo es un asunto muy insignificante, por placentero que pueda ser. Pero con la satisfacci? del deseo, como ?te contin? satisfaci?dose a s?mismo, sobrevienen la rutina, el aburrimiento, y la cosa real desaparece. Es esta cosa real la que tiene que perdurar, y la maravilla de eso es que lo hace as?si uno no piensa en satisfacerse, sino que ve las cosas exactamente como son.

Muy raramente estamos solos; siempre con la gente, con pensamientos que se agolpan en nosotros, con esperanzas que no han sido satisfechas o que van a serlo, con recuerdos. Es esencial que el hombre est?solo para no ser influido, para que ocurra en ? algo incontaminado. Para esta soledad creativa parece no haber tiempo, hay demasiadas cosas por hacer, demasiadas responsabilidades, etc. Se vuelve una necesidad aprender a estar quieto, a encerrarse uno en su habitaci?, a dar un descanso a la mente. El amor es parte de esta soledad. Ser sencillos, claros, estar internamente quietos, es tener esa llama.

Puede que las cosas no sean f?iles, pero cuanto m? le pide uno a la vida, m? temible y dolorosa se vuelve ?ta. Vivir sencillamente, libre de influencias, aunque todo y todos est? tratando de influir sobre uno, vivir libre de los cambiantes estados de ?imo y de las exigencias en constante variaci?, no es f?il, pero sin una vida profundamente quieta en lo interno, todas las cosas son vanas e in?iles.

?Que claro es el cielo azul, qu? vasto, intemporal y sin espacio! La distancia, el espacio es una cosa de la mente; el aqu?y el all?son hechos, pero se convierten en factores psicol?icos con el impulso del deseo. La mente es un fen?eno extra?. Tan compleja y, no obstante, tan simple en esencia. Se vuelve compleja por las m?tiples compulsiones psicol?icas. Esto es lo que ocasiona conflicto y dolor: la resistencia y las adquisiciones. Es arduo estar atento y dejarlas pasar de largo sin quedar enredado en ellas. La vida es un r? inmenso que fluye. La mente atrapa en su red las cosas de este r?, descartando y reteniendo. No tiene que haber red. La red es del tiempo y del espacio; la red es la que crea el aqu?y el all? la dicha y la desdicha.

El orgullo es una cosa extra?; orgullo en las cosas peque?s y en las grandes cosas; orgullo en nuestras posesiones, en nuestros logros, en nuestras virtudes; orgullo de la raza, del nombre y de la familia; orgullo en la capacidad, en la apariencia, en los acontecimientos. Hacemos que todas estas cosas alimenten el orgullo, o escapamos hacia la humildad. Esta no es el opuesto del orgullo -sigue siendo orgullo, s?o que lo llamamos humildad; la conciencia de ser humilde es una forma de orgullo. La mente tiene que ser ?algo?, lucha por ser esto o aquello, nunca puede hallarse en un estado de ser nada. Si la nada es una nueva experiencia, entonces la mente debe tener esa experiencia -el intento mismo de hallarse silenciosa es otra adquisici? m?. La mente tiene que ir m? all? de todo esfuerzo. S?o entonces?..

Nuestros d?s est? tan vac?s que se llenan con actividades de toda clase: negocios, especulaci?, meditaci?, pena y alegr?. Pero a pesar de todo esto, nuestras vidas est? vac?s. Desp?ese a un hombre de la posici?, del poder o del dinero, y ?qu?es ?? Externamente, ten? toda esa ostentaci?, pero internamente es superficial, est?vac?. Uno no puede tener ambas riquezas, la interna y las otras. La plenitud interna importa mucho m? que lo externo. Uno puede ser defraudado por lo externo, los acontecimientos externos pueden destrozar lo que hemos construido cuidadosamente; pero las riquezas internas son incorruptibles, nada puede afectarlas, porque no han sido producidas por la mente.

