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LA ILUMINACIÓN ESPIRITUAL
ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES | DIOS TODO Y ETERNO | AMOR - VERDAD - LIBERTAD - VIDA | 1997 - 2017
LA ILUMINACION ESPIRITUAL
ESPIRITUALIDAD SIN RELIGIONES
LOS TRES PILARES DEL SIKHISMO

AMOR Y DESAPEGO II

ROBERTO WEISS

02/02/2017

Grafica 'Amor y desapego II' Categoria 'Ego' Palabra 'Ego'

CATEGORIA N° 458: EGO

Ego y Ego

EL DESAPEGO

Se debe destruir un apego en forma desapegada. Es decir no tiene sentido sustituir un apego por otro, o desapegarse de algo solamente porque se está apegado a otra cosa. Tome el ejemplo de un fumador que se desapega del cigarrillo porque no le alcanza el dinero para comprar la cocaína que también le gusta. En el caso de que el componente faltante sea el desapego, el resultado es directamente negativo. No se cristaliza lo que el espíritu requiere para "crecer" sino por el contrario, el resultado de este trabajo bloquea el avance del espíritu, y lastimosamente el logro del esfuerzo hecho en la dirección equivocada es equivalente a un obstáculo físico al cual hay que quitar del camino antes de seguir avanzando. Si tomamos el camino en forma literal, el equivocarnos y tomar una dirección equivocada nos lleva necesariamente a desandar el camino recorrido en forma equivocada, hasta el punto en retomamos el camino correcto. Para tomar nuevamente el ejemplo del tenis si nuestro deportista confunde tenis con raquetbol (La técnica del Raquetbol arruina a la técnica del Tenis y son deportes no compatibles) y entrena con mucho ahínco raquetbol y al cabo de 6 meses es un excelente jugador de este deporte, su habilidad tenística no solamente se habrá estancado sino que habrá tenido un retroceso terrible. Para recuperarse de este retroceso el deportista deberá desaprender todo lo aprendido en el otro deporte antes de comenzar su entrenamiento tenístico nuevamente.

En el plano espiritual lo que ocurre es que la fuerza de voluntad realmente fue entrenada y el entrenamiento siguió una pauta marcada por la conciencia de sí que nos indica cual es el camino para el mejor desarrollo pero como el entrenamiento no cuenta con el componente del desapego, toda la fuerza nueva adquirida va dirigida a reforzar el nuevo apego que tenemos. El resultado es que aumenta nuestro apego y nuestra capacidad de defenderlo como algo positivo. Para unirnos al universo habíamos dicho que necesitamos deshacernos de los límites que no imponemos nosotros mismos (apego) así que el primer trabajo a realizarse para seguir avanzando sería desmontar la fuerza que sostiene a ese apego. Solo entonces estaremos en condiciones de continuar avanzado.

En cuanto a los requisitos necesarios para trabajar, podemos disponer de todos ellos, pero en línea general, dispondremos de ellos solo en forma parcial cuando somos seres espirituales medianamente desarrollados, y solo a medida que aumente nuestro nivel, nuestra capacidad de usar estos elementos para progresar también aumentará.

El tercer elemento requiere una especial atención, ya que dada nuestra situación precaria como seres espirituales, es poco probable que podamos desapegarnos de buenas a primeras. Siempre estamos apegados a algo. Ya que no podemos desapegarnos totalmente, por lo menos apeguémonos a algo que sea un objeto de apego menos direccionado a satisfacer nuestros deseos. Específicamente podemos hablar del apego a otra persona pero en forma indirecta. Es lo que normalmente llamamos amor. Es decir que lo que hacemos lo hacemos para satisfacer al ser amado, pues la satisfacción del ser amado es lo que nos satisface a nosotros. Podemos practicar la fuerza de voluntad para ceder al ser amado la parte física del universo que "nos corresponde" y al cual estamos apegados, pues asumimos que el ser amado será más feliz de este modo. Llámese a esta cesión de nuestro "derecho" la cucharada de helado extra, o el último chocolate de la caja, el único pan que queda, el único abrigo que tenemos, un masaje reconfortante, etc. El desapego es una parte importante de muchas doctrinas religiosas. Como puede verse, lo que en unas doctrinas es llamado desapego, en otras es llamado amor.