El deseo de realizarse es muy fuerte en la gente, que lo persigue a cualquier costo. Esta realizaci? personal, en todas las formas y en cualquier direcci?, es lo que nos sostiene a la inmensa mayor? de nosotros; si fracasamos en una direcci?, tratamos de realizarnos en otra. Pero ?existe una cosa como la realizaci?? El realizarse puede traer consigo cierta satisfacci?, pero ?ta se desvanece pronto y otra vez estamos a la caza de algo nuevo. En la comprensi? del deseo llega a su fin todo el problema de la realizaci?. El deseo implica esfuerzo por ser, por devenir, y con la terminaci? desaparece la lucha por realizarse.

En las monta?s uno tiene que estar solo. Debe ser encantador tener lluvia en medio de las monta?s y ver caer las gotas en el pl?ido lago. Sentir como brota el olor de la tierra cuando llueve, y despu? escuchar el croar de las numerosas ranas. Hay un extra? encantamiento en los tr?icos cuando llueve. Todo queda ba?do y limpio; la lluvia lava el polvo sobre la hoja; los r?s reviven y se oye el ruido de los torrentes. Los ?boles lanzan brotes verdes, done hab? tierra desnuda surge la nueva hierba silvestre; miles de insectos salen de ninguna parte y el suelo reseco se alimenta y la tierra se ve satisfecha y en paz. El sol parece haber perdido su cualidad penetrante y la tierra se ha vuelto verde, un lugar de belleza y abundancia. El hombre sigue labrando su propia desdicha, pero la tierra es rica una vez m? y hay encantamiento en el aire.

Es extra? c?o casi todos desean reconocimiento y alabanza -ser reconocidos como un gran poeta, como un fil?ofo, algo que incremente el propio ego. Eso produce una gran satisfacci?, pero significa muy poco. El reconocimiento nutre la propia vanidad y tal vez el propio bolsillo. Y despu? ?qu? Eso lo pone a uno aparte de los dem?, y la separaci? engendra sus propios problemas en aumento permanente. Aunque pueda darnos satisfacci?, el reconocimiento no es un fin en s?mismo. Pero casi todos est? atrapados en el anhelo de ser reconocidos, de realizarse, de lograr esto o aquello. Y entonces es inevitable el fracaso con la desdicha que lo acompa?. Lo que verdaderamente importa es estar libres tanto del ?ito como del fracaso. Desde el principio mismo no buscar un resultado, hacer lo que uno ama; y el amor no tiene recompensa ni castigo. Si hay amor, esto es realmente muy sencillo.

Qu?poca atenci? prestamos a las cosas que nos rodean, qu?poco las observamos y consideramos. Estamos tan concentrados en nosotros mismos, tan ocupados con nuestras ansiedades, con nuestros propios beneficios, que no tenemos tiempo para observar y comprender. Esta ocupaci? hace que nuestra mente se embote y se fatigue, que se llene de frustraci? y dolor. Y entonces queremos escapar del dolor. En tanto est?activo el yo, tiene que haber fatiga, torpeza y frustraci?. La gente est?atrapada en una carrera loca, en la desdicha del dolor egoc?trico. Este dolor es profunda irreflexi?. Los que son reflexivos, los que se hallan despiertos y alertas, est? libres de este dolor.

Qu?bello es un r?. Un pa? que no tiene un r? rico amplio, ondulante, no es un pa? en absoluto. Sentarse en la orilla de un r?, y dejar que las aguas fluyan al lado de uno, observar las suaves ondas y escuchar c?o ba?n las m?genes; ver a las golondrinas cuando tocan la superficie y atrapan insectos; y en la distancia, al otro lado del r?, en la orilla opuesta, escuchar voces humanas o a un muchacho que toca la flauta en un tranquilo atardecer, acalla todo el ruido que a uno lo rodea. De alg? modo, las aguas parecen purificarlo a uno, limpian el polvo de los recuerdos de ayer, y dan a la mente esa cualidad que es su propia pureza, tal como el agua es, en s? misma, pura. Un r? lo recibe todo -las alcantarillas, los cad?eres, la suciedad de las ciudades por las que pasa ? y no obstante se limpia a s?mismo de todo eso a las pocas millas. Lo recibe todo y permanece siendo ? mismo, sin preocuparse de distinguir lo puro de lo impuro. Son s?o las charcas, las pozas peque?s las que se contaminan pronto, porque no est? vivas, porque no fluyen como los amplios, dulcemente arom?icos r?s ondulantes. Nuestras mentes son peque?s charcas que pronto pierden su pureza. En esta peque? charca llamada mente, la que juzga, sopesa, analiza -y con todo, permanece siendo la peque? poza de irresponsabilidad que es.

El pensamiento tiene una ra? o ra?es, el pensamiento mismo es la ra?. La reacci? debe existir, o de lo contrario hay muerte; pero el problema consiste en ver que esta reacci? no extienda su ra? dentro del presente o del futuro. El pensamiento est? obligado a surgir, pero es esencial advertirlo y terminar con ? inmediatamente. Pensar sobre el pensamiento, examinarlo, jugar en torno a ?, es extenderlo, arraigarlo. Es realmente importante comprender esto. Ver c?o la mente piensa acerca del pensamiento, es reaccionar al hecho. La reacci? es tristeza, etc. Comenzar a sentirse triste, pensar en el regreso futuro, contar los d?s, etc. es dar ra?es al pensamiento acerca del hecho. As?la mente echa ra?es, y despu? el arrancarlas se vuelve otro problema m?, otra idea. Pensar en el futuro es echar ra?es en el suelo de la incertidumbre.

Estar realmente solos, no con los recuerdos y los problemas de ayer sino solos y dichosos, estar solos sin ninguna compulsi? externa ni interna, es permitir que la mente permanezca sin interferencia alguna. Estar solos. Tener la cualidad del amor hacia un ?bol, estar a solas con ?, protegerlo. Estamos perdiendo el sentimiento por los ?boles, y as? estamos perdiendo el amor por el hombre. Cuando no podemos amar la naturaleza, no podemos amar al hombre. Nuestros dioses se han vuelto muy peque?s y mezquinos, y as?es nuestro amor. Nuestra existencia es mediocre, pero est? los ?boles, los cielos abiertos y las inextinguibles riquezas de la tierra.

Usted tiene que tener una mente clara, una mente libre que no est? atada a cosa alguna, esto es esencial; y uno no puede tener una mente clara, penetrante, si hay temor de alguna clase. El miedo traba la mente. Si la mente no se enfrente a los problemas que ella misma ha creado, no es una mente clara, profunda. Afrontar las propias peculiaridades, darnos cuenta de nuestros impulsos internos, reconocer todo esto sin ninguna resistencia, es tener una mente profunda y clara. S?o entonces puede haber una mente sutil, no s?o aguda. Una mente sutil no se apresura; vacila. No es una mente que saca conclusiones, que emite juicios o formulaciones. Esta sutileza es fundamental. La mente tiene que saber escuchar y esperar, moverse con lo profundo. Esto no es para lograrse al final, sino que esta cualidad de la mente tiene que estar ah?desde el principio mismo. Usted puede tenerla, conc?ale una plena y profunda oportunidad de florecer.

Penetrar en lo desconocido, no dar nada por sentado, no suponer nada, estar libres para descubrir; s?o entonces puede haber hondura y comprensi?. De lo contrario, uno permanece en la superficie. Lo que importa no es comprobar o refutar un punto, sino descubrir la verdad. La verdad del cambio se comprende s?o cuando existe ?lo que es?. ?Lo que es? no es diferente del pensador. El pensador es ?lo que es?, no est? separado de ?lo que es?.