La relación entre amor y el mundo físico, es que este último es necesario para poder entrenar la fuerza de voluntad y el desapego que nos permite a aumentar nuestra sensación de unión con la persona amada. En niveles de conciencia básicos, es necesario un obstáculo al cual oponer la fuerza de voluntad, a fin de que esta pueda desarrollarse. A partir de cierto nivel, tenemos la capacidad de seguir avanzando sin tener que utilizar herramientas básicas, pero hasta alcanzar este nivel, visitamos el universo físico a fin de aumentar paulatinamente nuestro nivel. A medida que vamos avanzando en el arte de amar, va creciendo nuestra capacidad de amar paralelamente con nuestra fuerza de voluntad. Esta fuerza de voluntad es lo que requerimos para desprendernos de los vínculos que nos amarran y no nos permiten tomar conciencia de nuestra pertenencia a la Unidad.

Como cualquier otra fuerza que tenemos, la fuerza de voluntad también tenemos que entrenarla. La repetición de actos de desapego nos da una mayor fuerza de voluntad para continuar con mayores actos de desapego.

Un efecto secundario de este acto de amor es el sufrimiento que acarrea, pero no es al revés. Es decir, no estamos aquí para sufrir, sino que el sufrimiento es solo un efecto secundario, así como las agujetas no son el objetivo de hacer ejercicios físicos, sino su consecuencia, cuando uno no está acostumbrado a ellos. A medida que uno va entrenando, las agujetas dejan de aparecer. Así mismo, en el espíritu que va progresando en el arte de amar, el sufrimiento es cada vez menos frecuente. Que un niño tenga que ceder su helado a la hermana es razón suficiente para un berrinche, pero no lo es para un hombre cediéndoselo a la esposa.

Este entrenamiento del espíritu, esta fuerza de voluntad se cristaliza en nosotros. Con el tiempo, dejamos de ver el ceder el helado o el último chocolate como un sacrificio, sino que es un placer cedérselo al ser amado. Esto ocurre porque ya no estoy cediéndole a otro sino que lo ofrezco a mí mismo. Al parecer, desapegarse significa en realidad desapegarse de los límites que nosotros mismos nos imponemos. Al desaparecer el límite con la persona amada, no puedo apegarme a un chocolate y no dárselo. Que lo coma esta o yo es exactamente igual, ya que somos uno solo. El otro deja de ser tal y somos uno solo. En ese momento, deja de existir el sacrificio. Nos damos cuenta de nuestra unidad con el ser amado. Esta toma de conciencia es nuestro objetivo, pero a escala universal.

La fuerza de voluntad es lo que se cristaliza en nuestro espíritu, y lo que le permite con el aprendizaje obtenido en el mundo físico trabajar en la toma de conciencia de su unidad con Dios, tener una percepción de su Divinidad. Paralelamente al aprendizaje de toma de conciencia, la fuerza de voluntad que ganamos como seres físicos, cristaliza en nuestro espíritu. El ejercicio de amor (o desapego) que realizamos en el universo físico nos une a nuestros semejantes, y al mismo tiempo nos da una fuerza de voluntad que se cristaliza en nosotros y permanece en nuestro espíritu más allá de la muerte física. Nuestro espíritu utiliza esta fuerza de voluntad ganada en el mundo físico para a su vez desapegarse de aquello a lo que se siente apegado y que es su impedimento principal para incrementar la conciencia de su unidad con el universo. A mayor amor, mayor comunión (o Religión).