No es posible hallarse en paz si hay cualquier clase de deseo, cualquier esperanza de alg? estado futuro. El sufrimiento es lo que sigue al deseo, y la vida est?generalmente llena de deseos; incluso alimentar un solo deseo lleva a incesante desdicha. Porque el liberarse de ese ?ico deseo, aun el saber que ese deseo requiere atenci?, es para la mente un asunto bastante serio. Cuando lo descubra no deje que se convierta en un problema. Prolongar el problema es permitirle que eche ra?es. No deje que se arraigue. El ?ico deseo es el ?ico dolor. Oscurece la vida; hay frustraci? y angustia. S?o est?atenta al deseo y sea sencilla al respecto.

A trav? de esta finca pasa un arroyo. No es un agua tranquila que corre apaciblemente hacia el gran r?, sino un torrente animado y ruidoso. Toda esta regi? que nos rodea aqu? es cerril, el torrente tiene m? de una cascada y en un lugar hay tres cascadas a diferentes profundidades. La m? elevada es la que hace el ruido, es la m? audible, las otras dos no se aprecian pero se escuchan en un tono menor. Estas tres cascadas est? distintamente espaciadas, de modo que el movimiento del sonido es constante. Uno tiene que prestar atenci? para escuchar la m?ica. Es una orquesta tocando en medio de las huertas, bajo los cielos abiertos. La m?ica est?ah? Uno tiene que descubrirla, tiene que prestar atenci?, tiene que acompa?r el fluir de las aguas para escuchar su m?ica. Uno tiene que ser lo total a fin de escucharla -los cielos, la tierra, los alt?imos ?boles, los verdes campos y las r?idas aguas. S?o entonces la escuchar? Pero todo esto es demasiada molestia; uno va, compra un boleto y se sienta en una sala rodeado por la gente, y la orquesta toca y alguien canta. Ellos hacen todo el trabajo por uno; alguien compone una canci?, la m?ica, otro toca y canta, y uno paga por escuchar. Todo en la vida, excepto para unas pocas cosas, es de segunda, tercera o cuarta mano -los dioses, los poemas, la pol?ica, la m?ica. Y as? nuestra vida es vac?. Estando vac? tratamos de llenarla -con la m?ica, con los dioses, con el amor, con formas de escape, y el mismo llenar la vida es el vaciarla. Pero la belleza no es para comprarse. Pocos son, pues, los que anhelan la belleza y bondad, y el hombre se satisface con cosas de segunda mano. Desechar todo eso es la ?ica y verdadera revoluci?; s?o entonces surge lo creativo de la realidad.

Es extra? c?o el hombre insiste en la continuidad de todas las cosas; en las relaciones, en la tradici?, en la religi?, en el arte. No hay un desprenderse de todo y empezar otra vez de nuevo. Si el hombre no tuviera un libro, ni un l?er, ni a alguien a quien copiar o seguir como ejemplo, si estuviera completamente solo, despojado de todo su conocimiento, tendr? que comenzar desde el principio. Por supuesto, este completo despojarse uno mismo de todo, tiene que ser absoluta y plenamente espont?eo y voluntario; de otro modo puede uno enloquecer o forzarse hacia alg? tipo de neurosis. Como solamente muy pocos parecen ser capaces de afrontar esta completa soledad, el mundo contin? con la tradici? -en su arte, en su m?ica, su pol?ica, sus dioses- lo cual engendra perpetua desdicha. Esto es lo que realmente ocurre en el mundo. No hay nada nuevo, s?o oposici? y contra oposici? -en la religi? contin? la vieja f?mula del dogma y el temor; en las artes est?el esfuerzo por encontrar algo nuevo. Pero la mente no es nueva, es la misma mente vieja agobiada por la tradici?, el miedo, el conocimiento y la experiencia, esforz?dose en pos de lo nuevo. Es la mente misma la que debe desnudarse totalmente para que lo nuevo sea. Esta es la verdadera revoluci?.

El viento est? soplando desde el sur, hay nubes oscuras y lluvia, todo sigue adelante, extendi?dose y renov?dose sin cesar.