Hay que asumir que en el mundo espiritual, por mas eterno e ilimitado que sea, como espíritu no nos sentimos parte del todo, pues si fuera así cual sería la razón para encarnarnos en un universo limitado en el cual nos sentimos aislado de todo. Cabe mencionar aquí que hay cierto tipo de apego que va mas allá de lo material, y del cual, normalmente, cuesta mucho más desapegarse que de los apegos materiales. Se trata de la imagen que proyectamos. Si proyectamos una imagen de “doctor” casi nos ofende cuando nos tratan de señor en vez de usar el apelativo “doctor”. Como este objeto de apego no lo “damos” a nadie, no vemos que sea un objeto de apego, y por lo tanto nunca tratamos de desapegarnos de el. Pero al igual que cualquier objeto de apego, nos separa del universo, ya que consideramos iguales solo a aquellos con títulos similares y el resto es diferente. Es posible que una limitación similar a esta sea la que tenemos como espíritu.

En el mundo espiritual, tal ejercicio de fuerza de voluntad no sería posible por la sencilla razón de que no hay límites ni temporales ni físicos para el espíritu, por lo tanto no es posible “ceder” algo a otro espíritu, pues todos los espíritus son igualmente ilimitados. El “sacrificio” solo es posible cuando hay limitaciones físicas. Sin limitaciones no es posible entrenar la fuerza de voluntad.

Para poner un tipo de paralelismo, si ganara un premio consistente en provisión ilimitada de chocolate de una fábrica de chocolate, al cual soy un gran aficionado, no sería ningún sacrificio el convidar un chocolate a la persona amada. Tal vez esta lo disfrute, pero yo mismo no siento que es un acto especial, ya que el chocolate no me cuesta nada, y siempre hay más para mí. En cuanto quiebre esa única fábrica de chocolate, sería un sacrificio cada chocolate que regalo, en la medida en que yo los desee.

Desde este punto de vista se vuelve muy lógico la frase de Cristo: “Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos”. Si somos ricos, es más difícil encontrar cosas que nos cuesten esfuerzo ceder al ser amado (Un magnate puede comprar un collar valorado en 5 millones $ a su esposa y no parece afectarle mayormente) mientras que a una persona con menos recursos, aun un collar de bijouterie significa un esfuerzo. Sin embargo, en ambos casos, tanto para la persona con muchos recursos económicos, como para la que no los tiene, hay un recurso que en mayor o menor medida es igual para ambos: el tiempo. El tiempo que dedicamos a agradar a la persona amada, es un recurso que “sacrificamos” a ella igualmente.

El término “toma de conciencia” en realidad no es el más adecuado, pues hay una cierta inclinación a relacionar la toma de conciencia con saber algo, lo cual en cierto modo limita lo sabido al plano cognitivo, a lo que se sabe. La toma de conciencia a la que me refiero va más allá de este saber cognitivo, y probablemente más allá de cualquier definición de percepción que conozcamos, pues todas estas definiciones están limitadas al universo tal como lo percibimos.

La percepción de la que hablo está precisamente ligada al universo que desconocemos. En cierta forma es como una experiencia en negativo. Me refiero a que al espíritu no se le agrega nada (habíamos dicho que no puede agregársele nada a la perfección). En este caso la experiencia negativa es igual a tallar un diamante; se le sacan partes para hacerlo más valioso. En este caso, a la percepción que tiene nuestro espíritu del universo multiforme se descorren velos y este viene a ser percibido mas como un Universo que como un “Multiverso”.

Hablamos de ser conscientes, de que somos conscientes, etc. En la mayoría de los casos, podemos sustituir las palabras "estar consciente" de por "tomar en cuenta" o "tener en mente". Tener en mente un objeto o una particularidad de una situación dada es relativamente sencillo. En la medida en que aumentan los detalles del objeto a tenerse en mente, la claridad de estos va disminuyendo. Requiere un entrenamiento el poder mantener en mente muchos detalles con precisión, entendiéndose por precisión claridad en las propiedades de un detalle específico y su relación con los demás detalles del objeto en cuestión.

Hay cierta similitud de lo anteriormente dicho y la creación de un programa para computadoras. Aun los mejores programadores, luego de estudiar profundamente un problema necesitan material de ayuda-memoria y mucho tiempo para lograr tener en mente todos los detalles del problema a ser solucionado. Luego de terminado el programa, se da cuenta de que se olvido de tal o cual detalle, y sigue puliendo el programa por meses.

Cuando se trata de un problema contable o de reposición de stock asumimos que la solución solo puede ser creada luego de años de entrenamiento, y aun así requiriendo mucho esfuerzo y ayuda. Pero cuando el objeto a tenerse en mente es nada menos que yo mismo, creo tener derecho a decir que sí, que soy consciente de mí mismo.

El objetivo de mi existencia aquí es conseguir las herramientas que me ayudarán a ser consciente. En este caso podemos utilizar la imagen que nos vamos formando de una habitación a oscuras. Los detalles que queremos tener en mente son los distintos objetos que vamos palpando en una habitación a oscuras, pero eso no nos permite más que tener una vaga idea de cómo es la habitación. Al momento que prendemos la luz, nos “damos cuenta” de cómo es la habitación. En ese momento somos conscientes de ella, cuando vemos todos los detalles, y la relación entre todos ellos nos resulta evidente.

Cuando morimos, lo único que nos “llevamos” es el amor que aprendimos (la conciencia de nuestra unidad y la fuerza de voluntad adquirida en el proceso). Todo lo demás no lo llevamos. Al morir, nos deshacemos de todo el lastre innecesario, y solo nos llevamos el amor. ¿Hay alguna razón especial para tener que esperar hasta morirnos para deshacernos de parte de ese lastre que viene a ser como un ancla en nuestro avance en la vida espiritual? Con lastre me refiero a la tara que supone guardar en nuestro interior los sentimientos negativos que vamos generando durante nuestra vida.

Dice un poeta: “El ahogar las voces que se elevan en tu interior, llenar tu mente de tanto escombro que Dios no halle sitio para entrar en ella, el no dar al Espíritu una oportunidad adecuada, he aquí el pecado contra el Espíritu Santo.”

Ya que necesitamos ciertas “taras” para vivir en el mundo material, por lo menos deshagámonos de las cargas que solo están ahí para hacernos recordar como fuimos víctimas en tal o cual ocasión de tal o cual situación o persona.

Nos apegamos a nuestro sufrimiento, no porque nos guste sufrir, sino porque disfrutamos estar en el papel del mártir. Es decir, a lo que realmente estamos apegados en esta circunstancia es a la imagen que proyectamos. En este caso disfrutamos de proyectar la imagen de víctima, para que los demás nos consideren como seres de una superior capacidad de sacrificio o algo similar. Lo irónico es que a las personas que nos rodean, poco o nada les afecta o importa el hecho de que carguemos una tara negativa, ya que la misma tiene sus propias, y no considera el hecho de cargar las propias menos meritorio a que el otro cargue las suyas. La consideración de los demás en realidad solo viene a ser lo que yo creo que los demás consideran respecto a mí.

Cuando muramos, no vamos a llevarnos ese resentimiento contra el profesor de primer grado que nos puso en ridículo porque fuimos al colegio con el pantalón puesto al revés. Y si no lo vamos a volver a utilizar, para que lo queremos seguir cargando. Y si es verdad con un resentimiento de hace un montón de años, por que no habría de serlo con el resentimiento que nos generó ayer nuestro hermano por x o z motivo. Todos los sentimientos negativos al final entran en la misma categoría: lastre dispensable. ¿Al deshacernos del mismo, cuánto lugar queda para que nuestro espíritu pueda crecer?

En cuanto a las taras que “necesitamos” para vivir en el mundo material, siempre debemos recordar que estas son solo herramientas, y no un objetivo en sí mismas. A medida que evolucionamos espiritualmente, nos vamos dando cuenta de que no eran tan “necesarias” como pensábamos.