El granjero que vive cerca de aqu? ten? un hermoso conejo, vivaz y saltar?. Su esposa se lo trajo, y una de las mujeres dijo: ?No puedo mirar,? y el hombre lo mat? y unos minutos despu? eso que estaba vivo, con una luz en sus ojos, era despellejado por las mujeres. Aqu?como en otras partes del mundo, est? acostumbrados a matar animales, la religi? no les proh?e hacerlo. En la india, donde por siglos a los ni?s se les ense? -al menos en el sur, entre los brahmines ? a no matar, lo cruel que es matar, hay muchos ni?s que, cuando crecen, est? obligados por las circunstancias a cambiar su cultura de la ma?na a la noche; comen carne, se convierten en oficiales de las fuerzas armadas para matar y ser muertos. De la ma?na a la noche cambian sus valores. Un patr? particular de cultura con siglos de existencia se destruye, y uno nuevo ocupa su lugar. El deseo de estar seguros, en una forma u otra, es tan dominante que la mente se ajustar? a cualquier patr? que pueda darle certidumbre y seguridad. Pero la seguridad no existe; y cuando uno realmente comprende esto, hay algo por completo diferente que crea su propio estilo de vida. Esa vida no puede comprenderse ni copiarse; todo lo que uno puede hacer es comprender, advertir claramente los h?itos de seguridad, lo cual trae consigo su propia libertad.

La tierra es hermosa, y cuanto m? sensible y perceptivo es uno a ella, m? hermosa es. El color, las variedades de verdes, los amarillos. Es asombroso lo que uno descubre cuando est?a solas con la tierra. No s?o los insectos, los p?aros, la hierba, las variedades de flores, las rocas, los colores y los ?boles, sino los pensamientos, si es que uno los ama. Jam? estamos a solas con nada. Ni con nosotros mismos ni con la tierra. Es f?il estar a solas con un deseo; no resistirlo mediante un acto de la voluntad, no dejarle que escape a trav? de alguna acci?, no permitir que se satisfaga, no crear su opuesto por la justificaci? o la condena, sino estar a solas con ?. Esto genera un estado muy extra? sin acci? alguna de la voluntad. Es esta voluntad la que crea resistencia y conflicto. Estar a solas con un deseo, produce una transformaci? en el deseo mismo. Juegue con esto y descubra lo que ocurre; no fuerce nada, s?o consid?elo tranquilamente.

?La educaci?? ?Qu?entendemos por educaci?? Aprendemos a leer y escribir, adquirimos una t?nica necesaria para ganarnos la vida, y despu? se nos lanza al mundo. Desde la infancia nos dicen qu?debemos hacer, qu?debemos pensar; y en lo interno estamos profundamente condicionados por lo social y por la influencia del ambiente.

Estuve pensando si podemos educar al hombre en lo externo pero dejando el centro libre. ?Podemos ayudar al hombre a liberarse internamente y estar siempre libre? Porqu? es s?o en libertad que puede ser creativo y, por tanto, feliz. De lo contrario, la vida se convierte en un asunto tortuoso, una batalla interna y, por consiguiente, externa. Pero estar libres internamente requiere una atenci? y una sabidur? asombrosas; y pocos son los que ven la importancia de esto. Nos interesamos en lo externo, no en la creatividad. Pero para cambiar todo esto, tiene que haber al menos unos pocos que comprendan la necesidad de este cambio, que est? dando origen a esta libertad dentro de s?mismos. En ?te un mundo muy extra?.

Lo que importa es un cambio radical en el nivel inconsciente. Ninguna acci? consciente de la voluntad puede afectar el inconsciente. Como lo consciente no puede afectar las b?quedas, los deseos y los instintos inconscientes, la mente consciente tiene que serenarse, aquietarse, y no tratar de forzar al inconsciente para que se amolde a alg? patr? particular de acci?. El inconsciente tiene su propio patr? de acci?, su propia estructura dentro de la cual funciona. Esta estructura no puede ser rota por ninguna acci? externa, y la voluntad es un acto externo. Si esto se ve y se comprende de verdad, la mente externa se aquieta; y a causa de que no hay una resistencia establecida por la voluntad, uno descubrir?que el denominado inconsciente comienza a liberarse a s?mismo de sus propias limitaciones. S?o entonces hay una transformaci? radical de todo el ser del hombre.