En general, las grandes religiones del mundo recomiendan una vida virtuosa para poder llegar a la presencia de Dios. En esencia, esta vida virtuosa no es otra cosa que amar y respetar a todo y todos los que nos rodean. Algunas religiones dicen que el alma queda “limpia” si se arrepiente de su error, y entonces puede reunirse con Dios o comenzar otra vez.

En teoría, esto es verdad, pero el arrepentimiento es solo el principio de la corrección de un error, y no la solución final. Cuando uno tiene una conducta consecuentemente negativa, tomemos a un ladrón profesional como un ejemplo clarificador (igualmente podríamos tomar a una persona que siempre tiene mala voluntad hacia sus semejantes). El borrón y cuenta nueva no funciona.

Como dijimos antes, lo que se busca es cristalizar en nosotros la fuerza de voluntad y la percepción de unidad con el otro. El arrepentimiento en este caso es solo el primer paso de una serie que nos lleva a redimirnos de esa conducta negativa.

Un siguiente paso sería pedir perdón a la persona agraviada (requiere mucha fuerza de voluntad asumir una posición de humildad para pedir perdón a alguien y adicionalmente se crea una re-unión con dicha persona, al desaparecer el apego que nos separaba). De este modo, fabrico un vínculo que antes destruí.

Un siguiente paso, o más bien una serie de pasos, sería mantenerse alejado de esa conducta anterior. Esto también requiere constante fuerza de voluntad y de estar alerta para no caer en el mismo error. En esto se parece al alcohólico: el hecho de que hoy no haya tomado, no lo ha rehabilitado aun. Cada día deberá hacer nuevamente el esfuerzo requerido para no incurrir en una conducta equivocada. Como almas en evolución, cada día debemos estar alertas para no incurrir en conductas que son retroceso en vez de avance.

Como se puede ver, no tiene sentido arrepentirse un domingo y volver a errar el lunes. No funciona el arrepentimiento en el lecho de muerte, ya que es tarde para completar el proceso de corrección. La virtud es una cualidad que debemos practicar para que cristalice. Esta práctica no funciona en forma automática. Debemos estar alertas cada día para practicarla.

El ser virtuoso requiere esfuerzo para ser conscientes de nuestra actitud, y para mantenerla por un sendero previamente diseñado y ese esfuerzo y esa conciencia es lo que se busca ya que acrecienta la fuerza del espíritu para poder desapegarse a su vez en el mundo espiritual.

No basta con pensar en un hecho virtuoso para que esta virtud sea una cualidad cristalizada en nosotros. Como ejemplo, el hecho de que una persona lea en un libro de álgebra avanzada un ejercicio complicado y la solución correspondiente, no lo hace un experto en álgebra. Para esto es necesario que esta persona haya comenzado por los ejercicios básicos. Obviamente, la lectura de los mismos solamente no basta. Es necesario que la misma practique cada tipo de ejercicio hasta que se le vuelvan familiares (diríamos, hasta que cristalicen en él). De este modo va subiendo de niveles de dificultad hasta que logra completar todo el libro, y solo entonces es un experto en álgebra.

En el caso de la virtud, también debe practicársela, para que se vuelva una cualidad nuestra, para que cristalice en nosotros, solo entonces es algo natural en nosotros.

Y así como en el álgebra, en la virtud también hay niveles, y es un ejercicio de toda una vida el ir dominando un nivel y luego otro, etc. ¿Qué tiempo de practicar una virtud tendríamos en el lecho de muerte?

Tampoco son las acciones virtuosas las que nos vuelven virtuosos, sino el espíritu que las guía. Cuando hablamos de amor, hablamos de una cualidad espiritual. El amor es una cualidad espiritual, y el acto de amor hacia nuestro prójimo es solo la revelación superficial de esta cualidad. No es el amor en sí, sino el efecto exterior del amor en nosotros. Lo que deberíamos fomentar en nosotros es la virtud del amor, las acciones virtuosas derivadas de esta virtud son una consecuencia natural del amor interior. Se puede tener una colección de acciones en bien de nuestros semejantes, pero vacías del espíritu del amor. Estas no vuelven virtuoso a su poseedor. Sin amor nada soy, como dice Pablo. Volviendo al álgebra, el lector principiante puede aprender de memoria tres ejercicios (o cien) del último nivel del álgebra, sin por ello ser un experto en álgebra.

En algunas religiones se habla de reencarnaciones. Se menciona como la lógica que cuida el orden de estas reencarnaciones al Karma, (idea de que las acciones de un individuo determinan su destino en cada reencarnación sucesiva).

Lo único que el espíritu no puede aprender como espíritu es el amor (desapego). Para esto necesita encarnarse en un ser físico. Pero el amor no se puede aprender del castigo que uno recibe en el mundo físico. El castigo y sufrimiento que uno recibe son solo efectos secundarios, y no la causa de venir al mundo físico.

Es cierto que con las limitaciones, mayores son los sacrificios que tendrá que hacer un espíritu para satisfacer al ser amado, y por ende mayor el aprendizaje, la cristalización.

Cada espíritu decide en qué circunstancias precisas encarnar, a fin de tener las mejores oportunidades de aprender precisamente lo que requiere aprender.

Es como un ejercicio que hacemos, según una tablilla del entrenador, el cual nos dice que músculo necesitamos entrenar ahora. Esto viene a ser independiente de las experiencias anteriores que se haya tenido, en el sentido de que no son una consecuencia directa de las mismas, sino solamente el complemento a las mismas. De hecho, el aprendizaje de una virtud específica no necesariamente tiene que incluir siempre el mismo conjunto de experiencias. Cada espíritu decide que conjunto de experiencias quiere vivir para un aprendizaje específico.

Los espíritus van tomando las experiencias que precisan en la medida en que estén preparados para tomar esa experiencia. Como analogía, no tendría sentido enviar a un estudiante que terminó el bachiller a tomar un doctorado en alguna materia de la carrera que piensa estudiar. El doctorado viene recién después de que el estudiante este preparado para el mismo.

Por supuesto que queda la pregunta acerca de la justicia. Nos gusta pensar que hay una justicia divina que compense todas las injusticias terrenales. Hablando en un plano espiritual, todos somos igual de perfectos e ilimitados. No puedo imaginarme mayor justicia que esto. Si partimos de la base de que lo único que un alma puede y necesita aprender es el amor, conceptos como la venganza no pueden ser admitidos. Pero cuando hablamos de justicia, nos referimos al castigo que una persona recibe por sus “malas” acciones, lo cual equivale en cierto modo a una “venganza social”. ¿Cuánto del amor aprende la sociedad a través de la “venganza social”? ¿Cuánto del amor habrá aprendido el “ajusticiado” en esa experiencia?

Por otro lado, si tomamos una definición más amplia de la palabra justicia, vemos que dice: dar a cada cual lo que le corresponde. En el caso de una persona que actúa “mal” (una acción que no le permite aprender acerca del amor, básicamente, sería una “mala acción”) recibiría lo que le corresponde en forma automática: no aprendió nada.

Lo que aún queda por explicar es la imagen grande del universo y donde encajamos nosotros en ella. Tomando en cuenta todo lo anteriormente expuesto, podemos decir que la conclusión lógica es que nuestros espíritus individuales evolucionan en su capacidad de percibirse a sí mismos como el Todo (diría normalmente “parte del todo” pero quiero resaltar la unicidad del universo en contraposición con la dualidad a la que da pie utilizar una parte y el todo, como si no fueran lo mismo).

¿Tenemos entonces una "cantidad" de espíritus evolucionando en el tiempo? Este es un error de percepción humana ya que solo nosotros en el mundo físico estamos limitados por el tiempo y solo aquí tenemos la percepción de la multiplicidad. Desde nuestro punto de vista se ve a Dios desde la eternidad en el pasado hasta la eternidad en el futuro y en algún lapso de estas eternidades (puede ser de 1 millón de años o de un billón de billones, da igual) aparecen estos espíritus, evolucionan, llegan a la meta de su evolución (percepción de divinidad) y luego se integran en esa divinidad.