La dignidad es una cosa muy rara. Un cargo o una posici? de respeto, otorgar dignidad. Es como ponerse encima un abrigo. El abrigo, el traje, el puesto, dan dignidad. Un t?ulo o una posici? dan dignidad. Pero desn?ese al hombre de estas cosas, y muy pocos tienen esa condici? de dignidad que surge cuando uno est? internamente libre, cuando en lo interno es como la nada. Ser algo o alguien es lo que el hombre anhela, y ese algo le da una posici? respetable en la sociedad. Pone al hombre en alguna clase de categor? -inteligente, rico, un santo, un f?ico; pero si ? no puede ser puesto en una categor? que la sociedad reconoce, es una persona exc?trica. La dignidad no puede asumirse ni cultivarse, y estar consciente de la propia dignidad es estar consciente del propio yo, que es tan peque? y mezquino. Ser verdaderamente nada, es estar libre de esa idea misma. Esa es la verdadera dignidad, no el pertenecer a un estado o a una condici? particular. Esta dignidad no nos la pueden quitar, est?siempre ah?

El verdadero estado de percepci? alerta en permitir que la vida fluya libremente, sin que quede ning? residuo. La mente humana es como un tamiz que retiene algunas cosas y deja pasar otras. Lo que retiene, es la medida de sus propios deseos; y los deseos, por profundos, vastos o nobles que sean, son peque?s, son mezquinos, porque el deseo es cosa de la mente. La completa atenci? implica no retener cosa alguna, sino poseer la libertad de la vida, que fluye sin restricci? ni preferencia alguna. Siempre estamos reteniendo o eligiendo las cosas que significan algo para nosotros, y aferr?donos perpetuamente a ellas. A esto lo llamamos experiencia, y a la multiplicaci? de experiencias la llamamos riqueza de la vida. La experiencia que queda, que uno retiene, impide ese estado en que no existe lo conocido. Lo conocido no es el tesoro, pero la mente se aferra a eso, con lo cual destruye o profana lo desconocido.

La vida es una cosa extra?. Afortunado el hombre que nada es.

Somos, al menos lo es la mayor? de nosotros, criaturas que nos caracterizamos por nuestros estados de ?imo y por la manera en que estos var?n. Pocos escapamos de ello. En algunos, la causa es la condici? corporal, en otros un estado mental. Nos gusta este estado cambiante, pensamos que este movimiento del ?imo forma parte de la existencia. O uno simplemente flota a la deriva, de un estado de ?imo a otro. Pero hay unos pocos que no est? presos en este movimiento, que se hallan libres de la batalla del devenir, de modo tal que internamente existe una firmeza que no es producto de la voluntad, una estabilidad que no es cultivada, que no es la estabilidad del inter? concentrado ni es producto de ninguna de estas actividades. Llega a uno ?icamente cuando cesa la acci? de la voluntad egoc?trica.

El dinero estropea a la gente. El rico posee una peculiar arrogancia. Con muy pocas excepciones, en todos los pa?es, los ricos tienen esa atm?fera peculiar de poder doblegarlo todo a su antojo, incluso a los dioses ? y ellos pueden comprar sus dioses. La capacidad le confiere el hombre una extra? sensaci? de libertad. Tambi? siente que est? por encima de otros, que es diferente; todo esto le da un sentimiento de superioridad; se sienta c?odamente y observa como otros se retuercen; olvida su propia ignorancia, la oscuridad de su propia mente. Despu? de todo, el escape es una forma de resistencia, la cual engendra sus propios problemas. La vida es una cosa extra?. Afortunado el hombre que nada es.

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