Como dijimos antes, no aparecemos en algún momento, sino que siempre existimos y desde siempre tuvimos la meta de lograr la percepción de nuestra divinidad. La meta en si no la alcanzamos nunca pero sin que esto signifique que no evolucionamos.

Para volver al ejemplo de la célula que desea evolucionar, a medida que se transforma su percepción de ser algo más que una célula, su conciencia pasa de ser la conciencia de una célula a la de un grupo de células, luego es conciencia de ser un hueso, una mano, un brazo, etc. Esto no significa que la célula inicial haya muerto o desaparecido, la misma sigue teniendo conciencia de célula paralelamente a la evolución de la otra conciencia. De hecho, desde el principio no solo existió la conciencia de la célula sino también la del grupo de células, del hueso, de la mano, del brazo, etc. Y todas ellas evolucionaron en su percepción de divinidad, tomando a su vez conciencia de un ente más avanzado, sin que esto signifique que el ente anterior tenga que desaparecer. Esto es difícil de comprender si lo vemos con una óptica individual, pero si lo vemos desde el punto de vista de que somos una única unidad, la idea se torna más accesible.

De este modo vemos que somos espíritus que evolucionamos y al mismo tiempo somos estáticos. La perfección de Dios (en el sentido de su plenitud, de estar completo) consiste en simultáneamente tener todas esas percepciones de sí mismo (célula, grupo de células, hueso, mano, brazo), ya que para él no está una en el pasado y otra en el futuro, una real y otra potencial. Para él, todas son reales simultáneamente. "Evolucionamos” en la medida en que somos capaces de percibir nuestra "celulosidad" paralelamente a nuestra "huesidad", etc. Esto no es más que borrar la barrera que nuestra percepción del tiempo y de la multiplicidad pone a nuestra conciencia.

En relación con cualquier tema que tenga que ver con el espíritu, siempre el factor que más pesa es la fe, sin importar cuán coherente sea el sistema filosófico en el que nos basamos. Esto parece una contradicción. ¿Acaso no sería mucho más fácil el proceso de evolución espiritual si tuviéramos certeza de lo que nos aguarda después de nuestra vida terrena? La respuesta parece ser que no, y está relacionada a los argumentos expuestos anteriormente. Lo que verdaderamente necesitamos es el contrapunto de la fe, que viene a ser la duda. Si tuviéramos la certeza respecto a cualquier filosofía, el libre albedrío quedaría eliminado ya que al haber certeza respecto a un sistema, solamente las indicaciones de ese sistema son factibles de ser tomadas como guía de vida, pues apartarse de ellos significaría, con certeza (con la misma certeza que tenemos de que el sistema filosófico es correcto), perjudicar nuestra evolución espiritual. Toda persona solo quiere lo mejor para sí mismo, y por lo tanto solo podría seguir el camino predeterminado por la filosofía que sigue, aunque esto signifique que tiene que sacrificar su ”parte” del universo físico, etc. Al no haber libre albedrío, pues es un solo camino el que se presenta al individuo, no puede haber un entrenamiento real de la fuerza de voluntad. Al haber certeza de algo todo lo que se haga viene a ser parte de la única vía abierta. Al haber duda, tenemos que decidir, y al decidir dar prioridad a lo que creemos que es correcto por sobre lo que sabemos que queremos es cuando creamos las condiciones necesarias para el entrenamiento que requerimos.

Aquí también es importante acotar que todo lo relacionado a la metafísica, tal cual su nombre lo indica, esta mas allá del plano físico y de los instrumentos de precisión que tenemos para comprobar una u otra teoría. Generalmente todo lo que tenga que ver con la parte subjetiva de nuestro ser no puede ser sometido a pruebas de precisión, y la misma lógica que sirve para resolver problemas de geometría con precisión infalible, en el área metafísica no tiene esa validez por la sencilla razón de que se trabaja en base a premisas de las cuales nunca podemos tener certeza absoluta.



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